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30/08/2007 a las 01:57 | Publicado en 08) Archivo: Cátedra Ernesto Che Guevara (1997-98) | Deja un comentario

Cátedra Ernesto Che Guevara – Universidad Nacional de La Plata.
Sábado 15 de noviembre de 1997. 18 hs. Hall de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (48 e/6 y 7).
EL LEGADO DEL CHE EN LA ACTUALIDAD.
Guillermo Cieza, Vicente Zito Lema, José López Mercao.

Manuel Gaggero:
(Explica las ausencias de Hebe de Bonafini y de un re­pre­sentante del Movimiento Sin Tierra de Brasil).
Están con nosotros José López Mercao, representante del Movimiento Tupamaros, y Guillermo Cieza, coordinador de esta Cátedra. Esperamos también que llegue Vicente Zito Lema. Ésta es la última clase de este período, es la última clase de la Cátedra de este año, por eso tiene un símbolo muy espe­cial porque, ade­más de ser un momento para reflexionar acerca del legado del Che en la actualidad, también va a servir para hacer una especie de balance de lo que ha sido la Cátedra a lo largo de todos los módulos, y además para que ustedes también nos acompañen con sus reflexiones en este balance. Por eso es que al final de la expo­sición de los docentes invitados le vamos a pedir a quien quiera hablar que nos pida la palabra, para decir qué nos pueden aportar para mejorar esta experiencia, sin duda, francamente innovadora de esta Cátedra del pensamiento polí­tico de Ernesto Che Guevara.
Bueno, yo los dejo con Guillermo Cieza, coordinador de esta Cátedra y uno de los que ha sido de los mentores de este proceso. Los dejo con él.
Guillermo Cieza:
Creo que me parece importante empezar diciendo que el le­gado del Che es un renovado desafío. Hace unos años, unos cuan­tos años, para los compañeros de nuestra generación, noso­tros andábamos buscando caminos para luchar contra la explo­tación, contra la miseria, por la liberación del país, y en aquel momento la experiencia cubana y la figura y el ejemplo del Che, la vida y la muerte del Che nos planteó un desafío, un enorme desafío. La experiencia cubana nos estaba planteando (que la posibilidad de construcción del socialismo) no era algo que tendríamos que es­perar muchos años. No eran cosas que pasaban en Europa o en Asia, sino que se podían hacer acá mismo en América Latina, como lo habían hecho los cubanos en las barbas mismas del im­perialismo. El ejemplo del Che nos planteaba, además de la po­sibilidad de construcción del socia­lismo, además de hablarnos del hombre nuevo, nos estaba plan­teando un camino para hacer esa revolución. Y ese camino era el camino de la organización de la lucha armada. Y el Che no nos decía anímense y vayan. Él vino primero, él se arremangó, él fue el primero en ponerle el cuerpo a su decisión. Treinta años después, recuperar al Che significa vol­ver a renovar ese desafío.
Yo me imagino que si el Che estuviera en esta Cátedra, lo primero que plantearía si le daríamos la oportunidad de ce­rrarla, sería decir y bueno, todo eso que hemos aprendido, si algo quedó, para qué lo vamos a utilizar. ¿Lo vamos a utilizar para poner un certificado en una pared, como hacen los aboga­dos o los médicos para impresionar a los clientes; lo vamos a utilizar como infor­mación para acumularlo en la biblioteca de la memoria, y algún día sacarlo a relucir para impresionar a al­guien; o lo vamos a uti­lizar para hacer algo práctico?. Eso creo que es lo primero que nos diría el Che. Porque volver al Che es replantear cuestiones te­óricas pero también vincularlas con el hacer, con el compromiso, con el ponerle cuerpo a las ideas.
Y pensando en hacer qué. Creo que tenemos que hablar claro sobre algunos temas. Por ejemplo, con respecto a la or­ganización de la lucha armada. En aquellos años era un ca­mino. Y fue tan así que los mejores compañeros de mi genera­ción, los mejores escri­tores, los mejores intelectuales, los mejo­res dirigentes obreros, los mejores pensadores, los mejores es­tudiantes, nuestros mejores jó­venes, tomaron ese camino. Pero hoy la lucha armada es un ca­mino incierto. Y esto es a partir de la nueva correlación de fuer­zas que está planteada en el mundo. Y esto no lo digo yo, lo dicen compañeros con autoridad sufi­ciente, como son los compañeros guatemaltecos que, después de pelear 40 años, hoy plantean un repliegue ordenado. Lo di­cen los compañeros del MRTA, que asaltaron la Embajada de Japón planteando la posibilidad de una salida política. Lo dicen los compañeros de las FARC, también con 40 años con las ar­mas en la mano, que priorizan las solucio­nes políticas.
Pensando en hacer qué. También tendríamos que reflexio­nar sobre las posibilidades de hacer revoluciones en lo inme­diato. Hace 20 ó 30 años veíamos a la revolución a la puerta de la es­quina. Y hace unos años, en el año 93, me acuerdo en el Foro de San Pablo, en La Habana, lo escuché decir a Fidel: va a ser difícil que se hagan revoluciones en Latinoamérica, por lo menos en este siglo. Y a lo mejor porque nos vio la cara a todos los que estába­mos ahí dijo completando: y yo de esto de hacer revoluciones algo sé. Creo que estas cosas las tenemos que em­pezar a discutir.
Entonces, creo que el desafío que hoy nos plantea el Che es, en primer lugar, ser herejes del Che, de un Che mitificado. Por­que las revoluciones, y alguien lo planteó desde esta Cátedra, las hi­cieron los grandes herejes. Lenin fue un hereje de Marx conver­tido en religión. Fidel fue un hereje de Lenin momifi­cado. Creo que nosotros tenemos que ser herejes del Che mitifi­cado.
Creo que son tiempos de lucha política, no de lucha armada. Son tiempos en que a lo mejor los objetivos inmediatos, los pro­gramas inmediatos van a tener con reivindicaciones más elemen­tales, reivindicaciones que, a lo mejor, podemos juzgar como de­mocráticas, pero son tiempos que a partir de estas cuestiones que están determinadas por el marco externo no po­demos renunciar ni a la revolución ni al socialismo.
Yo lamento enormemente la ausencia de los compañeros del Movimiento Sin Tierra, que pueden hablar bastante con res­pecto a estas cuestiones. Los compañeros del Movimiento Sin Tierra han demostrado que a lo mejor no se puede tomar in­mediata­mente el poder en Brasil, pero sí se pueden tomar seis millones de hectáreas. Lamento, también, la ausencia de las Madres de Plaza de Mayo, que han podido tomar la Plaza de Mayo desde hace años. Pero volviendo a los compañeros del Movimiento Sin Tie­rra, les decía que no solamente han tomado seis millones de hectá­reas en el marco de reformas o de planteos que podríamos decir hasta reformas burguesas, como es la re­forma agraria, sino que están planteando una construcción con una perspectiva socialista. Entonces, no es más revolucionario el que repite todos los días “socialismo, socialismo”, “revolución, revolución”, sino quien en la práctica cotidiana demuestra que está construyendo con una perspectiva socialista, quien cotidianamente está trabajando por una revolución. Yo creo que, entonces, el problema central de es­tos tiempos, y eso tiene que ver con la herencia del Che, es la construcción de po­der popular. La construcción de dar respuesta a los grandes problemas que tiene la humanidad, a los grandes problemas que tiene nuestro país. Problemas como el hambre, problemas como la miseria, problemas como la exclusión del de­recho elemental de trabajar, problemas como la fragmentación que produce la droga, utilizada como control social, problemas como son los enfrentamientos entre víctimas. En la organización de poder popular, en la actitud cotidiana estamos acercando, es­tamos trabajando desde una perspectiva revolucionaria.
