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30/08/2007 en 02:07 | Publicado en 08) Archivo: Cátedra Ernesto Che Guevara (1997-98) | Deja un comentario

Cátedra Ernesto Che Guevara – Universidad Nacional de La Plata.
Sábado 6 de septiembre de 1997. 18 hs. Aula 1 del ex Jóckey Club (48 e/6 y 7).
EL CHE Y LA REVOLUCIÓN CUBANA.
Alexis Latendorf, María del Carmen Ariet.

Guillermo Cieza:
Buenas tardes. Iniciamos la segunda clase de la Cátedra Er­nesto Che Guevara. En la clase de la semana pasada tratamos de ubicar al Che en su contexto histórico, sus antecedentes; por eso hablamos de Sandino, de Mariátegui, de la Revolución Bo­li­viana. Hoy vamos a discutir al Che en el marco de la Revolu­ción Cu­bana. Para ello contamos con la presencia de los docen­tes Alexis Latendorf y María del Carmen Ariet.
Como hicimos la semana pasada, vamos a iniciar la clase con un breve recordatorio. Un 6 de septiembre, pero de 1930, un golpe militar derrocaba al gobierno constitucional de Hipó­lito Yrigoyen, iniciando una serie de regímenes de facto y aso­nadas militares que caracterizaron la historia de nuestro país. El 4 de septiembre, pero de 1970, en Chile se imponía la Unidad Popu­lar, que llevaba como presidente a Salvador Allende. El 3 de septiem­bre de 1969 fallecía Ho Chi Minh, héroe indiscutido del pue­blo vietnamita, que en este siglo concretara dos hazañas (…) derro­tando al colonialismo francés y al imperialismo norte­ameri­cano. El 9 de septiembre de 1944 nacía John Lennon, el beatle más fa­moso, músico y pensador de avanzada. Y 22 años des­pués, en 1976, fallecía Mao Tse-tung, líder de la Revolu­ción Popular China.
Vamos a iniciar las exposiciones con alguien que estuvo pre­sente en la primera jornada, un dirigente socialista que co­noció a Guevara y un referente histórico: Alexis Latendorf.

 

Alexis Latendorf:
Bueno, en esta oportunidad yo me voy a referir a la historia de Cuba hasta el 1º de enero de 1959, es decir, hasta el triunfo de la Revolución Cubana. A tal efecto he armado una sinopsis de la historia de la isla, de la cual voy a leer las partes más im­portantes. De todas maneras, voy a dejárselas a los compañeros para que, si lo creen conveniente, la editen.
Estados Unidos descontó siempre que Cuba sería norte­a­me­ri­cana. Desde 1819, año en el cual compró la península de Flo­rida a España, empeñó sus esfuerzos para provocar la emanci­pación de Cuba y Puerto Rico.
Los patriotas cubanos y el Apóstol José Martí tenían muy dis­tin­tas aspiraciones. Este último advirtió claramente la ne­ce­sidad de que la isla fuera libre antes de que Estados Uni­dos hu­biera terminado su pro­ceso interno, y estuviera listo para arre­meter la empresa imperia­lista.
En 1845 se inició en los Estados Unidos un movimiento en pro de la anexión inmediata, y tres años después el emba­jador en Madrid re­cibía instrucciones para la compra di­recta de Cuba.
“En caso de que el ministro español acoja favorable­mente la pro­posición, se suscitará naturalmente la cuestión del im­porte, y esta nota reservada le servirá de autorización para discutir el asunto.
“El Presidente accedería gustoso a una entrega de 100.000.000 de dólares, pero entendiendo que éste es el pre­cio máximo. Si España consiente en la venta, dedique usted todos sus esfuerzos a conseguir el precio más barato que le sea posi­ble”.
Una posterior declaración del Congreso de los Estados Uni­dos aprobó la compra de la isla tan pronto como fuera po­sible.
El estallido de la guerra civil norteamericana paralizó la que se creía inevitable anexión.
Los rebeldes cubanos se levantaron en 1868 por primera vez con­tra España, en una guerra que en el curso de diez años costó a la me­trópoli 80.000 hombres y muchos millones de pe­setas. En 1895 esta­lló una nueva insurrección. Esta vez Esta­dos Uni­dos intervino en forma directa. El embajador ameri­cano en Ma­drid explicó las razo­nes: “El azúcar de Cuba es tan vital para nuestra nación como el trigo y el al­godón de la India y Egipto lo son para la Gran Bretaña”.
La excusa fue dada por una explosión en el crucero Maine surto en La Habana y atribuida a los españoles. Esta­dos Uni­dos de­claró la guerra a España proclamando el de­recho cu­bano a la inde­pendencia. La contienda abarcó el año 1898, y en diciem­bre se firmó el tratado de París por el cual España renunciaba a todos sus dere­chos en Cuba, Puerto Rico y Fili­pinas.
El general John S. Brooke fue nombrado gobernador de la isla. Estados Unidos lograba así su acariciada aspiración. En 1900 sucedió a Brooke el general Leonardo Wood, para quien la mi­sión norteame­ricana consistía en edificar una re­pública anglosa­jona en un país la­tino. Mientras tanto los norteameri­ca­nos proce­derían a pacificar, entre comillas, la isla, utilizando para ello 15 regimien­tos de infantería, uno de in­genieros y cua­tro batallones de artille­ría. Es decir, un ejér­cito más grande que el utilizado en la guerra con España. Pero más numerosos que las fuerzas mili­tares, fueron los aventureros y comercian­tes que llegaban a la isla en sucesi­vas oleadas desde los Esta­dos Unidos.
En febrero de 1901, una Asamblea Constituyente reunida en La Habana, aprobó una Carta y nombró una comisión en­car­gada de ela­borar las bases de las relaciones futuras entre Cuba y los Es­tados Uni­dos.
Sin embargo, los consejeros del presidente McKinley es­ta­ban pre­ocupados por la posibilidad de un gobierno nativo ad­verso a los inte­reses norteamericanos. El Congreso de la na­ción del norte, auto­rizó entonces al presidente para entre­gar a la Isla a su pueblo sólo cuando se estableciera un go­bierno bajo una constitución que debía contener ocho cláu­sulas de­terminadas. Esas cláusulas, apro­badas bajo la inspi­ración del senador Platt, de Connecticut, reci­bieron el nom­bre de En­mienda Platt. La Enmienda Platt sería luego famosa como una de las herramientas imperialistas de la política norte­americana.
La Constituyente cubana se vio ante la alternativa de re­cha­zar la enmienda o continuar indefinidamente bajo la ad­mi­nis­tración militar. El gobierno norteamericano no consi­deraría pa­cificada la isla hasta tanto no se agregara a la Constitución las mencionadas disposiciones. El 12 de junio de 1901, aceptó el ultimátum y dos años después la En­mienda Platt fue también incorporada a un tratado perma­nente en­tre los dos países.
Las cláusulas que se vieron obligados los cubanos a aña­dir a su Constitución, eran las siguientes:
Artículo 1º: El Gobierno de Cuba nunca celebrará con nin­gún poder o poderes extranjeros ningún tratado u otro pacto que menos­cabe o tienda a menoscabar la independen­cia de Cuba, ni en manera alguna autorice o permita a nin­gún poder o poderes ex­tranjeros obte­ner por colonización o para propó­si­tos militares o navales o de otra manera asiento o ju­risdic­ción sobre ninguna porción de dicha isla. Es decir que los nor­tea­mericanos se reservaban solamente para ellos el derecho a co­lonizar a la isla.
Artículo 2º: Dicho Gobierno no sumirá ninguna deuda pú­blica para el pago de cuyos intereses y amortización defi­ni­tiva, después de cubiertos los gastos corrientes del Go­bierno, resul­ten inadecuados los ingresos ordinarios.
Artículo 3º, y éste es el más terrible: El Gobierno de Cuba consiente que los Estados Uni­dos puedan ejercer el derecho de intervenir para la preser­va­ción de la independencia y el soste­nimiento de un gobierno ade­cuado a la pro­tección de la vida, la propiedad y la libertad indi­vidual, y al cum­pli­miento de las obligaciones con respecto a Cuba, impuestas a los Es­ta­dos Unidos por el tratado de París, y que deben ahora ser asumi­das y cumplidas por el Gobierno de Cuba.
Artículo 4º: Todos los actos realizados y tenidos por váli­dos, y todos los derechos legalmente adquiridos a virtud de aquéllos serán mantenidos y protegidos.
Artículo 5º: El Gobierno de Cuba ejecutará y hasta donde fuere necesario ampliará los planes ya proyectados u otros que mutuamente se convengan para el saneamiento de las pobla­cio­nes de la isla, con el fin de evitar la recurrencia de enfer­medades epi­démicas e infecciosas, protegiendo así al pueblo y al comer­cio de Cuba, lo mismo que al comercio y al pueblo de los puer­tos del sur de los Estados Unidos. No fuera cosa que al­guna enfermedad tropical fuera exportada a los Es­tados Unidos.
Artículo 6º: La Isla de Pinos, creo que actualmente se llama Isla de la Juventud, la Isla de Pinos queda omitida de los lími­tes de Cuba, propuestos por la Constitución, deján­dose para un fu­turo tra­tado la fijación de su pertenencia.
Artículo 7º: Para poner en condiciones a los Estados Uni­dos de mantener la independencia de Cuba y proteger al pue­blo de la misma, así como para su propia defensa, el Go­bierno de Cuba ven­derá o arrendará a los Estados Unidos las tierras necesarias para car­boneras o estaciones navales en ciertos puntos determi­na­dos, que se conven­drán con el presidente de los Estados Uni­dos.
Y artículo 8º: El Gobierno de Cuba insertará las anterio­res dis­po­siciones en un Tratado Permanente con los Estados Uni­dos.
El derecho otorgado a los Estados Unidos de intervenir en Cuba cuando creyera que su independencia estaba ame­na­zada, y su inter­pretación de cuáles gobiernos eran ade­cuados para pre­servar la vida y las libertades del pueblo, hacían en la prác­tica desaparecer la sobe­ranía de la isla.
La Enmienda Platt permitió que Estados Unidos, luego de ha­berse retirado de la patria de Martí el 20 de mayo de 1902, vol­viera en dos oportunidades más. El fraude y las re­beliones se apo­yaban en la cláu­sula tercera. Los gobernan­tes que per­mane­cían indebidamente en el poder amenazaban recurrir a la inter­vención norteamericana para mantener un gobierno ade­cuado para la protección de la vida, si al­guna rebelión hacía peligrar su estabi­lidad. Coroneles y generales se sucedieron jugando con la En­mienda, y un presidente so­licitó la in­ter­ven­ción norteame­ricana para sofocar un movi­miento sedicioso con­tra su go­bierno.
En 1905 el primer presidente de Cuba, Tomás Estrada Palma, decide asegurarse su reelección. Lo logra mediante elecciones frau­du­lentas y la expulsión en masa de sus oposi­to­res —los libera­les— de los puestos de gobierno.
Inmediatamente después de la toma de posesión, ocurrida el 20 de mayo de 1906, se forma un comité revolucionario. El 16 de agosto es­talla la sublevación, que adquiere proyeccio­nes im­por­tantes en la pro­vincia de Pinar del Río, acaudillada por el general Faustino Gue­rra.
Estrada Palma solicitó a Teodoro Roosevelt… Teodoro Roo­sevelt fue el que inspirara la famosa “Oda a Roosevelt”, del gran poeta nicaragüense Rubén Darío. Estrada Palma solicitó a Teo­doro Roosevelt el envío de dos bar­cos, uno a La Ha­bana y otro a Cienfuegos. El presidente nor­tea­meri­cano hizo saber al go­bierno de Cuba que intervendría si no se cesa­ban en el acto las hostilidades, llegando a un acuerdo los comba­tien­tes. Para lo­grar ese acuerdo viajaron el senador Taft y el subsecreta­rio de Asuntos Extranjeros Roberto Bacon.
Una vez en Cuba, ambos estadistas realizaron reuniones con hombres de negocios, jefes de partidos y funcionarios de go­bierno.