Y en particular, yo quería hablar un poco de los jóvenes que andan buscando al Che. Al Che se lo encuentra, entiendo yo, en el compromiso con el dolor ajeno. Pero, además, un compro­miso con el dolor ajeno que además se completa con la cons­trucción de herramientas para cambiar esta situación. La re­beldía individual es un signo de salud, pero la rebeldía indivi­dual no da ninguna posibilidad de transformación. Eso lo en­tendía el Che. El Che sa­bía que la salida era colectiva. El Che entendía que la gente se cambiaba haciendo cosas con otra gente. El Che creía en la po­sibilidad de forjar en la lucha y con compañeros en colectivos hombres y mujeres nuevas.
Y a veces para descalificarlo se ha dicho que el Che era un romántico. Yo no entraría en ese debate. Yo creo que a lo mejor el Che era romántico porque le gustaban las mujeres, está com­probado. Pero desde el punto de vista político, desde el punto de vista de su construcción, el Che no era un romántico. El Che era absolutamente realista. El Che estaba planteando la posibi­lidad de un hombre nuevo porque él mismo era un hombre nuevo, él mismo se había hecho un hombre nuevo. Quienes lo conocieron cuando inició ese largo viaje por América Latina, gente que lo conoció decía del Che, yo tuve suerte de conocer a gente que lo conocía, decía el Che cuando era pibe era un pe­chito frío. Y ese muchacho, con algunas inquietudes sociales, de una familia aco­modada, de un hogar antiperonista, empieza a caminar Latinoa­mérica, y vuelve muchos años después trans­formado en un revo­lucionario completo que quiere convertir a los Andes en la Sierra Maestra de América Latina. Entonces no estaba hablando de co­sas idealistas, no estaba hablando de co­sas románticas, estaba hablando de realidades. Cuando el Che apostaba a los estímulos morales, cuando decía que el mayor capital de una revolución no eran los tipos que controlaba el partido sino los hombres y las mujeres nuevas que tenían, no eran cuestiones románticas. Se tuvo que caer la Unión Sovié­tica y las construcciones burocráti­cas del socialismo para de­mostrarse que el Che tenía razón, que el gran capital de una re­volución son siempre los hombres y mujeres nuevas, todos aquellos dispuestos a renovar sacrificios, a renovar esfuerzos para que esa revolución no se caiga.
Yo finalmente quisiera terminar con una imagen de Gue­vara acorralado, acorralado por el asma, por los rangers, por el ham­bre, y una decisión de seguir peleando hasta el final. Qué pare­cida esa decisión a la de nuestros compañeros, a los que conoci­mos, a los que fueron contemporáneos. Qué parecida decisión a la de Raúl Sendic, y acá hay un compañero del MLN. Qué parecida a la de Santucho, a la del Negro Sabino Navarro, a la de Norma Arrostito, a la de Raimundo Villaflor, a la del Gordo Enrique Ar­detti, a la de Carlos Olmedo, a la de tantos compañeros de los que tenemos hoy, y que a veces cuando nombramos decimos los 30.000 desaparecidos. Yo creo que ahí también, hablar del Che y del legado del Che y no ha­blar de esos compañeros es una injus­ticia.
Yo finalmente quería cerrar diciendo que ponerle el cuerpo a las ideas, hoy, es comprometerse en la construcción de poder po­pular. Comprometerse en la construcción de perspectivas masi­vas, experimentos sociales de proyección socialista, aquí y ahora, comprometerse con consignas tan simples como que en un país como el nuestro, planteado como un gran productor de alimentos, ningún argentino pase hambre. Comprometerse en consignas tan simples como que a nuestros jóvenes no los sigan haciendo mierda con la droga y con la policía. Yo creo que esos compromi­sos y esas construcciones nos van a acercar a los tiempos de la justicia, que son, además, los tiempos de la me­moria, los tiempos de aquellos compañeros que nos están espe­rando, porque un día nos dijeron el día que ganen acuérdense de nosotros.

 

M. Gaggero:
Bueno, siguiendo el orden de la clase de hoy nos va a hablar Vicente Zito Lema sobre una reflexión del legado del Che, y del Che desde el lugar de la literatura, de la poesía. Nos va a contar de un libro que acaba de editar.

 

Vicente Zito Lema:
Buenas tardes. Es cierto, estoy aquí a partir de que acaba de aparecer mi último libro, que precisamente se llama La palabra en acción de Ernesto Che Guevara. Es un análisis, una inves­ti­gación que yo he hecho tratando de encontrar otro plano en esa enorme cantidad de planos que formaron la realidad de Er­nesto Guevara. Hablo sobre el plano de la literatura y, diría, es­pecífi­camente sobre el plano de la poesía. Porque aunque algu­nos to­davía no lo conozcan, Ernesto Guevara escribía poesía desde muy joven hasta que murió. A tal punto que cuando muere lleva el manuscrito de un poema que había escrito Ne­ruda, Farewell, hasta siempre, y un poema que había escrito él. Y a partir de aquí intentaré reflexionar sobre lo que, en defini­tiva, constituye para mí el fin de lo que he investigado. Y es animarme a decir que la gran construcción de Guevara fue él. Que él logró en una especie de unidad fundante entre ética y es­tética construirse como si fuera su propio padre y su propia madre.
Y a la par de esto, y con el enorme cariño que siento con mi compañero de tantos años, Guillermo Cieza, aquí nos conoce­mos todos de muchos años, y no con ánimo de polémica sino de com­plementar, quisiera referirme a dos conceptos que expuso Gui­llermo y que, de alguna forma, están conectadas con la in­vestiga­ción que terminó en mi libro. Uno es el tema del roman­ticismo en Guevara. Porque si yo les cuento que lo que quiero demostrar es que quizá, por sobre todo, Ernesto Guevara fue un poeta, la revi­sión directa al romanticismo se torna insosla­yable para todos. Y aquí también quisiera entonces, y sin ánimo de convertir esto en lo que es mi clase aquí en la Universidad de La Plata sobre ética y estética, sino simplemente con toda fra­ternidad, de compartir una inquietud que siempre me despertó: por un lado, lo que está detrás del término poesía, por otra parte, lo que está detrás del término romanticismo y, por otra parte, lo que podríamos llamar qué fue para Guevara la lucha armada, qué tipo de acción implica ello.
Desde la poesía yo creo que, tras haber trabajado 30 años en la poesía y de haber sido gran amigo de poetas, como por ejemplo Francisco Urondo, muerto en combate, creo que la po­esía no se puede signar ni mucho ni poco sino por entero a un instrumento que existe en función de fundar la vida, de trans­formar la vida, de crear la vida, por qué no decirlo, un poco más bella, un poco más armoniosa y un poco más justa. Si tiene sentido el sacrificio de tantos de nuestros compañeros, en el que incluyo el de Guevara, que para nuestra generación fue el her­mano mayor, no ningún hé­roe ni ningún mito, el hermano ma­yor, yo creo que precisamente está ahí detrás. Lo escribió el propio Guevara. Los revoluciona­rios, dice él, nos movemos por el amor. El amor es el móvil del que quiere construir el hombre nuevo, del que quiere destruir esta sociedad y construir una so­ciedad realmente más humana. Y Guevara nos decía, incluso, no tengamos vergüenza de nuestro amor. ¿Hay detrás de ahí lo que podemos entender como una idea romántica?. Con toda se­guridad que sí. Pero no la deformación de lo que es el romanti­cismo, sino lo que es el romanticismo.
Ese gran compañero que fue Julio Cortázar, una vez en un discurso pronunciado ante los compañeros en Nicaragua, en plena etapa de la lucha, dijo nos corresponde a todos, y es una obliga­ción ineludible de todo aquel que escribe, tratar de resca­tar el sentido originario de las palabras. Entre otras cosas, este capita­lismo inhumano nos robó el sentido de muchas palabras. El que está hablando ahora es Vicente. Pienso, por ejemplo, en la palabra paraíso. Ustedes saben que, tal vez, el peor penal que se conoció en América Latina es el penal que existió en Para­guay, donde li­teralmente eran muertos en vida los compañeros políticos que se oponían al régimen de Stroessner. El penal se llamaba Paraíso. Los compañeros uruguayos saben que allí donde se martirizó a una enorme cantidad de militantes del pueblo, la cárcel tenía por nombre Libertad.
Yo me atrevo a defender la palabra romanticismo. En prin­ci­pio nos remite a una concepción hegeliana. En un momento dado Hegel disputa a la razón como única posibilidad de enten­der el mundo. Hay una idea de considerar al romanticismo como ligado a la irracionalidad, y como considerar a la razón la única manera de entender y transformar el mundo. Si eso fuera así, pobre razón, porque el capitalismo se funda en la razón. Las bombas que des­truyeron la humanidad, parte de ella, pero al destruir una parte destruyen todo, fueron construidas y lan­zadas en nombre de la ra­zón. Cada guerra apela a la razón, cada dolor que un hombre provoca sobre otro hombre apela a la razón, apela a los instru­mentos de la razón, a las leyes, a la se­guridad nacional, a la pro­piedad privada, todo está edificado desde la razón. Cuando Hegel le disputa a la razón lo que trata de integrar desde el romanti­cismo es esa parte que, incluso, es casi como, diría yo, la razón de ser del capitalismo, destruir nuestro deseo, destruir nuestra imagi­nación, destruir nuestra voluntad de soñar, destruir la capacidad de los hombres de ge­nerar utopías. Y si no de dónde viene sino del más hermoso concepto romántico esa idea de Guevara de que si las condicio­nes objetivas no estaban claras para producir la re­volución ha­bía que generarlas desde la subjetividad. El deseo ayuda a en­tender y a transformar el mundo. La sensibilidad y la emoción también. No abjuremos de nuestra mejor parte, no nos dejemos castrar. Si vamos a construir una sociedad no va a ser para re­petir la parábola de Hegel entre el sirviente y el amo. No se trata de amos que vayan como esclavos y esclavos como amos. De lo que se trata es de construir una sociedad donde, por al­guna vez, y tenemos derecho a soñarlo, el hombre deje de ser el lobo del otro hombre. No se trata de repetir las equivocaciones de nuestra generación. Las armas del dominador no son las buenas armas del liberador. Las armas del que tortura no son las buenas armas para construir una sociedad mejor y ese nuevo hombre por quien soñó Guevara, por quien peleó Guevara. Con todo amor hacia Guillermo, yo me opongo a entregar el roman­ticismo al capitalismo. El romanticismo también será parte de los sueños de esa sociedad socialista que algún día vamos a construir entre to­dos.
Y volviendo al Che. El tema es largo, y no puedo abusar del espacio que los compañeros me conceden. Pero si yo tuviera que sintetizar mi trabajo diría que descubrí que hay como tres zonas fundamentales en la relación de Guevara con la litera­tura. Una es lo que Guevara leyó. Y aquí creo que hay que te­ner, diría yo, el cuidado de volver a leerlo a Guevara con de­tención. Porque Gue­vara es un lector muy especial, es uno de esos lectores dinámicos de los que hablaba precisamente Cortá­zar. Cortázar dividía los lectores en pasivos y activos, y activos eran aquellos capaces, di­ría yo, de volver a transitar desde la subjetividad del lector el camino de creatividad del escritor. Es decir, no leer para acumu­lar un conocimiento sino leer para ser capaces de convertir esa lectura en fuente de nuestra acción.
Porque esto también tiene que ver con lo que podríamos lla­mar las matrices de aprendizaje. Y aquí sí que coincido abso­lu­tamente con Guillermo. No se trata de saber más sobre el Che. En realidad, creo yo que a esta altura de la vida no se sabe, no es im­portante saber nada de nada, porque tal como se está manejando el hombre en la humanidad, tanto como ustedes se malforman en esta universidad, el conocimiento adquirido con esta matriz de educación capitalista no sirve realmente para los que queremos construir el socialismo. Tenemos que ser ca­paces de, entre otras cosas, de animarnos a fundar una estética, y también de animar­nos a fundar una epistemología, una teoría del conocimiento. Y la teoría del conocimiento en el capita­lismo, que burdamente repe­timos en esta universidad y que in­cluso los profesores que esta­mos en esta universidad nos cuesta desde nuestro pequeño espacio animarnos a impugnar, y que sería bueno que los compañeros es­tudiantes se animaran a im­pugnar, es que este conocimiento sólo sirve para reproducir esta sociedad perversa de la que somos parte. Tenemos que cons­truir una nueva estética y una nueva epistemología. Y esa epis­temología, en mi entender, si realmente queremos cambiar las cosas, debe partir por cosas que lo constru­yeron a Guevara. Y que sintetizo así. No despreciar sino revalorar absolutamente la praxis de cada uno, cada uno sabe por expe­riencia de vida, desde ahí se funda el conocimiento. La segunda etapa sí sería lo que hoy por hoy se hace, conceptualizar. Pero no conceptuali­zar en abstracto sino en relación concreta a la expe­riencia de vida de la gente, y de nuestro pueblo en su conjunto. Y tercero, fundamental, ese conocimiento no sirve para un carajo si no se lo legitima desde una ética que, en definitiva, es convertir el conocimiento en instrumento de cambio de la sociedad. Todo lo que vayamos a conocer debe estar legitimado por nuestra vo­lun­tad de cambio y por la posibilidad de que ese conocimiento sea un conocimiento científico, sea un conocimiento artístico, porque el arte es también capaz de producir conocimiento, se legitime desde la posibilidad real de instrumentarlo en la pro­ducción de una nueva manera de vida, que implica una nueva manera de trabajar, una nueva manera de distribuir lo que deje el trabajo, una nueva manera de legitimar las instituciones, de legitimar el mundo, de legitimar la belleza. De eso se trata cuando hablamos de fundar una nueva estética y una nueva epistemología. Y de eso se trata cuando digo que el Che era ob­sesivo, era absolutamente capaz de abrirse cien por cien a la lectura, al conocimiento en general, para luego convertir ese conocimiento en la fundación de su propio ser y en la fundación de él en el ser social.