Quedaron convencidos de la ilegalidad de las elecciones de 1905 y decidieron que los liberales recuperarían los Mu­nici­pios que por de­creto presidencial les habían sido quita­dos. Re­nun­ciarían también los parlamentarios y los gober­nadores de pro­vin­cia. Los delegados norte­americanos no querían en cam­bio que Palma dejara el poder, para no que­brar la continuidad constitu­cional y para no intimidar al ca­pital.
Finalmente, Palma presentó su renuncia y la de los miem­bros de su gabinete, en el Senado. Mientras los liberales de­sea­ban aceptarla, los partidarios del presidente se negaban a ello. A la mañana siguiente de la tumultuosa reunión, Taft se pro­clamó a sí mismo como gober­nador general de Cuba, bajo la autoridad del presidente de los Esta­dos Unidos, en virtud del artículo 3º del apéndice de la Constitución, es de­cir, la En­mienda Platt. A Taft le sucedió Charles a Magoon.
En esta segunda intervención, las tropas norteamericanas permanecieron hasta 1909. Dejaron tras de sí la estela de la corrupción admi­nistrativa y el libertinaje en los gastos públi­cos.
El dedo norteamericano siguió señalando el camino polí­tico de la isla. El presidente José Miguel Gómez (1909-1913) reci­bía instruc­ciones cablegráficas desde Washington, ten­dien­tes a asegu­rar o vetar concesiones, según los interesa­dos en ob­te­nerlas fueran o no compañías norteamericanas.
En 1912 desembarcaron tropas de la marinería nortea­me­ri­cana para proteger las propiedades norteamericanas que cu­brían práctica­mente toda la provincia de Oriente. En esa zona había es­tallado una sublevación. Este desembarco no signifi­caba una nueva intervención, pero indicó clara­mente la dispo­sición esta­dounidense de proteger a cualquier costa los intere­ses de sus inversionistas.
El gobierno norteamericano defendió la administración de Gó­mez y sus más escandalosas concesiones. Sucedió a Gómez el mayor ge­ne­ral Mario G. Menocal, quien para con­tinuar en el po­der recurrió elecciones fraudulentas.
La rebelión liberal contra Menocal, con el ex presidente Gó­mez a la cabeza, no pudo triunfar, pues los Estados Uni­dos hicie­ron saber claramente que apoyaban al gobierno y que ha­cían res­ponsables a los jefes de la revolución de cual­quier per­juicio cau­sado a los extranje­ros.
En 1917 Cuba entra en la primera guerra mundial casi si­multáne­a­mente con los Estados Unidos, y tropas norteame­ri­ca­nas se es­ta­cio­nan en la isla.
La prosperidad azucarera cubana, producto de la post-gue­rra, al­canzó su máximo en mayo de 1920. Después de ese mes co­menzó a declinar el consumo y la caída del precio del azúcar precipitó la crisis. El presidente Menocal, en vísperas de las elecciones, decretó una mo­ratoria de pagos.
Los cubanos advirtieron entonces la precariedad de su sis­tema económico. Desde la instauración de la república la ex­pansión eco­nómica había sido formidable. A fines del siglo pa­sado las inversio­nes de capital norteamericano ascendían a unos 50 millo­nes de dóla­res. Hacia 1915 la cifra era de 200 millones de dólares y años después ascende­ría a 1.500 millo­nes. Pero 1500 millones de hace 60 ó 70 años atrás eran muchí­simo más de lo que es ahora. Pero el capital nor­teameri­cano se había inver­tido en forma principal en la indus­tria azuca­rera. La economía de Cuba se de­sarrollaba en una sola dirección y para peor en manos ex­tranjeras. El 1º de no­viembre de 1920 pre­senta su candidatura para la presi­den­cia Alfredo Zayas, apoyado por los conservadores y un grupo li­be­ral de­nominado Partido Popular y contando con la desem­bozada ayuda de Me­nocal.
Los liberales llevaban como candidato al ex presidente Gó­mez, acompañado por Miguel Arango, director general de la Cuba Cane Sugar Corporation. Llegadas las elecciones, el go­bierno afirmó que Zayas había triunfado, los liberales asegu­raron que el vencedor era Gómez.
¿Qué les parece que ocurre entonces?. Intervienen, tal cual us­tedes lo presienten, Estados Unidos decide intervenir. Los li­bera­les cubanos so­licita­ban que Washington verificase el es­cruti­nio. Pero como en 1899, las verdaderas voces que guia­ban a los intervencionistas, eran las angus­tiadas de los co­mercian­tes y banqueros.
El presidente Wilson envió al general Crowder en una nueva in­tervención que duró tres años. Esta vez el predomi­nio de los in­tereses de Wall Street quedaron definitivamente conso­lidados. Crowder san­cionó las medidas propuestas por el se­na­dor antimenocalista Cosme de la Torriente, para la desapa­ri­ción gradual de la moratoria. Los in­te­reses yanquis solicita­ban esa medida.
Terminado su cometido, Crowder, a pedido de Menocal, se quedó para asesorar a Zayas sobre la aplicación de las leyes de Torriente, confección del presupuesto, reorganiza­ción del ejército y la re­forma de la Constitución.
El régimen corrupto de Zayas dejó paso al del liberal Ma­chado en 1925, empleado de la General Electric Com­pany. En 1908 Gómez lo había nombrado comandante en jefe del ejér­cito y ministro del In­te­rior. Rodeado de matones, en una opor­tuni­dad prendió fuego al edi­ficio de la Audiencia de Santa Clara. En la presidencia haría honor a estos ante­cedentes.
Cuba se ve envuelta en una ola de asesinatos políticos, de­por­ta­ciones, encarcelamientos de obreros y torturas. Se derra­man millones para embellecer La Habana, pero la po­breza cas­tiga el interior de la isla.
Para aquel entonces la hegemonía norteamericana es com­pleta.
Algunas compañías llegaban a dominar el 20% de la ex­ten­sión de una provincia y las policías de los ingenios admi­nistra­ban jus­ticia por su cuenta.
Finalizado su período, Machado lo prorroga, estable­ciendo el continuismo. En 1929 Machado ordena el asesi­nato de Julio An­tonio Mella, líder estudiantil y fundador del Partido Comu­nista. Una ola de terrorismo envuelve La Ha­bana. En los tur­bu­lentos años que van del 30 al 33, la juven­tud entiende que la postración política de la isla tiene raíces profundas. Desean que Cuba se en­cuentre a sí misma, aban­do­nando su dependen­cia de los Estados Unidos.
Los estudiantes libran furiosa lucha contra la dictadura, mu­chos son encarcelados, el camino del destierro se abre para otros y cientos pierden la vida.
En 1931 el general Menocal inició un intento revolucio­na­rio que finalmente fue debelado. El clima de tensión au­mentó.
El presidente Roosevelt envía a Summer Welles a la isla a princi­pios de 1933 para que interponga sus oficios, a fin de so­lucionar la crisis política cubana. El 18 de mayo Welles remite una carta perso­nal al presidente norteamericano, en donde re­sume los puntos de su ac­tuación. Mientras la isla vive presa del terror y los estudiantes caen bajo balas de la dictadura, el en­viado nortea­mericano fija primero su aten­ción en las relacio­nes comerciales entre ambos países. Dice Welles:
La política que pienso seguir es en términos generales la si­guiente: 1º Un continuo trabajo para fijar la atención de la opi­nión pública en Cuba, en su parte que no es solamente polí­tica o sola­mente fanática, sobre los beneficios que ob­tendrá todo el pueblo cu­bano con la conclusión de un nuevo acuerdo comer­cial con los Esta­dos Unidos; 2º Cooperar con el go­bierno de Machado hasta el mo­mento en que pueda re­visarse adecuada­mente la ley electoral, de acuerdo con las re­comen­daciones de un experto americano. Un sín­toma alen­tador, agrega Welles, es la conformidad de Machado con mi sugestión de emplear al profesor Doods, de Princeton, lo más pronto po­sible; 3º La aproba­ción por el Con­greso de reformas ne­cesa­rias; 4º Los áni­mos están tan encona­dos y el estado de agita­ción es tan gene­ral, que me parece que va a ser necesario un cambio de presidente.
(interrupción por problemas de sonido)
Voy a saltear algunos períodos de la historia política cubana para llegar a la dictadura de Fulgencio Batista. Batista fue dic­ta­dor en el gobierno después de un golpe en marzo, el 10 de marzo de 1952. Inició su gobierno anulando la constitución de 1940. Al desprestigio de los gobiernos anteriores agregó nue­vas de­nuncias: violencias, fraudes, robos y drogas.
El 26 de julio de 1953 Fidel Castro junto a estudiantes y militantes or­to­do­xos, dirigió el asalto al cuartel Moncada en Santiago de Cuba, el cual fracasó. Fue entonces condenado a 15 años de prisión, después de pronunciar un alegato en su defensa (La his­toria me absolverá). El in­dulto llegó en 1955 y se exilió en México, en donde fundaría el Mo­vimiento 26 de Ju­lio. Allí co­nocería a Gue­vara quien, al participar del viaje del Granma, se­ría definitiva­mente el Che.
A principios de 1955, Batista declara fuera de ley al co­mu­nismo. Mien­tras tanto, la lista de complots aumentaba.
Voy a referirme al 13 de marzo de 1957, en donde un pu­ñado de civiles, la mayoría de ellos estudiantes universitarios co­mandados por Fauré Chomón Mediavi­lla, atacaron el pa­la­cio presidencial de La Ha­bana con fusiles, pistolas, fusiles ametra­lladoras y granada de mano. Los atacantes lo­graron pe­netrar en el edificio pero fueron finalmente derrotados luego de dos horas de intensa lucha. Echeverría, presidente de la Fe­deración Universitaria, que se encontraba oculto desde el 13 de noviem­bre del año anterior por su participa­ción en un movi­miento se­dicio­so, perdió la vida, luego de haber tomado por asalto Ra­dio Reloj. Con él cayeron mu­chos de sus acompañan­tes.
Poco antes de participar en el ataque, Echeverría —con la co­labo­ración de Joe Westbrook Rosales y Dysis Guira— re­dactó su testa­mento político. A través de la serenidad de sus palabras, se advierte el convencimiento de que la acción no ten­dría éxito, pero que con­move­ría al pueblo de Cuba. No les puedo leer ahora el manifiesto del 13 de marzo, que es una pieza muy emotiva, por razones de tiempo.
Allá comienza la sedición de los estudiantes universitarios en La Habana mientras que Fidel Castro y el Che Guevara avanzan desde Oriente hacia La Habana.
Hacia fines de mayo de 1958 se estimaba en 400 la suma to­tal de re­beldes en la costa norte de Cuba. El gobierno dis­puso la eva­cua­ción de los pobladores de varias zonas de la provincia de Oriente, para someterla a una operación militar en gran escala. Cientos de campesinos se ha­cinaron en los muelles de Santiago de Cuba. Tres puntos de la Sierra Maes­tra fueron bombardea­dos por aviones pero las fuerzas de Fi­del Castro, adoptando la lucha de guerrillas, se transforma­ron en blanco difícil de ubicar.
La guerrilla se fue consolidando políticamente, apoyada desde sus inicios por los estudiantes de La Habana quienes, en­cabezados por Frank Pais —al poco tiempo asesinado— de­sen­cadenaron el terro­rismo.
Mientras Fidel y su hermano Raúl concentraban sus es­fuer­zos en Oriente, ocuparon Santiago de Cuba —la segunda ciu­dad de la re­pú­blica— el 31 de diciembre de 1958.
El comandante Che Guevara y Camilo Cienfuegos habían ini­ciado la ofensiva hacia el oeste logrando apoderarse de Santa Clara. En las primeras horas de enero de 1959 el dic­ta­dor Ba­tista huía hacia Santo Domingo.
El Che diría en marzo de 1965, en carta dirigida al direc­tor del semanario Marcha de Montevideo: “Nuestra libertad y su sos­tén coti­diano tiene color de sangre y están henchidos de sa­crifi­cio”. Sobre esa sangre comenzó a edificarse una nueva so­ciedad a las puertas de Go­liat. Nada más.