Y tanto es así que, esto cuesta creerlo, pero el Che se abre a la revolución desde un primer espacio, el de la transgresión. Y ese primer espacio de transgresión se funda en él desde muy jo­ven. No tendría más de ocho, nueve años, cuando a través de su madre aprende la lengua francesa, y se inicia en el mundo de la poesía abriendo las bellísimas páginas escritas por tres poetas fundamen­tales franceses: Baudelaire, Rimbaud, Lautréamont. No tengamos miedo de ellos, fueron tres impugnadores de su sociedad y de su suciedad, fueron tres impugnadores del orden racional de su época, fueron tres impugnadores del capitalismo. No vieron el camino de la revolución, pero sí tuvieron con­ciencia de que ese camino de la revolución no puede hacerse repitiendo los modelos, la conducta, la manera de relacionarse con el mundo al que da lu­gar el capitalismo. Baudelaire im­pugna las leyes, la moral hipó­crita, la sexualidad que no sirve para fundar el verdadero amor. Rimbaud tiene conciencia de que con el capitalismo no hay po­sibilidad de un ser poético, y al hablar de un ser poético él habla esencialmente de un ser libre. Y Lautréamont, que nació acá en­frente, en Montevideo, y que recién a los 15 años se va a Francia y funda el libro, diría yo, más importante de los dos últimos si­glos, Los cantos de Mal­doror que, en definitiva, esos cantos son el ataque más grande que ningún escritor haya hecho a la manera de vivir en el capi­talismo, a esta manera perversa por naturaleza en que nos es dado vivir. Y como si fuera poco, Lautréamont muere con las armas en la mano, combatiendo en la Comuna de París. No se inicia mal el compañero Guevara leyendo. Y des­pués, claro que va a leer otras cosas. Y me parece bien, porque no creo en los dioses fuera de los hombres. Y me parece fantástico que de mu­chacho leyera las cosas que toda nuestra generación leyó. Julio Verne, Los tres mosqueteros y, básicamente, alguien que a él lo movilizó muchísimo que es Jack London. Sí, el autor de Colmillo blanco. Y lo moviliza tanto, lo moviliza y le funda el espíritu de aventura porque ¿por qué no decirlo?, el Che es un aventurero. Y otra palabra a disputar, ¿o acaso está mal la aven­tura?. Qué es la vida sino una profunda aventura para vivir cada día como si fuera el último, con la ilusión de que ese úl­timo día nos sorprenda con la capacidad de mirarnos en un es­pejo y no sentir vergüenza. Y así vivió el Che hasta el último día de su vida, que lo sorprende con dos poemas en un bolsillo.
Y fíjense ustedes cómo influye la literatura en el Che, po­de­mos redescubrir al Che desde la literatura, que en el combate, en el primer combate de él, en su debut en Alegría de Pío, que es un debut y derrota de los compañeros en Cuba, a él le pegan un tiro y él cree que va a morir. Sabemos que es médico, pero sangra tanto que no se puede dar cuenta qué tipo de gravedad es la he­rida, pero por la cantidad de sangre y por la mirada de un compa­ñero, donde él cree descubrir la mirada del adiós, piensa que va a morir. Y entonces escribe… Y aquí recuerdo a Rodolfo Walsh, en un paréntesis. Rodolfo, ese gran amigo, ha­blando también de Guevara, dice que Guevara debe haber sido el único hombre que peleó que contando sus peleas se pone siempre en el papel de an­tihéroe. Y es así. Si no supiéramos de la valentía hasta límites de exageración de Guevara, que le va­lió muchísimas veces repri­mendas de sus propios compañeros que sabían de su necesidad de no morir porque era útil para la conducción de la revolución -Fi­del Castro tuvo varias peleas con él, pidiéndole que no se arries­gara tanto en combate. Y sin embargo, ustedes saben Guevara es­cribió una gran cantidad de relatos. En varios de ellos cuenta, es­tán escritos a partir de sus anotaciones en el diario que él llevaba, y los convierte luego en relatos, típicos, gran relator Guevara, y en ellos siempre se muestra en condiciones de antihéroe, una es­pecie del personaje de Chandler que en el cine hacía Humphrey Bogart. Si uno le va a dar crédito a Guevara, y se lo doy, él como que él siem­pre lo que cuenta es que él no hizo nada en el com­bate, que los que realmente pelearon y lucharon e hicieron lo mejor son sus com­pañeros, él siempre en un lugar humilde y a veces hasta en un lugar, diría yo, gracioso. Insisto con este relato de Alegría de Pío. Recibe el tiro, en la mirada del amigo siente que se despi­den de él, y cuenta Guevara… Y agrego yo, ¿qué ha­ríamos no­sotros bajo la imagen de los grandes héroes en com­bate? Y… prepararse para la última gran frase que quedará regis­trada en los libros de historia: no importa que muera en el princi­pio de la revolución, alguien gozará la revolución por mí, algo así; u otra: estas balas no me duelen porque el pecho de los revo­lu­cionarios es como un fierro, cosas así. Él no, él directamente cuenta que cuando siente el balazo y ve la gravedad piensa, re­cuerda un personaje de Jack London, que a punto de morir no quiere morir en el miedo que le da la nieve, y se para y se aferra a un árbol para morir de pie. Y qué cuenta el Che: creí que me mo­ría, me acordé de Jack London y de sus personajes y quise morir como el personaje. Por eso me paré y me apreté a un ar­busto. Y mis compañeros me miraban sin entender, y yo seguía pensando en el personaje de Jack London. Es decir, la literatura presente en el compañero Guevara. Es decir, no sólo en el héroe así que uno puede ver como falso, sino en el héroe romántico, en el héroe aventurero que hasta por una cuestión estética, como el personaje de Jack London, decide que es más hermoso morir de pie que acostado. Eso es lo que él piensa. La belleza. Y la ética. Y la es­tética. Insisto una vez más, no las vamos a alejar del mundo que vamos a construir. Nos vamos a apoderar de ellas, tenemos el de­recho de apoderarnos de lo más hermoso que ha dado la trayecto­ria de los hombres a lo largo de su his­toria.
Y más con la literatura. Cuando terminaban los combates, y los compañeros estaban cansados, qué hacía el Che. Sacaba li­bros, se ponía a leer poesía, se ponía a escribir. Y cuando se daba la circunstancia de que se podían encontrar con campesi­nos en Sierra Maestra, en lugar de pronunciar discursos políti­cos les reci­taba a los campesinos, y de memoria, largos poemas de Pablo Ne­ruda. Junto con eso Guevara, y nos quedamos en esta parte de su amor a la literatura, caminó toda Sierra Maes­tra con tres mochi­las. La primer mochila como médico, car­gando la medicina. La segunda mochila como guerrillero, car­gando las armas, las balas y las demás cosas necesarias para un combate y para la vida en la selva. La tercer mochila con un promedio de 30 a 40 libros que, en el medio de la selva, cargó todo el tiempo de la Revolución Cubana. Hay que amar la lite­ratura para cargar 30 libros junto con otras dos mochilas.