 

G. Cieza:
Bueno, voy a presentar a la segunda docente en esta noche, que es la compañera María del Carmen Ariet, que es coordina­dora del archivo personal del Che en La Habana y miembro del equipo de búsqueda y exhumación de los restos del comandante Che Guevara.

 

María del Carmen Ariet:
Yo apenas he llegado a Argentina, como todos ustedes co­no­cen, después del arduo trabajo de un año y medio que el equipo cubano ha desarrollado en la búsqueda y exhumación de los res­tos del Che y de los compañeros combatientes caídos en Bolivia. Con esto quisiera aclarar que mi presencia hoy aquí no es para una conferencia, puesto que prácticamente no he tenido tiempo de ordenar algunas ideas. Pero era un compromiso ine­ludible mi pre­sencia acá en La Plata y en otras Cátedras que han convocado a que estuviéramos presentes, porque me parece que (interrupción del sonido) Bueno, les decía que me parecía impor­tante, tanto en La Plata como en otros lugares, que estu­viéra­mos presentes, y ésta es la razón que aunque yo no tenga una conferencia propia­mente preparada, me parecía importante que antes de mi regreso a Cuba yo tuviera algún contacto con alguna de las Cátedras que yo debía visitar. Por supuesto, estoy dis­puesta mucho más que a hablar a través de una conferencia, a responder preguntas que us­tedes quieran formular.
No voy a continuar de un modo lineal, como el compañero que me antecedió lo expresó, sobre el desarrollo de la Revolu­ción Cubana, porque me parece que es más importante, sobre todo yo que me estoy marchando ya, tratar de comentar con us­tedes algu­nas ideas imprescindibles acerca de la presencia del Che Guevara en la Revolución Cubana, puesto que es posible que yo no tenga la posibilidad de participar en un futuro inme­diato en conferen­cias de Cátedra. Hay un antecedente que me parece muy impor­tante, y que les debe servir de premisa a uste­des pos­teriormente en el desarrollo de la Cátedra, de la presen­cia y el por qué el Che buscó un proceso revolucionario para de­sarro­llar su conciencia primero social y política. Y creo que eso hay que buscar en los antecedentes formativos e históricos no del Che Guevara sino de Ernesto Guevara de la Serna. En su desa­rrollo, que por supuesto tiene previamente una fase forma­tiva y que obedece en primera instancia a su país de origen, Ar­gen­tina, y que después se fue con­formando en la medida en que penetró en la realidad latinoameri­cana con los viajes que desa­rrolla en su etapa de juventud, es lo que hace que este joven Er­nesto Guevara de la Serna primero de­sarrollara una conciencia social que después devendría en una conciencia política, que se derivó en una formación marxista como un proceso inicial de autoperfeccionamiento que él se im­pone, y que, posteriormente, a partir que se involucra en un pro­ceso revolucionario, eso se va haciendo cada vez más completo y acabado hasta llegar a ser lo que fue, ya en el año 65, en que de­cide emprender su misión y gran misión inter­nacionalista, pri­mero a África y después a Bo­livia. Cómo es que se produce todo ese proceso es uno de los interrogantes que creo que es importante responderse a lo largo de todo el ciclo de con­ferencias que se pue­dan dar en la Cáte­dra. Por qué razón, por qué este joven Ernesto Guevara de la Serna cuando está estu­diando medicina tiene la in­quietud bá­sica de conocer de un modo directo la realidad latino­americana. Y aquí hay una ca­racterística muy peculiar de la per­sonalidad de Ernesto Gue­vara de la Serna que se va a solidificar cuando ya se convierta en el Che Guevara, que es la necesidad de un es­tudio teórico, que desde el punto de vista de la filosofía, pri­mero en una con­cepción liberal y después marxista, y a esa unión de la necesidad de lo teórico el Che siempre trató de combinar una experiencia práctica. Este binomio teoría con práctica, de hom­bre teórico como hombre de acción, fue uno de los rasgos más característicos de su personalidad a lo largo de su vida. ¿Cómo lo fue haciendo?. En la medida en que este jo­ven sin­tió la nece­sidad de buscar respuestas en su entorno, no sólo en la reali­dad de su país sino en la realidad del continente latinoa­mericano.
No sé si ustedes tienen preciso que en el año 52 él desarro­lló un primer viaje por América Latina, que desde mi punto de vista es el momento, el hito fundamental en que se produce el salto del desarrollo de la conciencia social de este joven, que inicial­mente va a la búsqueda, con una concepción humanista, de qué es el hombre que lo rodea y cuáles son los problemas que tiene. Cuando él se enfrenta a una realidad desconocida para él, de paí­ses diferentes como el suyo de origen, de Argen­tina, donde están los problemas del indigenismo, donde está la explotación cruenta que existe en todos los países latinoame­ri­canos, aquí empieza el salto de la conciencia social a la con­ciencia política. Y en este viaje, justamente, que se desarrolla en el 52, todavía no graduado de médico, es que a mi modo de ver se produce este salto. ¿Por qué digo esto?. Porque en el se­gundo viaje, que ya está graduado de medicina, en el 53, él cambia la concepción y el itinerario del mismo. En el segundo viaje el propósito fun­damental de Ernesto Guevara de la Serna era conocer un pro­ceso revolucionario. Y él en junio del 53, graduado de médico ya, se decide ir a conocer un proceso revo­lu­cionario en un país muy cercano a la Argentina, que es Boli­via. La primera vez que el Che participa y conoce por primera vez Bolivia, porque no tuvo la oportunidad de hacerlo en el primer viaje. Este proceso revolucionario que conoce en Boli­via, que se había iniciado en el año 52, no fue un proceso que re­almente le corroboró lo que debía ser una verdadera revolu­ción. Él sintió una revolu­ción que cada vez más se entregaba a la posi­ción y política nor­teameri­cana y que estaba perdiendo los valores reales de los pronun­ciamientos iniciales que podían de­venir en una revolución socia­lista. De allí en adelante comienza él un ex­perimento y una fuerza de voluntad constante para tra­tar de cono­cer una postura política clásica y sobre todo mar­xista, porque comienza a estu­diar profundamente el marxismo, a tratar de in­terpretar y de sentirlo como una necesidad plena que los males de América, como él llegó a escribir, sólo se re­solvían a través de una revo­lución.
Y eso hace que cuando salga de Bolivia, en julio del 53, em­pieza un segundo periplo por América Latina, y llega a Guaya­quil con un propósito particular, que es trasladarse de Guayaquil a Guatemala, para conocer también un proceso re­vo­lucionario, que ya se había iniciado con la Revolución Gua­temalteca. Esto es importante tenerlo en cuenta porque hay una carta que le es­cribe a su familia, sobre todo a su mamá, estando en Guayaquil, donde le dice que se piensa trasladar a Guate­mala porque quería con­vertirse en un verdadero revolucionario. ¿Qué era para el Che un verdadero revolucionario?. Por su­puesto, no sólo la mística sino la verdadera participación en un proceso en el que él consideraba que era necesaria su presencia para foguearse desde el punto de vista del desarrollo de su con­ciencia política. Cuando llega a Gua­temala, ya en diciembre del 53, se siente ad­herido por la Re­volución Guatemalteca, e in­cluso lo dejó plas­mado en muchos escritos que dejó, de cartas y también de aná­lisis de la Revolución Guatemalteca, donde ex­presó que consi­deraba que era una verda­dera revolución. Sin embargo, esta Re­volución que él consideró verdadera, también fue derro­cada en junio del 54, con una polí­tica global que per­seguía desde siem­pre el imperialismo nortea­mericano cuando entendía que había procesos revolucionarios ex­cesivamente avanzados, que no era totalmente… no era para nada socialista, pero que sí había im­puesto medidas de radicalización dentro de la política del país. Esta Revolución es derrocada por toda la fuerza del ejército, que incluso rodeaba a Guatemala, y por su­puesto con confabu­lación del gobierno norteamericano, y es lo que hace y explica que el Che llegue a México. Punto impor­tante, y que trasciende, y aquí, porque co­mienza lo que el es vín­culo del Che Guevara con los dirigentes futuros de la Revo­lución Cubana.
¿Qué sucede en Guatemala?. En Guatemala el Che se en­cuen­tra con un grupo de asaltantes del Moncada, el 26 de julio, en Cuba, del año 53, y tiene una estrecha amistad con uno de los asaltantes que se llama Ñico López. También es muy im­portante porque los miembros asal­tantes del Moncada, encabe­zados por Fidel, no pertenecían o no tenían una pertenencia clara en cuanto a su posición polí­tica de marxismo. Se conoce que el Movimiento 26 de Julio era un movimiento heterodoxo, pero que, sin em­bargo, en este Movi­miento 26 de Julio había dos o tres comba­tientes que sí tenían una militancia partidaria, que era el caso del hermano de Fidel, Raúl Castro, que sí perte­necía a la juventud socialista, y ese amigo del Che que hace en Bolivia, que es Ñico López. Im­por­tante porque ya la visión con que el Che se tropieza en México con estos combatientes cuba­nos es diferente, y en­tiende que en el Movimiento 26 de Julio puede haber un verda­dero brote y una ver­dadera raíz para ini­ciar una revolución, como él entendía, ver­dadera.
Cuando llega a México, después del derrocamiento de la Re­volución de Guatemala, primero empieza a hacer… hace al­gunos trabajos de fotógrafo, no había conseguido trabajo como mé­dico, hasta que llega y se consigue un trabajo en el Hospital Ge­neral de México. Estando en el Hospital de México llega Ñico López, su antiguo amigo cubano de Guatemala, con un enfermo, ya de los miembros futuros de la expedición del Granma. En ese momento le presenta a una figura que lo va a relacionar estre­chamente con Fidel, que se llama Raúl Castro. Y a partir de ahí Raúl le explica las características del Movi­miento y le dice que su hermano es­taba llegando, que Fidel to­davía estaba preso en la cárcel de Isla de Pino, como señaló el compañero, la actual Isla de la Juventud.
En ese momento ya comienza, ya cuando Fidel viene a México en el año 56, a producirse una interrelación muy estre­cha en estas figuras que, posteriormente, en un tiempo tuvieron po­sibilidad de valorarse unos a otros. Fidel cuenta ya cuando hace, después del Che muerto, su intervención en la Plaza de la Revo­lución en el año 67, que cuando conoce al Che, el Che era un re­volucionario formado, claro, teniendo en cuenta toda la expe­riencia que había sumado en sus viajes por América La­tina. Pero no sólo la experiencia revolucionaria de lo que puede haber deri­vado del proceso de Bolivia o del proceso de Guate­mala, sino también el estudio del marxismo que seriamente el Che Guevara, o el joven Ernesto todavía, estaba desarrollando, tanto en su pe­riplo por Guatemala como en su estancia en México. Incluso te­nemos nosotros, en el archivo personal del Che, un cuaderno filo­sófico que él estuvo ampliando a lo largo de su etapa de juventud, y que en México es el cierre de una primera etapa, de un ciclo de preparación filosófica, y sobre todo mar­xista, que por su propia cuenta el Che desarrolla. Esto es intere­sante porque, sin duda, con este criterio que yo les es­toy mani­festando de que los miembros del Movimiento 26 de Julio, futu­ros expedicionarios del Granma y dirigentes de la Revolución Cubana, que tenían una conciencia política, pero una conciencia política práctica, no teórica, pero, por supuesto, el Che siempre fue un baluarte considerado como un elemento que tenía una formación teórica y conceptual muy superior a cualquiera de la vanguardia revolucionaria, que era más prác­tica que teórica en aquel momento. Y por supuesto, el Che fue considerado, desde los primeros momentos, e incluso así lo ex­presa Fidel, el puntal necesario que los iba a ayudar dentro del proceso de transfor­mación que posteriormente devendría en la Re­volución Cubana.
A partir de ahí, ya cuando llega Fidel, como expresa el Che, en una noche larga de frío en México, me convertí apenas una hora de haber conversado con Fidel, en futuro expedicionario y médico del Granma. Empieza el entrenamiento de todos los ex­pedicio­narios hasta que se produce el desembarco del Granma, que es el encuentro real del Che Guevara con el pueblo de Cuba y su Revolución, ya en una forma directa y práctica.
No voy a expresar muchos criterios con respecto a la for­ma­ción del Che militar porque, bueno, es bien conocido y no es el punto fundamental que yo quisiera destacar acá. Aunque sin em­bargo, por su­puesto, este joven argentino, que Fidel conside­raba revolucio­nario formado, teniendo en cuenta el momento, la época en que se estaba viviendo, sobre todo integralmente en su forma­ción marxista, además de esas cualidades que le veía Fidel y el resto de la vanguardia revolucionaria cubana, cuando se produce la lucha guerrillera en Cuba también el Che se des­taca por su tác­tica y estrategia militar. Tal es así que inclusive por encima de otros dirigentes históricos de la Revolución Cu­bana que habían par­ticipado del Moncada, que habían partici­pado an­teriormente de luchas revolucionarias, el primer co­mandante de la Sierra Ma­estra no fue un cubano, fue Ernesto Guevara de la Serna, con­ver­tido ya en el Che por sus cualida­des y dotes milita­res. Por­que ha­bía creado ya una columna en un mando único y una in­tegración y una conciencia que, por supuesto, elevaba el nivel del resto de la tropa. Esto hace que Fidel le encargue, en el proceso de la lu­cha revolucionaria, algo que encargó a dos combatientes que se destacaron mucho en la lucha: uno el Che Guevara, y otro Ca­milo Cienfuegos, uno de los combatientes más destacados de la lucha revolucionaria que, lamentable­mente, muere en el año 59. A estos dos guerri­lleros, diríamos los más aguerridos, le encarga Fi­del la orden de invadir la isla para cortar la fuerza militar de la dictadura ba­tistiana y hacerse fuerte, el Che en el centro del país, Camilo continuando a occi­dente, es decir hacia la capital. El desa­rrollo de las acciones combativas del Che en el centro de la isla se co­nocen como la famosa batalla de Santa Clara, bata­lla de Santa Clara que es­trangula a la dictadura y que ya el 31 de di­ciembre de 1958 si no es definitivo y decisivo contribuye en pri­mera ins­tancia al derro­camiento de la dictadura de Batista.
A partir de allí ya comienza un momento diferente y culmi­nante en la vida de este joven, que comenzó siendo un revolu­cio­nario que en la práctica él se impuso una determinada con­ducta, pero ya de pronto deviene en el dirigente de la Revolu­ción Cu­bana. Esto a veces se debate mucho en torno a por qué de pronto si el Che no se conocía en su país de origen como lí­der estudiantil, si no se co­nocía en América como un revolucio­nario acabado, cómo es posible que en tan poco tiempo él fuera capaz de crearse a sí mismo y de formarse a sí mismo para ser integralmente uno de los dirigentes más destacados de la Revo­lución Cubana. Yo pienso lo siguiente, haciendo un poco una síntesis de esta etapa y de todo lo que les he expresado ante­riormente. De todos estos viajes por América Latina, hasta lle­gar a la vinculación con la Revolución Cubana, hay cuatro ele­mentos que me parecen cla­ves y necesarios, y que pienso que pueden posteriormente desa­rro­llarse como temas de Cátedra, que él asume y asimila de su expe­riencia latinoamericana.
Uno, en primer lugar, creo que en sus viajes de América ad­quiere una concepción latinoamericanista que no había tenido en su país de origen. Es decir, él, que se propone estudiar pro­fun­da­mente a la realidad latinoamericana, que se propone vi­virla en toda su magnitud, esto hace que aprehenda de un modo con­ciente todo el entorno y todo lo que estaba sucediendo en el continente con una concepción diferente a la que tenía en su país de origen. Es decir, el concepto latinoamericanista del Che, que posterior­mente al desarrollo de la Revolución Cubana él va a desarrollar profundizándolo ya ampliamente, me parece que el origen fue jus­tamente éste.
Conjuntamente con el latinoamericanismo se desarrolla en él un concepto humanista extraordinariamente amplio. Porque desde los orígenes, una de las cosas que se propone el Che Gue­vara, y así lo deja planteado en algunos artículos de su es­tancia en Amé­rica Latina, es tratar de conocer los males de América, pero con un objetivo claro: tratar de mejorar al hom­bre dentro del contexto social en que vive, y que ese hombre sea capaz, además, de trans­formar su entorno. Ya por supuesto, este con­cepto humanista que lo asimila de la realidad latinoameri­cana se va profundizando en la medida en que el marxismo se va enrai­zando más en el cono­cimiento del mismo, y este hu­manismo, que deviene un huma­nismo filosófico general, de­viene poste­riormente en un huma­nismo marxista que ya lo cul­tiva propia­mente en la Revolución Cubana. Estos dos elemen­tos o rasgos son fundamentales porque devendrán parte del pen­samiento po­lítico y filosófico del Che.
Conjuntamente con estos dos elementos, me parece impres­cindible, también, tener en cuenta que el concepto antiimperia­lista que el Che Guevara va asimilando de toda esta realidad que va conociendo, no es lo mismo el concepto de imperialismo o del gobierno norteamericano que tiene dentro de la realidad ar­gentina que todo lo que él va viviendo a su paso, porque in­cluso hay dife­rencias y graduaciones en la realidad latinoameri­cana. No es lo mismo Perú, porque el problema indigenista, pero no es lo mismo, por ejemplo, Centroamérica, con la explo­tación tan cruel de las bananeras norteamericanas, y él pudo medir dentro de su propio territorio la magnitud de esta explo­tación. Es así que aquí em­pieza a desarrollarse y ampliarse una concepción que en los pri­meros momentos de su vida revolu­cionaria no es­taba clara, es decir, el concepto antiimperialista.