Es mucho lo que ha escrito el Che, y es poco el tiempo que tengo para comentarlo con ustedes. Les pido que crean que re­al­mente, además de ser un hombre de la revolución, o por eso mismo, el Che es un hombre de la poesía. Y me voy a permitir, en los minutos que me quedan, de leer uno de los últimos poe­mas que escribió Ernesto Guevara. Es un poema que escribe en México. Él trabajaba en esos días en el hospital. Conoce ahí a una mujer muy humilde, muy enferma, y que muere pese a sus esfuer­zos. A partir de ahí, como diría Freud, sublima el sufri­miento y transforma lo siniestro en maravilloso, la muerte en vida. Yo no conozco ningún texto de Guevara, creo que no lo hay, donde él explique por qué se lanzó al combate. Cuando descubrí que había escrito este poema, en las palabras de un po­ema entendí su pro­clama de lucha, proclama que siguió hasta el último día viva en él.
“Vieja María”.
Vieja María, vas a morir / quiero hablarte en serio. // Tu vida fue un rosario de agonías completo / no hubo un hom­bre amado, ni salud, ni dinero / apenas el ham­bre para ser com­partida, / quiero hablar de tu esperanza, / de las tres dis­tintas esperanzas / que tu hija fabricó sin saber cómo // Toma esta mano que parece de niño / en las tuyas pu­lidas con el jabón amarillo / refriega tus callos duros y los nudillos puros / en la suave vergüenza de mi mano de mé­dico. // Escucha, abuela proletaria / cree en el hombre que llega / cree en el futuro que nunca verás. // Ni reces al dios inclemente / que toda una vida mintió tu esperanza / no pidas clemencia a la muerte, / para ver crecer a tus caricias par­das / los cielos son sordos y en ti manda el oscuro, / sobre todo tendrás una roja venganza / lo juro por la exacta di­mensión de mis ideas / tus nietos, vivirán la aurora / muere en paz, vieja luchadora. // Vas a morir vieja María; / treinta proyectos de mortaja / dirán adiós con la mi­rada / el día de estos que te vayas. // Vas a morir vieja María, / quedarán mudas las paredes de la sala / cuando la muerte se conjugue con el asma / y copulen su amor en tu garganta. // Esas tres caricias construidas de bronce / la única luz que ali­via tu noche / esos tres nietos vestidos de hambre / añorarán los nudos de los dedos viejos / donde siempre encontraban al­guna sonrisa. / Eso era todo, vieja María. // Tu vida fue un ro­sario de flacas agonías / no hubo un hombre amado, salud, alegría, / apenas el hambre para ser compartida / tu vida fue triste vieja María. // Cuando el anuncio de descanso eterno / enturbia el dolor de tus pupilas / cuando tus manos de perpe­tua fregona / absor­ban la última caricia, / piensa en ellos… y lloras, / pobre vieja María. // No, no lo hagas / no ores al dios indolente / que toda una vida mintió tu esperanza / ni pidas clemencia a la muerte, / tu vida fue horriblemente ves­tida de hambre / acaba vestida de hambre. // Pero quiero anunciarte / en voz baja y viril de las esperanzas / la más roja y viril de las espe­ranzas / quiero jurarlo por la exacta / dimensión de mis idea­les. // Toma esta mano de hombre que parece de niño / en­tre las tuyas pulidas por el jabón amarillo / refriegas los callos duros y los nudillos puros / en la suave vergüenza de mis ma­nos de médico. // Descansa en paz, Vieja María, / des­cansa en paz, Vieja luchadora, / tus nietos todos vivirán la aurora, / LO JURO.

 

M. Gaggero:
Bueno, para cerrar los docentes va a hablar José López Mer­cao, que es el director del mensuario del MLN Tupamaros y miembro del Comité Central del Movimiento de Liberación Na­cional Tupamaros.

 

José López Mercao:
Queridos compañeros, en primer lugar mi saludo, mi emo­ción por estar acá, por el tema que los convoca, por ser la pri­mera vez que estoy en la ciudad de La Plata, por tantos compa­ñeros que, tantos compañeros queridos que han estado en la Argentina du­rante mucho tiempo, que han caído para siempre en la Argentina. Esta tierra está asociada en múltiples dimen­siones con nosotros. Resulta un poco difícil hablar de Ernesto Che Guevara porque más allá de la belleza, la precisión y la certeza de las palabras de Vicente recién, entiendo que, a pesar de estar el Che muy aso­ciado con la palabra, su vida, su saga, su historia, tuvo una rela­ción problemática con la palabra. El Che decía de sí de que era, de sí mismo decía, en una carta a sus padres, he sido a veces de­masiado rígido. Y la palabra, precisamente, si por algo no se ca­racteriza es por la rigidez. La palabra suma en sí todas las posibi­lidades de la belleza, todas las posibilidades de la verdad, pero también es una figura bi­fronte, es una figura que revela pero que también es capaz de velar, es una figura que nos dilata, nos am­plía horizontes, pero también es capaz de limitarnos esos horizon­tes. Es capaz de re­velarnos la verdad pero es capaz de falsificar la verdad, en el más estricto sentido de aquello que alguna vez se llamó ideo­logía en el peor de los sentidos, como mistificación, como adul­teración, desnaturalización de la realidad. Y el Che era algo muy distinto de eso. Y pretender acercarse al Che a través de la palabra es algo muy complicado, incluso, por la natural ver­güenza que nos da hablar del Che. Aún a aquellos que en de­ter­minado momento de nuestra vida sentimos su vida, su histo­ria, sus ideas, sus objetivos, como un mandato imperativo. Nos da un poco de vergüenza hablar del Che. Y referirnos al Che en térmi­nos de palabras. Creemos que ése es un primer problema­tismo en el acercamiento a la figura del Che, la versatilidad de las palabras y esa rigidez autoproclamada que tenía el Che en muchos de los aspectos de su vida y de su práctica. Esa conse­cuencia consigo mismo a la que él llamaba rigidez.
Un segundo aspecto que hace problemático el acercarse al Che es que, pese que los historiadores dicen que a los 30 años de acontecido un hecho recién la historia comienza a operar, recién los hechos comienzan a ser historia, con el Che vemos lo arbitra­ria que es esa clasificación. Porque el Che se resiste per­tinaz­mente a entrar en la historia, es un personaje que se le es­camotea a la historia, es un personaje que es muy difícil de cla­sificar, es un personaje que tiene un mensaje tremendamente ac­tual, tremen­damente abierto y tremendamente, incluso podría­mos decir, irre­ductible a lo que son los lenguajes fijos de la his­toria, que preten­den decirnos que el río es el río cuando Herá­clito nos ha enseñado que el río que vimos una vez no lo vamos a ver más.