Y por último, creo que hay un cuarto rasgo que él cultiva o desarrolla posteriormente, que es obviamente el marxismo. Todo esto que yo les estoy explicando, que es una concepción tomada de la práctica misma, él sintió la necesidad cada vez más amplia de profundizar en el marxismo. E incluso llega a decir, estando en México, que trataba de estudiar profunda­mente el marxismo por­que él pensaba que la teoría marxista era la única que él entendía que le daba las verdades y las respues­tas nece­sarias para resolver los males de América. Ya esto lo dice el jo­ven Ernesto estando en México en el año 55.
Si ustedes suman estos cuatro elementos que caracterizan ya posteriormente al Che como líder de la Revolución Cubana, la­ti­noamericana, y como líder del siglo XX, por supuesto son ras­gos muy característicos e imprescindibles a la hora de entender lo que era el pensamiento y la vida del Che Guevara.
Triunfada la Revolución, es conocida la enorme cantidad de responsabilidades que se le da al Che Guevara. Por supuesto es lógico, teniendo en cuenta todos estos elementos que yo les es­toy dando, de que no existía una dirigencia teóricamente for­mada. Había un Ejército Rebelde con una conciencia política amplia, con un valor y un heroísmo amplio, pero lo que faltaba era prepa­rar, era un ejército prácticamente de analfabetos, que en la diná­mica de la Revolución poco a poco se fueron alfabeti­zando, pri­mero, y después superándose para llegar a ser los cuadros que to­dos estos años han dirigido la Revolución. El Che, por supuesto, en esta etapa era, sin lugar a dudas, uno de los cuadros fundamen­tales, con to­dos esos componentes que les expreso. Llegó a tener respon­sabilidades tales como presidente del Banco Nacional de Cuba, fue miembro de la dirigencia, pre­sidente de la Junta Cen­tral de Planifi­cación, ministro de In­dus­trias; pero tenía, a su vez, cargos de responsabilidades en la es­tructura del partido, en la po­lítica ex­terior de la Revolución Cu­bana, e incluso cargos milita­res, siempre, hasta la fecha en que estuvo en Cuba, desarrolló la responsabilidad militar de la zona occidental del país. Como uste­des ven, es una actividad multifa­cética. Multifacé­tica como un rasgo que combina y que reitera, ya como expe­riencia acumulada en los años anteriores, en el bi­nomio de la teoría y de la práctica. Si alguien se distin­gue dentro de la Re­volución Cubana y en la dirección misma es el Che Guevara, no sólo por la dinámica de su acción como di­rigente revolu­cionario, sino como el ejercicio mismo de estudiar cada vez más el marxismo para hacerlo más profundo y conso­lidar in­tegral­mente los principios generales de la Revolución Cubana. Éste es el Che, en términos generales y con­ceptual­mente, que está en Cuba del 59 al 65.
Ahora, cómo es que se producen estas diferentes etapas de in­tegración que tiene el Che a la Revolución Cubana. Si lo asimi­lamos a nivel de los cambios o transformaciones que se produ­cen en Cuba, habría que dividirlo en dos momentos fun­damentales. Uno, lo que es del 59 hasta el 61, que es cuando se proclama el carácter socialista de la Revolución Cubana; y otro del 61 al 65, en que el Che, ya dirigente de la revolución socia­lista, desa­rrolla toda una serie de ideas sobre el socialismo que lo distinguen ya no sólo como el líder de la Revolución Cubana sino como el líder in­tegral latinoamericano que deviene líder de la revolución mun­dial. Es decir, esto a mi modo de ver, serían los dos puntos o ras­gos fundamentales para asimilar y medir el pensamiento y la vida de Ernesto Che Guevara dentro del pro­ceso de la Revo­lución Cu­bana.
Sin embargo, hay algo interesante, porque aunque la pe­rio­di­zación que se establece del 59 al 61 es lo que antecede a la revo­lución socialista, dentro de lo que es la dirección de la Re­volu­ción había un grupo de jóvenes radicales que tenían, por su­puesto, una marcada tendencia socialista, o socialistas o marxis­tas como decía Guevara, que independientemente de que, por clasifi­cación, a esta etapa de la Revolución se le llama antiimpe­rialista y democrática, sin embargo había un grupo muy concen­trado de la dirección de la Revolución que actuaba de un modo mucho más radical que un proceso democrático-burgués. Y es precisa­mente el Che y un grupo de revoluciona­rios que centran su actuar político en algo que se llamó la di­rección del INRA, el Instituto Nacional de la Reforma Agraria. Para muchos estudio­sos de la Revolución Cubana se dice que el INRA era un se­gundo poder, como un poder paralelo al go­bierno institucionali­zado por la Re­volución Cubana. ¿Por qué razón?. Porque en el INRA estaba Fidel Castro de presidente de este Instituto, pero además estaban incluidos todos los diri­gen­tes de la Revolución que tenían una postura más radical y que estaban a favor de cambios más pro­fundos en la Revolu­ción Cubana. E incluso es más, es dentro del INRA que los anti­guos miembros del Partido Comunista, que an­tecede en Cuba se llamó Partido Socialista Popular, formaron parte íntegra­mente de este proceso. Es decir que, a la par de que había un movi­miento democrático general para toda la población, este grupo estaba tratando de conformar una conciencia política su­perior y mucho más radical, y creando las bases de lo que pos­terior­mente deviene en sistema socialista en Cuba. Es por eso que ya en el año 61 para muchos no es sor­presa que Fidel, en el mo­mento en que se produce la invasión de Playa Girón promulgue la revolución socialista en Cuba, y no asombra, porque el pue­blo, ya tanto en los discursos de Fidel como en otros líderes, es­taba bien planteado que lo que se que­ría era una revolución radical y que rompiera con todas las tra­bas de la explotación anterior. Es decir, éstas íntegramente son las características de los primeros años de la Revolución Cu­bana.
En aquel momento el Che, primero presidente del Banco Na­cional y posteriormente ministro de Industrias, porque una de las tareas que más se traza la Revolución en ese momento es el desa­rrollo dinámico de la Revolución, y ésa es la razón por la que el Che, así lo entiende la dirección de la Revolución, que debía estar al frente del ministerio más dinámico que debía te­ner la Revolu­ción, que era el de Industrias. En esta etapa el Che no sólo se con­forma con su actividad práctica sino que empieza a profun­dizar en lo que es el socialismo. Y aquí, en este caso, ya también em­pieza a tener su experiencia directa de conoci­miento con los paí­ses socialistas. Incluso él va por primera vez en una delega­ción a la Unión Soviética y recorre algunos de los países socia­listas, al margen de que anteriormente otros viajes que ha­bía hecho a paí­ses tercermundistas, pero que formaban el de­nominado pacto de Bandung, que posteriormente se conver­ti­rían en el Movi­miento de los No Alineados, y que lo hace in­cli­narse a una pos­tura mucho más tercermundista, con una con­cepción socialista. Ya el Che en el año 61 no sólo era el cuadro necesario del socialismo que ne­cesitaba la Revolución en su proceso de transformación sino que tenía miras… puesta su con­cepción en una postura mucho más amplia y más radical, de tra­tar de crear un movimiento no sólo a escala latinoamericana sino a escala tercermundista para lograr establecer un frente amplio contra el imperialismo norte­ameri­cano.
Ahora, conjuntamente con esta realidad, se produce en la Re­vo­lución Cubana y en el propio Che una serie de análisis y cues­tionamientos a partir del año 61, de lo que estaba ocu­rriendo en el mundo socialista. En el Che se produce, primero, un acer­camiento y un entendimiento de lo que para él entendía, pri­mero, qué era el socialismo; después, la práctica de lo que se denominaba socia­lismo real en los países existentes del campo socialista; y otra, cuál debía ser el verdadero socialismo. Por eso el Che ya del 61 al 65, en un tono que realmente considera­ron muchos polémico, se convierte en no tan sólo el práctico re­vo­lucionario sino en el teó­rico del marxismo tercermundista, que es el que conocemos a tra­vés de todos sus artículos y traba­jos. Entonces, en esos años se dedica a una amplia tarea no sólo de ser la cabeza directriz de los cambios y transformaciones eco­nómicas del país sino también de análisis crítico acerca de lo que debía ser el verdadero socialismo.
Yo no voy a extenderme mucho en este tema porque, en reali­dad, otros compañeros vendrán y profundizarán en el mismo, pero como es un tema que nos toca a todos y que en realidad el Che fue el eje central en este proceso, me parece que, por lo menos, algunas ideas quisiera dejar establecidas. En pri­mer lugar, creo que uno de los méritos más grandes que tiene el Che como teórico de la revolución tercermundista y marxista en aquel momento es darse cuenta, que además lo deja bien es­tipu­lado y bien escrito, de que el socialismo estaba perdiendo, el existente, ése que se lla­maba real, uno de los rasgos funda­men­ta­les que el propio Marx describió como un elemento vital para el socialismo. Es decir, que había perdido su concepción plena­mente humanista. Y aquí re­tomo los cuatro rasgos inicia­les que yo había planteado desde jo­ven, es decir, hay una enorme preo­cupación del Che por decir que si el socialismo no sienta sus ba­ses para crear un hombre diferente en un sistema diferente no se puede avanzar. Y él entendía que uno de los problemas más graves que planteaba el socialismo existente es que habían aban­donado el verdadero desarrollo de la conciencia individual y colectiva del hombre en un sistema que devendría diferente y que, de no hacerse así, como él mismo ex­presa, po­drá crearse un sistema de distribución quizá igualitario pero nunca un nuevo sistema. Si no se replantean y reformulan algu­nos criterios de ese socialismo real que existía, difícilmente se pueda llegar al verdadero socialismo. Allí él avanza en algunas definiciones acerca del socialismo. Pero hay algo que es intere­sante porque hay un elemento clave, que él llamaba una especie de motor in­terno que debía tener el individuo, y que él entendía que de no presentarse dentro del proceso de transformación de este hom­bre que requería la nueva sociedad, difícilmente se po­dría avan­zar. Y aquí él plantea que el socialismo está combi­nado con dos elementos claves. Uno, lo que es la base material, la base pro­ductiva necesaria y vital para el desarrollo de la so­ciedad. Pero conjuntamente, y a la par del desarrollo material, había que de­sa­rrollar la conciencia del individuo para crear un nuevo hom­bre. La separación de uno y otro acarrearía proble­mas muy gra­ves al socialismo. ¿Por qué razón él hace esta su­matoria de ele­mentos?. Porque él planteaba lo siguiente: El so­cialismo, tal como él lo veía en su época, reforzaba mucho el concepto pro­ductivo, el concepto material, pero abandonaba el concepto ver­dadero y es­piritual del hombre. Él decía si todos nos con­forma­mos con que este sistema refuerce lo productivo, prácti­camente caemos en una sociedad consumista, que estamos ha­ciendo so­cialdemocracia, que estamos haciendo algo que pa­ra­lelamente puede identificarse con un socialismo pero nunca estamos sen­tando las bases de una construcción nueva y de un nuevo sis­tema. Sólo a través de la continuación de lo espiritual con lo ma­terial, del desarrollo de la conciencia del individuo, es que se podrán sentar las bases para crear un nuevo sistema. Ésta fue la lucha constante que siguió el Che durante todos estos años, del 61 al 65, en que él entiende que, en primer lugar, que la Revo­lución Cubana ya estaba ple­namente consolidada a partir de los principios socialistas que se habían desarrollado en la misma y, en segundo lugar, que había una necesidad real bajo el contexto histórico de la época de desa­rrollar la lucha tercermun­dista para cambiar el entorno de la rea­lidad y forzar, como él dice, las ba­ses de sustentación del impe­rialismo, en el “Mensaje a la Tri­continental”, y hacer un proceso de subversión donde las masas que realmente, el Tercer Mundo, que es subde­sarrollado pero que tiene condiciones reales para transformar y cambiar las es­tructuras mundiales, sentar las bases para esa lu­cha pos­terior.
Esto es lo que hace que el Che decida marcharse de Cuba en el año 65 y comienza ya un nuevo ciclo de su vida, que es la etapa internacionalista, dentro de lo que es la vida y la obra del Che Guevara. El internacionalismo del Che Guevara parte del 65, por no asumir todo lo anterior, primero en su presencia en África, que como ustedes conocen en el 65, en todo el año 65, él desarro­lla una actividad militar en el Congo, que ya no es Zaire pero que fue hasta algún tiempo, ahora lo es otra vez, donde la fuerza revo­lucionaria africana pide colaboración a los dirigentes, sobre todo a Fidel Castro, para que con cuadros mili­tares apoyaran esta lu­cha. Esa estancia de meses en África el Che la desarrolla pero, por supuesto, el movimiento africano no estaba lo suficientemente conformado, y este proceso inicial de revolución en el continente aborta, cuando el Che decide ya en noviembre del 65 retirarse del mismo. Y que está plasmado en un libro que aún es inédito, que se llama Los pasajes de la gue­rra del Congo, que pienso yo que próxi­mamente puede edi­tarse, y donde el Che escribe esta expe­rien­cia del Congo, in­cluso con ideas muy interesantes, porque no sólo analiza la realidad del país que le tocó convivir con ellos, sino también la realidad de África y cuánto se demoraría, según él, la consoli­dación de una lucha que devendría posterior­mente en socialista. Y donde él consideraba que era en América Latina donde esta­ban las bases más seguras para desarrollar, posterior­mente, la revolución so­cialista del Tercer Mundo.
Y es lo que hace que el Che, decida el Che, primero, pensar y replantear una idea que ya había estado estructurada ya desde tiempos muy lejanos, que es el proceso latinoamericano, y de­ci­dirse iniciar la lucha por un país concreto, que él decidió que fuera Bolivia. Que con respecto a esto hay bastantes es­pecula­cio­nes, porque si yo analizo la realidad latinoamericana de la época y las características de los movimientos revolucio­narios en aquel momento, a mi modo de ver el país en el que pensó el Che en su momento determinado y por dónde iniciar la lucha no era preci­samente Bolivia, sino era Perú. Porque en el año 63-64 había condiciones particulares para desarrollar una fuerte lucha revo­lucionaria. Este movimiento, obviamente, no lo continúa y el Che no participa, y no comienza su lucha en Amé­rica Latina por Perú, porque fue un movimiento que abortó por diferentes circunstan­cias: parte de la dirección de la revolución muere en la lucha, otros son apresados y otros, por supuesto, continúan. Pero con la decisión irrevocable del Che Guevara de instrumen­tar una con­cepción de lucha continen­tal y latinoamericana, pen­sando que nunca como antes había en América Latina condicio­nes particula­res y obje­tivas reales para emprender la lucha, es lo que hace que su pro­yecto comienza en Bolivia. Pero no co­mienza en Bolivia como quizás se ha inter­pretado, que si se equivocó de lugar y que si las con­diciones no estaban creadas, sino que Bolivia para el Che era una idea de base de asenta­miento y de preparación previa para los diferen­tes países que conformarían posteriormente la lu­cha continen­tal. Bueno, lle­gado el caso ya es conocida la historia de cómo se produce esta lucha y cómo además le falta un apoyo concreto y específico por parte de las fuerzas revolucionarias in­ternas del país, que se comprometen a ayudarlos y que, sin em­bargo, no lo hacen, y esto explica parte de las circunstancias que se produ­cen en Bo­livia. Llega el año 67, el Che es asesinado y, bueno, hasta ahí se produce o se culmina una de las partes de lo que es el pensa­miento y la acción del Che Guevara.
Bueno, ya han pasado casi 30 años, estamos en un momento en que llegamos a las puertas, y bueno, con una carga muy emo­tiva que tengo por haber participado durante este año y medio en lo que es la búsqueda, llegamos, propiamente, a la bús­queda de los restos del Che después de grandes interrogan­tes. Pero lo más importante, y la lección más grande que me pa­rece que hay que sacar, es que, a pesar de que lo asesinaron, a pesar de todas las contradicciones y de las polémicas en que el Che tuvo que nece­sariamente adentrarse en ellas, lo más impor­tante en el día de hoy no sólo es explicar la formación y el desa­rrollo de un di­rigente que devendrá uno de los dirigentes más claros de Amé­rica Latina, sino sobre la vigencia y la proyec­ción tanto de su fi­gura y de su obra en esta coherencia que lo carac­terizó a lo largo de su vida. Podrán muchos estar de acuerdo o no en el método utilizado por el Che, podrán enten­der que se habrá equivocado o no en algunas cosas, podrán en­tender su mar­xismo más depurado o menos depu­rado, pero lo que sí está claro que esa forma tan coherente de en­trega de vida y obra, ese anhelo por crear un mundo mejor, por transformar un mundo que está viciado y lleno de explotación, y que nos deja una fuerza, y que además nos da la posibilidad de pensar en un fu­turo mejor, éste es el verdadero ejemplo y el le­gado mayor que nos ha dejado el Che. Y creo que la presencia de to­dos ustedes, por supuesto, explica que el Che Guevara, aunque lo asesinaron en el 67, no sólo continúa vivo hoy sino que ade­más continuará presente en la vida de todos nosotros. Muchas gracias.