Y yo creo que hay una dimensión que no podemos evadir cuando hablamos de Ernesto Che Guevara, para acercarnos a la figura del Che, que es la dimensión emotiva. Quien no sienta al Che, no comprende al Che. Y quien no sienta en el Che la fi­gura de un hombre sencillo que habita en cada uno de nosotros, creo que ése es el mensaje más importante que tiene el Che, no va a poder nunca comprender, amar al Che, y tratar de recobrar todo aquello del Che que hay en nosotros, y que ha sido, tam­bién, des­naturalizado, adulterado, mutilado, golpeado, lesio­nado, falsifi­cado.
Creo que el Che… Recordaba ahora, cuando hablaba Vi­cente, una frase de Kafka en sus escritos póstumos: ningún dis­cípulo cerca o lejos, tú eres la tarea. Una de esas frases que exhuma Max Brod, su amigo, amigo de Kafka. Y siempre dije qué quiere decir esto, ningún discípulo cerca o lejos, tú eres la tarea. Y creo que eso resume bastante bien lo que fue la vida del Che, el plantearse a sí mismo como tarea, pero no como ta­rea introspec­tiva, sino una tarea en comunión con el mundo, una tarea vincu­lada al mundo, a la transformación del mundo. Y una tarea que tenía, también, no sólo un horizonte racional, no sólo un hori­zonte de intelección o de volición, sino también un horizonte ético y un horizonte estético, también.
Otro aspecto que quería resaltar de la modernidad, de la ac­tualidad de la figura del Che es el que tiene que ver con su re­la­ción con el poder. Hay una relación contradictoria que es tremen­damente actual en el Che. Quizás en ningún período de la historia podemos encontrar a alguien que busque más obsesi­vamente el poder que Ernesto Che Guevara. En este hermosí­simo poema, que tal vez no sé, como poesía en sí mismo valga poco, pero que tiene claves tremendas, ya hay una obsesión de poder, referido a algo tan mínimo, tan aparente mínimo como es esa vieja María que le quedó en el corazón. Está la voluntad de poder, la voluntad de venganza contra aquellos que le infli­gen la muerte a esa mujer, que persiguió toda la vida, el tomar los hechos de la vida y los he­chos de la historia y los hechos del protagonismo político como algo personal, profundamente per­sonal. Por eso yo, con el pro­fundo cariño que le tengo a Gui­llermo, cuando él decía que la re­beldía individual no sirve, sí, sí que sirve la rebeldía individual. Sobre todo, precisamente, en esta época de masificación de la emoción, de la masificación de la acción y de la reacción de los hombres, es preciso recurrir a esos rasgos diferenciadores que ha­cen a la rebeldía individual. A la rebeldía individual que, obvia­mente, apunte a un horizonte más humano, que apunte a un hori­zonte colectivo que pueda ser conjugable con rebeldías colectivas que puedan hacer ese mar humano que pueda transformar esta si­tuación que estamos vi­viendo.
Y yo me refería a esa situación contradictoria del Che con el poder porque, precisamente, siendo un obsesivo del poder era un profundo crítico del poder. Y alguna vez se ha preguntado, ¿el Che era un revolucionario o un estadista?. Creemos que fue las dos cosas, fue un revolucionario y fue un estadista revolu­cionario. Pero que, definitivamente, en él primaba el revolucio­nario. Y que él advirtió tempranamente, de los tiempos en que la ocasión, y tal vez la casualidad, lo llevó a que ocupara el ministerio de Indus­trias en Cuba, lo terrible que era el poder, las tentaciones que ha­bía que vencer desde el poder y lo tre­mendamente corruptor que era el poder en sí mismo. Y preci­samente la búsqueda de antído­tos contra todo ese veneno que él veía que emergía desde las ten­taciones del poder está reflejada en aquellas polémicas con Bet­telheim, en su estudio minu­cioso, partiendo de una base muy mo­desta de la ley del valor, para sa­car conclusiones de tremenda im­portancia, lo que él conside­raba que eran las injustas relaciones que existían dentro del mundo socialista. En lo que fue su polé­mica con el coman­dante Mora, lo que fue la concepción de hom­bre nuevo que creo que a nosotros nos ganó, nos ganó profunda­mente a nues­tra gene­ración porque, precisamente, nosotros que­ríamos trans­formar no sólo la sociedad, queríamos transformar la vida, queríamos transformar la cultura y queríamos transformar al hombre. Y creo que ése es uno de los rasgos más actuales del Che.
Yo quisiera referirme a una reflexión colectiva que hicimos con los 30 años del Che, con nuestros compañeros en Uruguay. Eran los 30 años del Che y, de alguna manera, había que decir algo, y había que pensar colectivamente al Che, a pesar de que cotidianamente lo estamos pensando. Bueno, surgieron estas lí­neas, que no tienen firma porque son producto de una elabo­ración colectiva, y las quiero leer porque pueden reflejar de forma más sistemática todo esto que estoy improvisando.
“El Che, un hombre del siglo XXI”.
Después de treinta años la historia latinoamericana ha en­tregado uno de sus más recónditos secretos: los huesos de Er­nesto Che Guevara. Hace tres décadas lo fusilaron y lo exhi­bieron para las póstumas imágenes, y tras cortarle las manos depositaron su cuerpo en una tumba clandestina.
Treinta años parecen demasiado para quien arrastra su cuerpo por la superficie del mundo. Muchos soles y lunas atra­vesaron el cielo mirando con disimulo la innominada fosa, mientras miles de hijos de esta América seguíamos el infinito trillo, pugnando por descubrir en nosotros esa pe­queñísima señal, esa brizna, esa chispa que nos permitiera creer que a lo mejor no estábamos tan lejos de parecernos a él.
El tiempo nos susurró al oído, a los sobrevivientes, que no ocurriría en esta vida, que no hay comparación posible con los mitos, que sólo la muerte da el visto bueno para in­gresar en esta cofradía.
¿Por qué, por qué esa extraña fuerza nos atrae, en las eta­pas tempranas de la vida, hacia el planeta de los santos y los héroes? Y entre estos ¿por qué más hacia los de bronce, már­mol o extendida fama, en vez de aquellos de humildes proezas, gestas ignotas, cotidianas epopeyas?
Pocas veces elegimos como espejo a quienes caminan “de la nada hacia la nada”, sin estridencias pero completos en su contenido humano. A lo mejor recién a la vuelta de los años percibimos trabajosamente, a través de la bruma de la histo­ria recién hecha, que la proporción entre santos y pecadores no puede ser tal que vacíe la tierra de hombres y mujeres comunes y corrientes.
El viento que escuchó los disparos de la escuelita de La Hi­guera se paseó arriba y abajo por este continente. Hubo mu­chos, demasiados disparos, sangre y fosas clandestinas, pero no dejó de haber picadas en el monte, cuerpos nuevos y viejas convicciones, gente en las calles, esperanzas renova­das.
En su cumpleaños número 28 -en junio de 1955- Ernesto aún no había conocido a Fidel Castro, y su futuro seguía siendo el de viajero incansable. Pensaba ir a Europa, a la In­dia, a China… Nada anunciaba en él al que sólo cuatro años después sería comandante en una revolución triunfante, minis­tro, representante de Cuba en foros internacionales, y sobre todo dirigente idolatrado por el pueblo cubano.