 

G. Cieza:
Hay una pregunta que dice: ¿Podría explayarse sobre cómo se formó militarmente el Che?.
M. C. Ariet:
Bueno, lamentablemente no puedo explayarme con respecto a cómo se formó el Che militarmente. Yo no soy biógrafa de la vida del Che sino estudiosa, no quiero nunca pensar que soy bió­grafa, porque realmente no es lo más importante desde mi punto de vista y mi inquietud. Sin em­bargo el Che, en los estu­dios que he hecho, aparte de todo el tesón que caracterizó su vida, es una persona que asombra constan­temente, es uno de los rasgos que para mí son más peculia­res de su personalidad. Y te­són es, justa­mente, lo que me parece a mí que hizo que el Che Guevara se convirtiera en todo lo que fue. Esto es uno de todos los rasgos de su personalidad. Tesón cuando desde niño trató siempre de vencer una enfermedad muy cruel que lo acompañó a lo largo de su vida, que fue el asma. Y esto le dio fuerzas y el impulso en determina­das actitudes para tratar de sobrellevar una enfermedad que es in­curable, pero que no lo limitaba, y así lo marca a lo largo de su vida. Y creo que esto es un rasgo im­por­tante, aunque no creo, como han tratado de decir muchos, que muchas de las caracterís­ticas del comportamiento del Che se de­ben a los rasgos de la en­fermedad, pero me parece que es im­por­tante tenerlo en cuenta.
Desde el punto de vista militar, yo no conozco una etapa de formación como la que inició el Che en México, cuando los com­pañeros que se estaban preparando para la expedición del Granma junto con el Che, como miembro de la misma, empeza­ron ese entrenamiento en una finca de un lugar de México. Sa­be­mos, porque tenemos las evaluaciones en Cuba, que desde aquella época el Che se distinguió como un excelente tira­dor que fue des­pués a lo largo de su vida, pero también es­taba re­al­mente con toda esta disposición que él se autoimpuso de im­po­nerse a la en­fermedad, también se caracterizó por una fuerza fí­sica extraordi­naria, comparada incluso con compañeros que no tenían ninguna enfermedad. Ya la capacidad militar del Che prácticamente es asombro para los propios cubanos cuando está en la Sierra Maes­tra, porque táctico y estratega se formó al ca­lor de la lucha misma, y él en la Sierra Maestra, según yo tengo entendido, él comienza a estudiar algunos tratados milita­res, tra­tados militares clásicos como el de Clausewitz, por ejemplo, al­gunas teorías de la guerra de guerrillas, la de Mao Tse-tung, por ejemplo, sobre todo para reforzar los ras­gos de lo que es la lu­cha en el campo. Pero, propiamente, escuela militar que yo co­nozca no la pasó, sino simplemente que toma atributos y cuali­dades que se refuerzan a través de los rasgos generales de su personalidad. Ya después del triunfo de la Revolución siguió en­trenamientos de diferentes tipos como jefe militar, y en razón a lo excelente que era y como uno de los principales baluartes de la defensa de la Revolución en Cuba, y que posteriormente culmina toda esta etapa de prepara­ción y formación cuando se decide emprender su siguiente (etapa).

 

G. Cieza:
Una pregunta para Latendorf: ¿Cuál cree usted que es la di­ferencia y las diferencias del Che con el marxismo-leni­nismo y con el llamado socialismo real?.

 

A. Latendorf:
Bueno, yo creo que la compañera cubana explicó con mu­cha claridad, realmente yo la escuché con mucho agrado. No hay duda de la formación marxista del Che, y creo que tampoco exis­ten dudas sobre cómo luchó para la formación de un socia­lismo en los países del Tercer Mundo, los países subdesarrolla­dos, cómo lo vinculó con su idea del hombre nuevo. Creo que también fue muy claro el Che en cómo veía el desarrollo de los distintos países del llamado socialismo real, es decir, los países vinculados con la Unión Soviética en Europa.
Yo quisiera contarles una brevísima experiencia personal al respecto. Como ustedes saben, creo que fue mencionado acá la clase pasada, yo fui delegado a la Tricontinental de La Habana. La Tricontinental de La Habana se realizó en 1966, y en esa oportunidad tuve larguísimas conversaciones con John William Cooke, lo que puede también responder alguna pregunta que anda por ahí, que no sé si es para mí o para la compañera cu­bana, en la interpretación que tenía o que intentaba tener el Che sobre la situación argentina. Pero en aquel entonces para viajar a Cuba había que recorrer el mundo, es decir, se iba de Buenos Aires a París, de París a Praga y de Praga se iba cruzando el mundo por Irlanda del Norte, Groenlandia, Canadá, y después uno caía en paracaídas en La Habana, era algo más o menos así. Y la vuelta era más o menos similar. Después de haber te­nido la experiencia refrescante de aquella reunión multitudina­ria de los mejores líde­res revolucionarios del mundo, conocer Praga y la situación que vivía Checoslovaquia en ese momento para mí fue un impacto muy grande. Y me pareció muy difícil el desarrollo del socialismo en un país volcado al consumismo, volcado a los peores defectos del capitalismo. Era una de las más bellas ciu­dades del mundo, sin dudas, y de alguna manera cuando en 1966 veía todavía por las calles de Praga circular mujeres con atuen­dos del más fino estilo occidental, pensé que ese socialismo no iba a durar dema­siado. Efectivamente, des­pués del 66 vino la Primavera de Praga, y muchos años después se deshizo la Unión Soviética y los países del mal denominado socialismo o, para mi juicio, mal denomi­nado socialismo real. Es decir que el Che, que conoció primero al mundo subdesa­rrollado y después a los paí­ses del socialismo real, creo que te­nía bastante claro la influencia de la burocracia, la falta de de­cisión de las masas en los asuntos del estado, y eso no significó, de ninguna manera, como parece­ría ser que hubiera acá en la pregunta, diferencias del Che con el marxismo-leninismo. En todo caso eran interpretaciones marxis­tas de la realidad de los países del Tercer Mundo.

 

G. Cieza:
Bueno, con respecto a los papelitos les voy a pedir que pa­ren, porque acá tengo una montaña de papeles y no sé muy bien qué hacer. Tengo dos preguntas. La primera parte de una pre­gunta que dice: ¿Qué contactos tuvo el Che con la Argen­tina?, ¿con quién se relacionó, si lo hizo?. Y ¿Qué lugar ocupó la Argen­tina en la acción revolucionaria del Che?; ¿El Che pensó en la Argentina como un país preparado para un proceso revo­lucio­nario?. En la primera pregunta que mencioné hay otra que tiene que ver con la relación con la Unión Soviética, pero ésa la vamos a juntar con otra que me parece que hace referencia a lo mismo. Entonces, para los dos panelistas, la relación del Che con la Ar­gentina.