En 1955 Ernesto era un hombre común y corriente, con una amplia cultura pero poco politizado. Estaba abierto a recibir y aprender, y decidido a encarar todo camino que creyera el mejor. Inquieto, caminador, curioso, obsesivo por vencer obs­táculos, fueran estos su físico, una montaña o los enigmas de Palenque o Machu Picchu.
Era un hombre común, que participando en la lucha de los cubanos desarrolló sus potencialidades.
En los aprontes mexicanos abundaron las lecturas, las dis­cusiones, los sueños concretos, las reuniones, los planes, las montañas escaladas, el tiro al blanco, la persecución po­licial, la clandestinidad y la cárcel; y por sobre todo un obje­tivo muy claro.
En la travesía del Granma apenas hubo silencio, noche, tensión, armas listas, nervios, mapas, brújulas, mar gruesa, y un destino fijo en los ojos.
Luego vino el bautismo de fuego: ciénaga, aviones, me­tra­lla, fuego, compañeros caídos, decisiones, miedos, la vida car­gada de futuros. Hubo más batallas contra el ejército ba­tis­tiano, emboscadas, aviones que lanzaban la muerte sólida y ruidosa sobre la infantería guerrillera, heroísmos y cobar­días, montes, campos y caminos.
Todo esto alimentó la vigorosa personalidad de quien emergería el 1º de enero de 1959 como EL CHE.
Tras una corta pausa otros desafíos esperaban a este hom­bre común y corriente que exploró decididamente en sí mismo, y exigió con vehemencia en los demás al hombre del siglo XXI.
Guevara fue un hombre de múltiples perfiles. Ya lo era cuando la Revolución hizo de necesidad virtud y lo “nombró” comandante militar, ministro de industrias, cabeza de las re­la­ciones internacionales, teórico, escritor, tractorista en la zafra, voluntario en cualquier tarea… El Che se metió en to­dos los asuntos, y por eso dejó muchas imágenes. ¿Cuál nos convoca a ser mejores seres humanos? ¿Cuál roza algún punto de nues­tros sentimientos?
Cada sociedad, cada persona, cada época, destacan al­guna de esas caras del Che. Él, sin duda, fue un hombre de los 60: salió a buscar su destino recorriendo el mundo, se desató de muchos convencionalismos y renegó de “las cosas” ha­ciendo lugar para que entraran valores éticos. Pero al fin de los años 90 hay otros Ches que no han perdido vigencia, y en algunos casos la han acentuado.
Por ejemplo el Che enemigo del burocratismo. En este tipo de sociedades donde hay una acentuada separación en­tre tra­bajadores manuales e intelectuales, él solía trabajar con sus manos (y alcanzaba un machete a los visitantes que recibía al pie del cañaveral). También trataba de no perder el contacto directo con el pueblo, y además de cumplir a ra­jatabla con su trabajo siempre abarcaba otros varios. No dejaba en paz a na­die.
Por ejemplo el Che enemigo de los privilegios, que se eno­jaba cuando en una casa de campesinos querían servirle el café primero a él; o que destacaba el trabajo de los ma­cheteros que iban detrás de su máquina repasando las matas de caña, cuando los periodistas buscaban sólo la imagen del jefe.
Por ejemplo el Che siempre atendiendo, sin mirar en “costos”, la coherencia y la consecuencia, valores escasos en este mundo contaminado por el oportunismo, el arribismo y la pirueta política. El Che renunciando a cargos y honores en Cuba por el honor de morir en el pequeño ejército loco que iba a liberar al resto del continente.
Y sobre todo un Che que no era “realista” al uso de los 90, al uso de la “nueva izquierda”, un Che que puso en lugar des­tacado el papel que juegan en la lucha la voluntad, la au­dacia y lo subjetivo. Llevó mucho más allá de lo que permi­tían los dogmas de la época esa tensión entre lo subjetivo y las “condiciones objetivas”, entre la voluntad y “lo posible”, entre la inercia y la ruptura. Si esta parte de la herencia se perdiera habría que acostarse a dormir para ya no despertar más.
La odisea del Che estuvo vinculada al muy actual pro­blema de las “ventanas históricas” que han permitido revo­luciones o procesos de cambio progresistas.
Las estrategias imperialistas no son infalibles, a veces son superadas por el impulso de los pueblos. También ocurre que tienen condicionantes políticos que en ciertas etapas han difi­cultado la cruda imposición represiva.
Pero para pasar por esas “ventanas” no basta con estar sentado al pie del muro, esperando que alguien abra. Hay que buscarlas, ayudar a crearlas, empujarlas, y estar prepa­rados para aprovechar las coyunturas históricas. En la lu­cha siem­pre ir lo más lejos que se pueda.
La peripecia de Guevara también tuvo como escenario las dificultades de todo tipo que enfrenta una revolución triun­fante, los límites que aprietan a todo proyecto de socie­dad au­tónoma y soberana.
En aquel mundo bipolar los problemas venían de los dos polos. Los enemigos impusieron el cerco, los atentados, la fa­llida invasión, las amenazas permanentes. Y los amigos con­di­cionaron la economía y la estrategia.
Las idas y venidas de la relación con la URSS mostraron las dificultades que había que sortear para sobrevivir, aun­que el hundimiento del Este dejó ver que al fin ni la supervi­vencia estaba asegurada por este tipo de integración de la economía cubana en el CAME.
¿Qué decir del hoy, de este mundo unipolar, con milicos de despliegue rápido e izquierdas de repliegue aún más rá­pido? La ventana parece cerrada a cal y canto, pero de to­dos modos -siempre- se trata de empujarla.
Mientras los huesos del Che y sus compañeros dormían bajo tierra, en su secreto sepulcro, el mito se paseaba entre no­sotros. Había mucho material para construirlo, aunque la saga del Che fue de corta duración. Pocos personajes en po­cos mo­mentos históricos han logrado condensar los sueños de una época como lo hizo él…
Su historia se recibió de mito trabajada por las necesida­des y los sentimientos de varias generaciones; y también, no vamos a negarlo, su imagen fue pulida y a veces depurada por menta­lidades cerradamente burocráticas, que querían un Che a me­dida de su hipocresía.
El mito es múltiple, cada quien puede elegir u olvidar al­gún perfil. Es múltiple porque es reencarnación y síntesis de mitos anteriores. ¿Quién no ve en él al Quijote, descubridor de mun­dos y desfacedor de entuertos, metiéndose en cada lío porque así debía de ser? ¿Quién no distingue su bolivariana mirada al continente, y el mismo empecinamiento con que vi­vió sus años Sandino?
Actuó siempre con la terquedad propia de quien piensa que un revolucionario sólo descansa cuando muere. Es lo que al­gunos llaman fatalismo, pero que no es más que la plena con­vicción de que la vida no vale nada si no escucha­mos las voces o el silencio que nos convocan. De la misma manera los rebe­lados con Tupac Amaru decidieron ejecutar, en el inicio mismo del alzamiento, al odiado Corregidor Arriaga. Del mismo modo los emerretistas entraron en la embajada, pensando que la suerte estará echada sólo cuando desaparezca de la faz de la tierra el último ser hu­mano…
Cuenta la historia -o el mito- que Juan el Bautista dijo a los de su tiempo: “En medio de vosotros está uno a quien no cono­céis, que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desa­tarle la correa de su sandalia”. Entre las sombras de un siglo que termina, la luz del Che también puede decirnos que en me­dio de nosotros puede haber uno, dos, tres, muchos ches, con sus potencialidades intactas, esperando su mo­mento.