 

M. C. Ariet:
Bueno, me imagino yo que en Argentina se relacionó con ar­gen­tinos… No, era una broma. En realidad hay una página que to­davía a mí me queda mucho por estudiar, y no sé si el compa­ñero me podrá ayudar, que es el Che y la relación con los ar­gentinos estando en Cuba. Es bien conocida la relación que mantuvo con William Cooke, y estrecha. Y es interesante por­que cuando el Che se marcha de acá, de Argentina, en el año 53, es un joven que, aunque no tuvo una presencia militante ni se destacó como líder, sin embargo tenía una postura antipero­nista, y así lo man­tuvo a lo largo de mucho tiempo, y que sólo re­flexionó en el pa­pel del peronismo ya estando en Cuba, cuando conoce a figuras peronistas que tienen una postura y una óptica diferente. Y uno de los elementos que él utiliza para explicar esto es precisamente a partir del contacto de la figura de William Cooke y de otros diri­gentes peronistas. Hay una cita muy pe­queña, que yo estoy tra­tando de recordar, en una de las entrevis­tas que él hace, donde él no descarta los valores del pe­ronismo ni mucho menos, pero dice que ya sobre, creo, en el año 63 ó 64, cuando dice yo critiqué siempre el peronismo, sin embargo me parece importante tener en cuenta, y esto lo está diciendo ya el Che como dirigente de la Re­volución Cu­bana y como un marxista, dice es importante tener en cuenta el proceso de masas que desarrolló el peronismo, a pesar del pe­ronismo mismo, que creo que más o menos ésta fue la ex­pre­sión que de­sarrolló. Pero volviendo a William Cooke, y quizás a otros di­rigentes peronis­tas, es interesante porque es William Cooke, y no soy muy es­tudiosa, creo que ésta es una de las la­gu­nas que tengo y que quiero desarrollar, me parece importante te­ner en cuenta una cosa, que es un adelanto en cuanto a la con­cepción y conciencia política y un poco una fusión por en­tender que el peronismo no podía sólo quedarse en un nivel ideológico con una concepción simple, sino tratar de reformu­lar y reforzar los conceptos del pe­ronismo con algunos concep­tos marxistas. Y esto es un intento, y aunque no acabado, pienso yo, que Wi­lliam Cooke y un grupo de peronistas trató de hacer, teniendo en cuenta y poniendo claro también el papel de la lucha de ma­sas en la lu­cha revolu­cionaria.
También en Cuba mantuvo contacto con miembros del Par­tido Comunista argentino y de otras organizaciones que llega­ban a Cuba, porque yo creo, y esto me parece imprescindible seña­larlo aquí, no sólo para la relación del Che con los argenti­nos sino la relación del Che con todos los revolucionarios es, sin duda al­guna, a la hora de valorar o apreciar a un revolucio­nario, si tenía un desarrollo y una formación marxista, por su­puesto era mejor, pero en la concepción del Che no existía una con­cepción de ex­clusión, porque él partía del criterio del ejem­plo que le transmitió la Revolución Cubana. Eso que yo les decía anteriormente: en Cuba ni todos los revolucionarios eran mar­xistas cuando, no sólo triunfa sino cuando se deciden a lu­char, sino que él entendía que el propio proceso de la lucha ha­cía que el individuo se concienti­zara y llegara, a lo mejor, a un nivel en su conciencia diferente al inicio del planteamiento de la lucha revolucionaria.Y eso era para el Che imprescindible. Él decía la propia marcha de la lucha ayu­dará a que los compañe­ros ad­quie­ran conciencia revolucionaria y se elevara cada vez más el nivel hasta llegar algunos a ser marxis­tas, otros a llegar a ser seudo­marxistas, o medio marxistas, y otros que evidente­mente no lle­garán y abandonarán la lucha. Pero en el proceso de decanta­ción, el con­cepto que tenía el Che no es de ex­clusión sino de unidad revo­lucionaria. Y aquí perdónenme, no por aras de ser chauvi­nista ni por pensar que la Revolución Cu­bana es un ejem­plo a seguir en todo, pero sí creo que uno de los elemen­tos más claros que nos ha dejado la Revolución Cubana como ejemplo de revolución, y aquí están la directrices del pensa­miento y las líneas de acción de Fidel, es desarrollar el principio de la uni­dad revolucionaria como un elemento clave para unir no sólo al pueblo sino también a los grupos fundamentales y más comba­ti­vos. Esto es simplemente…

 

G. Cieza:
Alexis.

 

A. Latendorf:
Quiero referirme a la contestación acá de la compañera, in­te­resante contestación de la compañera cubana. Primero, re­cuerdo en este momento la carta del Che Guevara a su madre, después de la caída de Perón, en donde le dice con pena que el resto de Amé­rica Latina era como un grupo de ovejas blancas, y que ha­bía caído la única oveja negra, al referirse a la caída de Perón. En cuanto a… si bien yo comparto la opinión de la com­pañera, yo les sugeriría a ustedes que cuando hable Envar El Kadri, que habla en la clase número 11, el sábado 1º de no­viembre, le hagan esta misma pregunta. Él es un dirigente pe­ronista revoluciona­rio, no sé si lo conocerán, y su opinión es diferente. Él tiene todo un… acaba de viajar a Bolivia y estará haciendo un docu­mental sobre el primer viaje del Che, que quizá la compañera conozca, pero él opina diferente. Él da una interpretación de la posición del Che con respecto al peronismo como, de alguna manera, simpatía al movimiento peronista desde sus orígenes.

 

G. Cieza:
Acá hay una pregunta para la compañera cubana. Dice: Ex­plicar la relación existente entre la concepción del Che y la del PC soviético ruso. Explicar el papel o tipo de relación que mantuvo el Che con el PC boliviano. Y hay una pregunta que se conecta, que dice: ¿No temía el Che en su lucha contra el impe­rialismo norteamericano se cayera en un imperia­lismo sovié­tico? ¿Cuál es su opinión sobre la Unión Sovié­tica?.

 

M. C. Ariet:
Hay varias preguntas con respecto al tema del Che-el mar­xismo, el Partido Comunista de la Unión Soviética, y algunas otras más, pero voy a tratar de englobarlas. Si me falta, vuelven a preguntar. Y para ello creo que lo más importante es respon­derles por el Che mismo. Les voy a leer, precisamente de él, al­gunas ob­servaciones que pronunció el Che estando en el minis­terio de In­dustrias, y que no son muy conocidas porque real­mente no se han publicado ampliamente, son textos de circula­ción limitada, y que tienen que ver con la preocupación ésta que yo les explicaba de lo que el Che revisó del 61 al 65, en cuanto a las críticas propias al socialismo real, y dónde estaba su verda­dera falla. Creo que las propias explicaciones que él da nos pue­den dar la respuesta a todo un sinnúmero de preguntas que to­can este tema, después más o menos trataremos de cerrar. Ésta que les voy a leer, expresada por el Che en el año 64, y justo porque aquí también me preguntan en otras qué pasó con el le­ninismo del Che Guevara, y creo que lo voy a englobar a partir de esta lectura que voy a hacer. Y dice el Che lo si­guiente, en una reunión bimestral del ministerio de In­dustrias: Lo único que existe en estos momentos, a mi modo de ver, es la indica­ción de algunas aclaraciones que se producen, y yo creo que se produ­cen porque la teoría está fallando. Y está fallando la teoría porque se olvidan que existió Marx y toda una época anterior, y se basan nada más que en Lenin, y en una parte de Lenin, se toma una última época y entonces se han to­mado como verda­des cosas que teóricamente no son verda­des y que fueron im­puestas por la práctica, pero que ha­brá que analizar esa prác­tica y estudiar además la eco­nomía po­lítica del período de transición, que es un período nuevo. De todo esto se dan una serie de aberraciones en Yu­goslavia, en Checoslovaquia, como planteó el compañero, en una serie de países, tenemos una serie de países que van cambiando el rumbo hacia una democracia popular, refor­zar el mercado y empezar la ley del valor, refor­zar el estí­mulo material. Todo esto está sucediendo por fallas de prin­cipios que no son sufi­cien­temente analizados. Así pen­saba el Che, y así se agarró la fama de polemista e incluso, para algu­nos, de revisionista, como él expresa en el diario de Bolivia cuando una acusación de un diario húngaro y checo lo acusa­ban de ser un aventurero, de que era ade­más un anarquista. Aquí es­tablece, en esta lectura hay uno de los rasgos que yo señalaba anteriormente, que es la lectura real y conciente que hace el Che en un momento de reflexión de que si no se aban­donaban estas posturas el sistema socialista no iba re­almente a culminar su etapa de desarrollo. Lo importante de aquí es que aunque este­mos de acuerdo con esta cita es que la vigencia que tiene esto ha corroborado, después de más de 20 años, más de 30 años de ser escrita, que el Che tuvo una clari­dad mental su­fi­ciente, a partir de su propia concepción teórica, de interpretar, lamentable­mente, porque creo que no se imaginó lo que iba a ocurrir en la práctica años posteriores.
E incluso nosotros tenemos en el archivo determinados ma­te­riales, todavía inéditos, donde hace críticas más profundas a tra­vés de que él pensaba y quería realizar una especie de ma­nua­les de economía política y de filosofía con lo propio de la reali­dad del Tercer Mundo, que sean marxistas pero que toca­ran los proble­mas de la realidad tercermundista a través de otro enfo­que de la teoría marxista-leninista. Todo esto, por supuesto, él lo dejó in­concluso por la urgencia de la lucha revolucionaria, porque en­tendió en su época y en su momento era tan impor­tante tomar las armas que dedicarse a esto, cuando con el ejem­plo práctico podía concientizar aún más todo este proceso. Pero, sin duda, en el Che estaba presente ya no una crítica sólo, y esto creo que me parece importante también tenerlo en cuenta, porque se estuvo hablando de críticas acerca de la Unión Sovié­tica o de los países socialistas, con esto que les leo creo que hay una trascendencia mayor que es la lección que te­nemos que asumir todos. No se trata sólo ya con la experiencia actual y, lamentablemente, con lo que ha pasado en los países socialistas de la Unión Soviética, a analizar los proble­mas que se generaron internamente, sino que además la proyec­ción que tiene el Che en lanzar una idea mayor de una crítica a una con­cepción global del socialismo. Por qué fue mal y qué problema de independencia relativa tenía ese socialismo que exis­tió y que, lamentablemente, culminó con su desaparición en la ac­tualidad. Podemos estar aquí hablando ejemplos de Checoslo­va­quia, de Polonia, pero, lamentablemente, no es éste el pro­blema de un ejemplo particu­lar y concreto, sino la concepción general como mal necesario o no necesario, perdón, que tenía el socia­lismo que existía y que abortó lo mejor de la concepción del so­cialismo. Eso es lo fun­damental a la hora de analizar esto. Sin duda que hay y hubo discrepancias a la hora de establecer discu­siones internas con el Partido Comunista soviético, yo no las co­nozco en detalle por­que, por supuesto, yo soy investiga­dora, no una funcionaria del partido, pero sin duda que existie­ron. Y exis­tieron, sobre todo, partiendo de esta base, porque el Che fue un crítico muy agudo, de que los elementos claves, como son la ins­trumentación de los estímulos materiales que nada tenían que ver con el socialismo, toda una serie de abe­rraciones, como él llama, y que anunció que era un contraste con lo que verdaderamente podía ser el socialismo.
Pero no sólo, y aquí está el mérito del Che Guevara, sino que no sólo criticó desde la postura de un cubano hacia afuera sino también que criticó lo que estaba ocurriendo en Cuba en un mo­mento determinado. Y les leo lo siguiente, ya de modo gene­ral, cuando él plantea: El socialismo económico sin la moral comu­nista no me interesa. Ésta es una entrevista que le hacen en Argel en el año 63. Marx se preocupaba tanto de los hechos econó­micos como de su traducción en la mente. Él llamaba a esto un hecho de conciencia. Si el comunismo des­cuida los he­chos de conciencia puede ser un método de dis­tribución pero deja de ser una moral revolucionaria. Y cuando se refiere a Cuba dice lo siguiente, vamos a ver si lo en­cuentro, dice, esto fue en un dis­curso del año 61, dice lo si­guiente: Nosotros co­piamos experien­cias de países herma­nos, no sé si ustedes saben que hubo un proceso contra el sec­tarismo y después contra la microfacción de comunistas del an­tiguo Partido Socialista, que tenían una postura muy dogmá­tica, y que incluso hubo un en­frentamiento entre el grupo del Movimiento 26 de Julio y el Partido Socialista Popular, que hizo que se produjera una etapa contra el sectarismo en Cuba, primero en el año 61, y poste­riormente de la microfacción en el año 67. Y esto hace que el Che afirme lo siguiente: Nosotros co­piamos mecánicamente ex­periencias de países hermanos y eso constituyó un error, no muy grave, no de los más graves, pero de un error que frenó el desarrollo espontáneo, el desa­rrollo libre de nuestras fuerzas. A nosotros nos ha fallado un poco la práctica, los conceptos son un poco teóricos, falta el punto del conocimiento real del problema, no sólo es como dicen los li­bros, los libros no pue­den representar la realidad de Cuba, muchos son escritos para otros medios o como sis­tema general de dar conocimiento. Cuba tiene sus peculiari­da­des que son cubanas, debemos aprender también a inves­tigar estas modali­dades de Cuba, al­gunas dadas por el espí­ritu nacional o por las condiciones es­pecíficas en que se ha desa­rrollado nuestra Revolución. Esto es importantísimo te­nerlo en cuenta porque aquí no sólo está la percepción de lo que necesita hacer Cuba para al­canzar un ver­dadero socialismo, sino por la amplitud de miras que expresa el Che en esta cita, que no se trata de que tengamos que copiar al calco el ejemplo de la Re­volución Cubana. El ejemplo de la Re­volución Cubana puede ser un paradigma, y sin duda lo es, que lo fue y lo se­guirá siendo, pero cada país tiene que buscar sus propias raíces, sus propios elementos autóctonos del pasado y en los principios fundamentales del marxismo-leni­nismo, y desa­rrollar por sus propias fuerzas la revolución que a cada país le compete desa­rrollar. Éste es el ejemplo real que nos dejó el Che, ésta es la materia esencial con la que debemos actuar y seguir juntos. Muchas gracias.

 

G. Cieza:
Tengo otra pregunta para la profesora cubana que dice: ¿Cómo concibe al Che, como un hombre de acción o de pen­samiento? ¿Qué caracterizó al Che en su vida familiar, como padre y esposo?.

 

M. C. Ariet:
Bueno, si nos atenemos a lo que yo he explicado el Che tiene una combinación entre hombre de acción y teórico. Si lo juzga­mos ya desde un punto conceptual de una elaboración más aca­bada, por supuesto ni es un filósofo acabado, ni es un econo­mista acabado, ni es un político acabado, ni es un soció­logo acabado. Pero el mérito que tiene que supo integrar en su pen­samiento to­dos estos lineamientos y pudo hacer algo que sin dudas está puesto a prueba, que es un sistema integral de pen­samiento, que yo recomiendo a todos que se lean “El hom­bre y el socialismo en Cuba”, que es una especie de testamento dado para todos los que quieren penetrar en el pensamiento, y lo tomó, a mi modo de ver, como una incitación y una provo­ca­ción. Piensen que lo escribe en marzo del 65, ya vísperas de re­ti­rarse, de marcharse a la luchas internacionalistas por el Congo, y se lo da a un director de una revista uruguaya, la re­vista Mar­cha, para dejar de una vez por todas sintetizado su pensamiento.
Es por eso que yo pienso que aunque no tenemos por qué exigirle al Che que es un gran filósofo, un gran economista o un gran… cualquier de los tipos que existen en las ciencias socia­les, sin em­bargo creo que tuvo el mérito histórico de combinar den­tro de su actuar revolucionario la teoría lo suficientemente am­plia para que lo hiciera no sólo un hombre de acción sino tam­bién un hombre con una integración de una formación teó­rica sufi­ciente para realizar lo que propuso.
Como hombre de familia, en realidad si alguien amó a los ni­ños se llamó Ernesto Che Guevara. Pero no sólo por su fami­lia propia sino que incluso cada vez que salía al exterior siem­pre hay una foto del Che Guevara retratado con los niños. Amó mu­cho a los niños. Y si ése era su sentir, ya como hombre en gene­ral, a su familia la tuvo en el mismo plano, lo que por su­puesto, como él mismo señala, a los revolucionarios muchas veces nues­tros hijos sean más cercanos de los que los cuidan y le dicen pa­dre y sin embargo a nosotros, en ese afán de desarro­llar la revo­lución, qui­zás nos perdemos un acercamiento más directo. Pero que, sin duda, ese lamento por no sentirse total­mente padre por las urgen­cias de la revolución lo lleva a él, en los momentos po­cos que tuvo, a tener un acercamiento muy es­trecho y a dejar un mínimo de recuerdos a todos sus hijos. Aquí les voy a contar una anécdota que me parece que ilustra esto que me están pre­guntando. El Che Guevara antes de marcharse al Congo, sus ni­ños cubanos, porque ya la hija que tuvo con la compañera pe­ruana era más grande, sus niños cubanos eran muy peque­ños. Y antes de marcharse tuvo el cuidado de grabar en un… por su­puesto no existían todavía los ca­setes, sino en cinta de graba­ción, cuentos de su voz para que, cuando los ni­ños crecie­ran un poquito más, la mamá se los pu­siera y pudie­ran recordar su voz y cómo era su papá. Creo que esto distingue las cualida­des hu­manas no sólo generales del Che Guevara sino también en su familia, como esposo o como padre.

 

G. Cieza:
Tengo tres preguntas que hacen un poco a la historia. Una de ellas dice: ¿Cómo se meritúa en Cuba, y sin desmedro de la fi­gura del comandante Guevara, que habiendo coexistido en épocas de la Revolución Cubana movimientos populares que plantearon la lucha urbana se optara por insertar la ex­pansión en la selva y a través del campesinado?. Otra: ¿Cómo era la es­tructura existente en el Movimiento que for­maba junto a Fi­del, Raúl, Camilo, Movimiento 26 de Julio?. Tercera: ¿Por qué no llevó ni Fidel ni el Che la revolución del 26 de julio a Gua­te­mala cuando ésta era grande como revolucionaria para de ahí crecer?.

 

A. Latendorf:
Bueno, acá no entiendo muy bien dice por qué no llevó ni Fi­del ni el Che la revolución del 26 de julio a Guatemala cuando ésta era grande como revolucionaria para de ahí cre­cer, pero la Revolución Guatemalteca es anterior a la Revo­lu­ción Cubana. En todo caso, estarían diciendo que hubiera con­venido que hicie­ran la revolución en Guatemala para des­pués hacerla en Cuba. Realmente tuvieron una relación, tanto Fidel como el Che, impor­tante con Guatemala. Hasta hace po­cos me­ses vivía en La Ha­bana, si no me equivoco, el que fue el último ministro de relacio­nes exteriores de Guatemala, es decir siempre han tenido una acti­tud de gran comprensión de la revo­lución. Pero no entiendo cómo puede pretenderse que alguien intente una revolución previa en Guatemala cuando la Revolu­ción Cu­bana está protagonizada por miles de cubanos, aparte del Che Gue­vara. Lo único que quisiera recordar sobre Guate­mala, y que probablemente sea algo a lo cual haga referencia Envar El Ka­dri cuando hable, es que el gobierno peronista no siguió la po­lítica norteamericana con respecto a Gua­temala. Us­tedes sa­ben que la Revolución Guatemalteca fue ahogada.
Cómo era la estructura existente en el Movimiento… yo siempre pensé que la materia caligrafía tendría que anularse en las escuelas secundarias, pero hoy dudo de esa posición que he tenido… que formaba junto a Fidel, Raúl, Camilo, Movi­miento 26 de Julio. El 26 de Julio fue tomando fuerza, tenía una estruc­tura en la sierra, en el campesinado, y otra estructura urbana. Creo que el Directorio Revolucionario fue perdiendo fuerza y parte de sus militantes, sus cuadros, sobre todo a par­tir del ase­si­nato de muchos de sus dirigentes, pasaron a integrar el 26 de Ju­lio. Por supuesto, existía además el Partido Socia­lista Popular, es decir el Partido Comunista de Cuba, con el cual so­bre todo el Di­rectorio Revolucionario había tenido fuer­tes dife­rencias. Yo no conozco… conozco sí la organización del 26 de Julio en el exilio, porque por razones muy personales me tocó estar en con­tacto con el 26 de Julio exiliado en la Argen­tina, específica­mente en la ciu­dad de Buenos Aires, y conocer un poco, me­diante papeles, la or­den que da Fidel Castro, a to­dos los exilia­dos, de retorno inme­diato a Cuba, a pocos días des­pués del triunfo el 1º de enero del 59.

 

G. Cieza:
¿Vos querías decir algo sobre Guatemala?

 

M. C. Ariet:
Sí, yo estaba buscando porque quería leerles algunas citas que no se conocen mucho, de algunas declaraciones que hizo el Che con respecto al proyecto de Guatemala, y que las mencioné algo, pero con la pregunta que hicieron expresa se refiere a qué se hizo en ese proceso respecto a la Revolución Guatemalteca. El Che es­cribió en alguna carta y en su propio diario algunas co­sas que me parecen importantes tener en cuenta como que es­tuvo interesado al respecto. Escribe lo siguiente: En Gua­temala me perfeccio­naré y lograré lo que me falta para ser un revo­lu­cionario au­téntico. Es decir, con ese concepto él parte para Guatemala. Des­pués cuando está en México, ya con la expe­riencia de lo que ocu­rrió en Guatemala, hace consideraciones, por ejemplo, del Partido Guatemalteco del Trabajo, que era el Partido Comunista, y dice, para ese entonces decide ya que su posición no es de ninguna manera la de un diletanti hablador sino que ha tomado partido decididamente junto al go­bierno de Guatemala y, dentro de él, en el grupo del PGT que es ade­más co­munista. Incluso posterior­mente afirma: Creo que los comu­nis­tas mantuvieron digna su actitud y que tarde o tem­prano es­taré en el Partido. Es la pri­mera cita que yo he encon­trado, que ha escrito, donde él se define que en un momento de­terminado de su vida tendrá una pertenen­cia a un partido co­munista. Y aquí aclaro, con muchas especula­ciones que se han dado, que el Che oficialmente milita por pri­mera vez en un partido comu­nista cuando llega a Cuba y se hace dirigente de la Revolución Cu­bana. Ahora, la apreciación que dio el Che en cuanto a lo que ocurrió en Bolivia, y que tiene que ver con la pregunta que hi­cieron, me parece muy importante tenerla en cuenta porque esto es lo que da contraste verdaderamente con lo que ocurrió en Bo­livia. Y el Che señala lo siguiente: (…) Al produ­cirse el de­rro­camiento del gobierno guatemalteco re­flexiona profunda­mente y llega a la conclusión que la trai­ción sigue siendo pa­trimonio del ejército, y una vez más se juega el afo­rismo que indica la aniquilación del ejército como el verda­dero princi­pio de la democracia. Y señala lo siguiente: Ar­benz, que era el pre­sidente guatemalteco, no pensó, fíjense bien, que un pueblo en armas es un poder in­vencible, y al no entregarle las ar­mas al pueblo la revolución fue derrotada. Esto lo expresa el Che Guevara en el año 55, cuando sale… 54-55, en los escritos que hace posteriormente es­tando en México, de la valoración de la Revolución Guatemal­teca. Ya a partir de aquí él entiende que la Revolución perdió toda su fuerza, que (se) generó un proceso que, prácticamente, era irreversible por la manera en que las fuer­zas opositoras y el im­perialismo cargó todo su ensañamiento den­tro de la pe­queña pobla­ción de Guatemala y la asfixió desde el punto de vista militar, para que nunca más pudieran realmente ampliar su lu­cha, hasta que después con la influencia de la Revo­lución Cu­bana en la década del 60 es que proliferan los grupos de com­batientes revo­lucionarios. Eso fue lo que en su momento ex­presó el Che.
Ahora, hay una serie de preguntas aquí, vamos a ver un poco el tiempo porque si no nos morimos… Yo voy a tratar de ha­cer… a unificar algunas de las preguntas con respecto a la lu­cha ar­mada del Che y… Vamos a terminar de responder primero las preguntas. Aquí hay una pregunta que dice cómo se meri­túa en Cuba, y sin desmedro de la figura del comandante Guevara, que habiendo coexistido en épocas de la Revolu­ción Cubana movimientos populares que plantearon la lucha urbana se op­tara por inser­tar la expansión en la selva y a través del campe­sinado. Y aquí otra que tiene que ver con el Che y Gua­temala, toda una serie de preguntas que se han ido diciendo aquí. Yo en aras de ganar tiempo, porque además me estoy me­tiendo en te­mas de la Cátedra que serán abordados posterior­mente, pero quería tocar algunas cosas imprescindi­bles, porque me parece que nos estamos compli­cando mucho, no fui muy explícita en este tema y toqué sólo Bo­livia de ma­nera pasajera. Hay que pensar lo siguiente: En el “Mensaje a la Tricontinental” el Che es muy claro de que era un momento imprescindible en la realidad continental, e incluso del mundo, la urgencia de la lucha revolu­cionaria, recuerden el uno, dos, tres, muchos Vietnam, porque además no sólo existía la fuerza revoluciona­ria suficiente en América Latina, según en­tiende el Che, sino que había una si­tuación muy peculiar en el mundo, y que era necesario, como él bien lo dice en el “Mensaje a la Tri­continen­tal”, socavar las ba­ses de sustentación del imperia­lismo nortea­mericano. Por su­puesto que ahí hay posibles linea­mientos que han sido analiza­dos, porque hay múltiples trabajos sobre el Che Guevara de cómo establecer la lucha revolucionaria. Ahora, muchos piensan que el Che excluía la lucha urbana y priorizaba la lucha en la selva. Hay que tener en cuenta lo si­guiente: Hay una experiencia directa y práctica, que es la Revo­lución Cubana, que formó parte de la experiencia directa revo­lu­cionaria del Che Guevara y que le sirvió de patrón, pero no quiere decir que dentro del con­cepto de la lucha revolucionaria del Che Guevara estuviera ex­cluida la lucha urbana. Porque si alguien sabía la importancia de la lucha urbana era el Che Gue­vara, porque en Cuba la lucha ur­bana no estuvo excluida, con in­dependencia que se le podría o no haber dado prioridad a la lucha que dieran en el campo. Y eso en el Che Guevara es­taba claro. Lo que pasa que había una necesidad de crear una base, un fortaleci­miento militar, y justa­mente Bolivia lo que significaba era esto, era un campamento de formación, de asen­tamiento de re­volucio­narios a escala conti­nental, para que cada uno en su país, a través de un grupo real­mente formado, pu­diera establecer la lucha ar­mada y revolucio­naria de las carac­terísticas y ne­cesidades acordes con las pecu­liaridades de cada país. Se truncó la lucha, no pudo ser así, co­nocemos bien la his­toria, no quiero repetirlo porque me parece innecesario. Pero la dinámica y la dialéctica revoluciona­ria la tienen que entender de esta manera, e incluso se puede acep­tar que el Che puede haber teo­rizado la lucha en la guerrilla y el campo en detri­mento de la lucha urbana, pero también hay que analizar un con­texto y un momento determinado de la lucha. Y podríamos también plantearlo, porque creo que la Revolución Nicara­güense, en su momento, que desarrolló en un modo inteli­gente, lamentablemente lo que ocurrió después, la lucha urbana, fue un ejemplo claro de que es válida la lucha urbana. Pero en el Che no hay una exclusión, lo que se trata es un problema de prio­ridades, dada la experiencia revolucionaria que tiene y dado el contexto his­tórico del momento en que lucha, que no quiere decir exclusión sino criterios de una urgencia y de una priori­dad. Eso es…

 

G. Cieza:
Bueno, hay una pregunta que se la vamos a dar a Latendorf porque me parece que tiene que ver con la Argentina, creo que es el más indicado para contestar. Dice: En este nuevo orden y en particular en Argentina, ¿cómo se logra a partir de la fi­gura del Che, su pensamiento político y filosófico, homoge­nei­zar una alternativa única con vocación real de poder, an­tiim­peria­lista, con visión de construcción del socialismo, cuando hay falta voluntad de integración de un proyecto único?.

 

A. Latendorf:
Bueno, yo soy partidario de la refundación del socialismo en la república Argentina. Ustedes saben que el Partido Socia­lista fue fundado en 1896, el año anterior ya existía un centro socia­lista en Barracas, es decir fue el primer Partido Socia­lista de América Latina. Y también el primero en América La­tina donde el Partido Comunista se forma como escisión del Partido Socia­lista. Yo milité muchos años en el socialismo, me echaron por una concepción marxista dentro de él, para aban­donarlo ya tam­bién hace muchos años. Pero en este momento estamos tra­ba­jando en un proyecto que significaría la refunda­ción del so­cia­lismo, con la unión de montones de grupos disper­sos. Por su­puesto, están fuera de este proyecto por ineficacias ideológi­cas, entre otras co­sas, el denominado… la denominada Unidad So­cialista o el de­nominado socialismo popular, en donde mili­tan Polino, Bravo, Estévez Boero, La Porta, que es­tán en el Fre­PaSo. En consecuen­cia, la idea mía es, sin perder las indivi­duali­dades de los distintos partidos existentes, movi­mientos o gru­pos, integrar un movi­miento, refundado, a partir de una in­ter­pre­tación de la realidad argentina, una firme posi­ción an­tiim­pe­rialista, y de la recupera­ción, no es el momento de con­versar so­bre el tema, hay una re­vista en la cual yo colaboro que les re­partí algunos ejemplares por ahí, siempre a partir, tam­bién, de rescatar nuestra identidad na­cional y los grandes temas que hi­cieron grandes, también, ideo­lógicamente a la Ar­gentina.
El tema antiimperialista es un tema que estaba prendido en el país. Recuerden ustedes la negativa de Hipólito Yrigoyen, por ejemplo, a saludar a las tropas cuando estaban en Santo Do­mingo, y toda una actitud que llevó a la esperanza sobre el fu­turo argentino, desde José Martí, que fue un amigo de nuestro país, a Rubén Darío, que lo exaltó como alternativa del impe­ria­lismo.
Es decir, habría que… la segunda parte de la pregunta, que la perdí, hacer referencia a la falta de vocación de la izquierda por la unidad. Ustedes saben que para un izquierdista, general­mente, no hay nada peor que otro izquierdista. Ése sería el pri­mer tema a soslayar para esta imprescindible unidad de las iz­quierdas. Pero parto de la necesidad de la refundación del so­cialismo, in­tegrando a todos los grupos y todos los partidos marxistas con vocación de engrandecer, con vocación de poder, también. Nada más.

 

G. Cieza:
Hay algunas preguntas que hacen a la realidad de Cuba ac­tualmente. Una de ellas dice: A la muerte del Che, ¿qué hizo Fi­del para mantener la Revolución?. La otra dice… habla so­bre cómo se aplica y cómo se estudia el marxismo en Cuba ac­tual­mente. Y la tercera habla con respecto de la ley Helms-Bur­ton en el país.

 

M. C. Ariet:
Bueno, un día más podemos estar. Pequeños temas. Yo voy a unir el marxismo de Cuba, qué hizo Fidel para expandir la Re­volución, otra pregunta que me hacen qué significa para la ju­ventud cubana el legado de la figura del Che, voy a ver cómo combinamos para dar una respuesta, el estudio del mar­xismo.
Para la juventud cubana, yo voy a recordar una frase que leí ayer, que me parece importante, porque también ayer estuve con­versando en la Cátedra de la UBA, me parece importante que se tenga en cuenta porque creo que eso en Cuba no se ha perdido, con respecto a los jóvenes. Un día el Che tuvo una conversación con jóvenes comunistas de mi país y les expresó lo siguiente: que siguieran siendo esencialmente humanos, sen­tirse angustiados cuando se asesina a un hombre y sentirse en­tusias­mados cuando en algún rincón del mundo se alza una nueva bandera de libertad. Yo considero, hoy por hoy, que la juventud de mi país, y todas las generaciones que hemos parti­cipado del desarrollo de la Revolu­ción, ése es el espíritu que nos ha carac­terizado, pero no sólo desde un punto de vista teó­rico, y simple, creo que la lealtad de sus principios está presente e inclusive en algo que no se ha ha­blado mucho, que es el prin­cipio internacio­nalista de la Revolu­ción Cubana. No sólo para emprender las armas, como es el caso de Angola, que fueron miles y miles de hom­bres, sino para una misión internaciona­lista de médicos, de ma­estros. En todos los países tercermundis­tas están las huellas de estos jóvenes cubanos que bajo el amor y la formación en la Revolución Cubana han dado lo mejor de sí para dejar las hue­llas enteras de lo que es una verdadera re­volución en el mundo. Creo que nos sentimos muy orgullosos, no sólo de lo que es la generación que precedió a la que existe ahora, desa­rrolló con la Revolución Cubana, sino estos jóvenes que em­prenden en cual­quier lugar (…) una postura neta­mente revolucionaria. Y esta postura netamente revolucionaria es ín­dice de que en Cuba, como bien dijo Fidel en un momento de­terminado, ni se van a bajar las banderas del marxismo, ni se van a romper los bustos de Marx, ni se van a romper los bustos de Lenin, pero no como una entelequia, sino porque además el mar­xismo forma parte de la formación filosófica de todos los jóve­nes y de todos los nive­les de la educación cubana. Ni he­mos abando­nado a Marx, ni hemos abandonado a Lenin, ni vamos a abando­nar la Revolu­ción, ni mucho menos vamos a abandonar ni a Fidel ni al Che. Y éste es el ejemplo que quere­mos dar siempre, porque estamos convencidos que es el camino necesa­rio en Cuba.
Por último quisiera ver… y juro que va a ser mi última res­puesta, porque me dicen podría usted explicar los efectos de la ley Helms-Burton en Cuba. Esto es un tema de toda una no­che, y de muchos días. Yo creo que el profesor me ayuda a dar la res­puesta, y yo voy a ser bastante breve porque él recorrió todos los antecedentes de la historia de Cuba, de lo que signi­ficó la idea del anexionismo desde que antes que nosotros lo­gráramos la indepen­dencia, que está bien ejemplificado en lo que él leyó. Indepen­dencia que fue cercenada, porque cuando nosotros ini­ciamos las luchas patrias y ya concluimos la se­gunda fase de las luchas inde­pendentistas nuestras a las puertas del siglo XX, ya nosotros te­níamos ganada plenamente la gue­rra de independen­cia, y sin em­bargo, por la intromisión nor­te­americana de una in­vasión que nadie le pidió, nos cercenaron la primera indepen­dencia y la pri­mera libertad. Es por eso que in­cluso, y yo re­marco esto de un modo muy importante, que el espíritu antiim­perialista en Cuba no es por las mañas ni el odio que tiene Fidel Castro concentrado contra el imperialismo, como muchos han querido ver. La con­cepción antiimperialista del pueblo cubano está presente desde los orí­genes mismos de la formación de nuestra república, porque nos quisieron, y nos cercenaron nues­tra libertad y nuestra indepen­dencia desde el mismo momento en que surgimos como nación y como repú­blica. No fuimos inde­pendientes hasta que no triunfó la Revo­lución Cubana en el año 59, y el odio imperia­lista, a través de la Enmienda Platt que se­ñaló el profesor, donde además se da­ban el lujo de decir que iban a interve­nir en Cuba cada vez que quisieran y que entendían necesario. Ésa fue Cuba antes del 59. Por lo tanto, lo que ocurre con la ley Helms-Burton es un in­tento de reforzar y de endure­cer una idea muy lejana en la his­toria de Cuba, que después del desarrollo de la revolución so­cialista y de la ruptura del go­bierno nortea­mericano con Cuba, porque Cuba se excedía a todo lo que ellos entendían que de­bían ser los gobier­nos de América, se produce no la ley Helms-Burton, que es el úl­timo engendro, primero el bloqueo, después todo el ensañamiento militar y contrarrevolucionario para de­rrotar de una vez por to­das la Revolución Cubana. El signifi­cado de la ley Helms-Bur­ton es la última expresión para as­fixiar la soberanía y la in­dependencia de un pueblo que lucha cada vez más por encontrar un camino propio, y ser un ejemplo a sí mismo, y conformar una verdadera nación verdaderamente libre y soberana. Ése es el ejemplo de Cuba y eso es lo que la ley Helms-Burton trata de cercenar. ¿Por qué?. Por una sencilla razón. Cuando a mí me preguntan qué es el bloqueo, por qué ese ensañamiento de un país tan grande con­tra Cuba, yo sólo me limito a decir lo si­guiente: porque somos un mal ejemplo. Somos un mal ejemplo porque ese pequeño país, que es una is­lita de 11 millones de habitantes, ha sido capaz, por encima de los índices de grandes países latinoamericanos e in­cluso del primer mundo, de desarro­llar una educación que es ejemplo, de una salud que es ejemplo, de justicia social que es un ejemplo, y de elevar cada vez más la dignidad y soberanía de un pue­blo, sólo en una revolución ver­dadera es que se conquista esto. Ese mal ejemplo de Cuba es el que molesta y molestará a los Esta­dos Unidos, y por eso los ataques que nos seguirán lanzando.

 

G. Cieza:
Nos vamos a juntar la próxima semana para discutir el Che, “Teoría y lucha contra el imperialismo”, y van a estar presentes Gabriel Fernández, Luis Bilbao y Claudia Korol. Los espera­mos a todos ustedes. 

Bibliografía
Revolución Cubana

1- Abel Alexis Latendorf. Cuba. Las víspe­ras. Buenos Aires, 1997.
2- Ernesto Che Guevara. Escritos y Discur­sos. 2. Editorial de Ciencias Socia­les, La Ha­bana, 1985. Prólogo (pp. 1-2). “Una reu­nión decisiva” (pp. 231-237). “La ofensiva final. La batalla de Santa Clara” (pp. 238-252).
3- Ernesto Che Guevara. Escritos y Discur­sos. 4. Editorial de Ciencias Socia­les, La Ha­bana, 1985. “Proyecciones so­ciales del ejército rebelde” (pp. 9-21). “Notas para el estudio de la ideología de la revo­lución cubana” (pp. 201-211).
4- Paco Ignacio Taibo II. Ernesto Gue­vara, también conocido como el Che. Edito­rial Pla­neta. 1996. “El primer día de la Re­volu­ción” (cap. 22). “El largo enero del 59” (cap. 23).
5- Rodolfo Walsh. Prólogo (Marzo de 1969), en: Jorge Ricardo Masetti. Los que lu­chan y los que lloran. Puntosur edito­res.
6- Rodolfo Walsh. “Fidel renuncia, Fi­del se queda”. (1959). En: El violento oficio de escribir. Obra periodística 1953-1977. Ed. Planeta. 1995.
7- Fidel Castro. José Martí. El autor in­telec­tual. Editorial Política, La Habana, 1963. “Segunda Declaración de La Ha­bana” (pp. 117-144).
8- Ernesto Che Guevara. Escritos y Discur­sos. 9. Editorial de Ciencias Socia­les, La Ha­bana, 1985. “Cuba ¿Excepción his­tórica o vanguardia en la lucha contra el Colonia­lismo?” (pp. 21-39). “Carta a Er­nesto Sá­bato” (pp. 375-381).
9- Fidel Castro. “Revolución socia­lista y democrática en Cuba”. Discurso del 16/04/1961. “De Martí a Marx”. Discurso del 02/12/1961.
10- Emilio J. Corbiere. “Pensamiento Crí­tico. Socialismo y revolución en Cuba”. V Simposio Internacional sobre pen­samiento filosófico latinoamericano. Univer­sidad Cen­tral de Las Villas. Cuba.
11- Discurso de Fidel Castro ante los 20 años de la caída en combate del Che Gue­vara. Ediciones 20 Aniversario “El Che vive”.
12- Fernando Martínez Heredia. Rec­tificacio­nes y profundización del so­cia­lismo en Cuba. (pp. 11-50). Dialéc­tica, Colección So­cialismo.
13- Entrevista a Fernando Martínez Heredia. “Cuba: una isla sin burgue­ses”. En De mano en mano, Nº2, julio de 1997.

Los cuadernillos de las desgrabaciones y de los textos que se indican en la bibliografía están disponibles para consulta en la Biblioteca Popular Héctor Germán Oesterheld.

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