El poeta español Miguel Hernández escribió en 1937: “Muerto y veinte veces muerto, / la boca contra la grama, / tendré apretados los dientes / y decidida la barba”.
El Che podía haberlo dicho el 8 de octubre de 1967.
Y otros treinta años han pasado…
Esto fue lo que escribimos, compañeros, en estos 30 años del Che. Y quisiera cerrar esta intervención, este momento que esta­mos pasando, con algo que es tal vez muy personal, que se remite a la percepción personal que tuve del Che, de su vida, y esa per­cepción que a veces rebasa las palabras y que se puede condensar solamente en imagen. Recuerdo que una vez vi en un libro de en una pinacoteca un retrato que me impresionó pro­fundamente, que pertenecía a un pintor flamenco, Holbein, pin­tor realista, que está en el museo de Basilea, que es un cua­dro de tamaño natural que se llama “Cristo en el sepulcro”. Re­pre­senta a Cristo en el sepul­cro, y me impresionó mucho por dos razones. Porque era muy pa­recido a la imagen que se paseó por el mundo del Che muerto en la escuela de Higueritas, se parecía tremendamente; y porque, a su vez, era la representación de la muerte, de ese poder formida­ble que terminó con la vida del Che. Tiempo después me enteré, también por casualidad, de que ese cuadro lo había impresionado mucho a Dostoievski cuando lo vio, que en su novela El idiota le hace decir a un per­sonaje unas palabras con respecto a ese cuadro, que son tam­bién profundamente reveladoras sobre lo que yo con­sidero que es fundamental en el legado histórico del Che. Y voy a pasar a leer de El príncipe idiota de Dostoievski ese fragmento que me representa, y creo que nos representa a todos.
Cuando se mira ese cuadro la naturaleza aparece bajo la forma de un animal enorme, sin piedad y mudo, mejor dicho, por extraña que sea la comparación, como una inmensa má­quina de invención moderna que sorda e insensible ha co­gido estúpidamente, hecho pedazos y absorbido en sus en­trañas a un ser que él solo valía tanto como toda la natura­leza con to­das sus leyes, tanto como toda la tierra, la cual quizás no ha sido creada más que para dar nacimiento a ese ser. El cuadro del que hablo despierta precisamente esa im­presión de una fuerza ciega, atrevida, eternamente estúpida, a la que todo está so­metido y que se impone fatalmente a to­dos. Ni una de las personas que rodeaban al difunto está re­presentada en el cua­dro. Han debido sentir una angustia y una consternación inde­cibles en aquella noche que cegaba de un solo golpe to­das sus esperanzas, hasta todas sus cre­encias, se podría de­cir. Sin duda se dispersaron presas de un horror extraordi­nario, aun­que cada uno de ellos llevara en sí una gran idea que ya no se le podría arrancar. Su mismo maestro si en la víspera del su­plicio hubiera podido ver su rostro en aquel momento ¿hubiera subido a la cruz y lo hu­biera muerto como murió? Ésa es otra pregunta que involun­tariamente se hace uno cuando mira el cuadro.
Y yo me pregunto, compañeros… Hace un rato Vicente de­cía de que reivindicaba la dimensión romántica del Che, y creo que en su muerte también hay una dimensión romántica. Creo que era Hemingway que decía de que la guerra de España ha­bía sido la última guerra romántica de este siglo, y tal vez la muerte del Che haya sido una de las últimas muertes románti­cas de este siglo. Porque después la muerte se barbarizó, se in­dustrializó, se masi­ficó. Después ni siquiera nos quedó la me­lancólica… no sé cómo llamarlo, ni siquiera nos quedó la espe­ranza de decir de que los compañeros que se nos fueron, que los compañeros que desapa­recieron, recobramos de él ese momento final de su muerte, reco­bramos de él esa figura como la reco­bramos del Che. Y yo creo que el legado del Che está contenido también en estas palabras: aunque cada uno de ellos llevara en sí una gran idea que ya no se le podría arrancar. Aquellos que han querido contener todo el impulso de transformación, todo el impulso vital, todo el impulso de cambio que representó el Che y que representaron miles y mi­les de compañeros que ya no están, miles y miles de compañeros de los que ni siquiera te­nemos su último gesto, como lo tenemos del Che, a todos ellos el gran legado, nuestro emocionado abrazo de este fin de siglo, para decirles que, como ellos, todo lo que de­jaron en nosotros, esa gran idea, ya nadie lo va a poder arrancar. Así que gracias por todo, compañeros.

 

M. Gaggero:
Bueno, ahora queremos abrir un debate sobre el tema que se ha tratado en esta clase, en esta última clase, que es “El legado del Che” y las exposiciones que han hecho los compañeros, car­gadas de emoción, por cierto. Dejo en ustedes, el que quiera hablar que levante la mano. Hoy vamos a suprimir las pregun­tas por escrito, que era medio la dinámica que teníamos acá, por el tema especial y por el día especial.

 

Reina Diez:
Algo, algo falta, algo que es imprescindible para… es la ne­ce­sidad que tenemos, y creo compartido por los demás, de dar gra­cias, muchas gracias, y esos empiezan desde el primer mo­mento, desde el primer impulso de la Cátedra. Porque ha ha­bido tal si­miente de cosas firmes, de cosas dedicadas, de cosas ordenadas o desordenadas pero que fueron buscando su lugar, y lo encontraron en todo momento en nuestro corazón, en nues­tros sentimientos. Porque era como verlo al Che de pronto, de pronto como caba­llero andante, fuerte, firme, hermoso, cariñoso con sus hijos. Y sentirlo, después, como si una caída tempes­tuosa lo precipitara más allá de todo, de todo el perdón que te­níamos que, en forma emblemática, seguramente, para pedirle ese perdón. Cómo, cómo no se pudo hacer nada, cómo no se lo pudo defender, si lo íbamos a necesitar tanto. A mí, por eso me siento como si tuviera en este momento un entre los brazos toda, todo lo que nos faltó al irse él. ¡Cómo se fue! Porque no tenía derecho, porque ya era nuestro, y porque las capacidades para soportar el dolor se escalonan cuando ese dolor palpita de tal manera que uno siente, sí… pero de nuevo está. Y por eso le doy las gracias, y retrocediendo, a todos los compañeros, a to­dos los que presentaron ciertas facetas, y que vienen desde la primera reunión de aquí. Todos ellos son los que me están ocu­pando para decir gracias, muchas gracias, todas las gracias del mundo. Y después a meditar, a sentir, a volver a estar como si fuera el primer momento en que se lo ha conocido, en que se ha vertido en el oído y en la mente esa palabra mágica, ese que tiene tanta humildad y tanta franqueza, parecía que tenía una significación extraordinaria. Pero es porque los seres extraordi­narios son así, y alguna vez lo entenderemos, y alguna vez sa­ca­remos de nuestras miserias, de nuestras pequeñeces diarias, en­contraremos alguna fuerza que sea como una embestida, que vaya para arriba, que nos haga volar, que nos haga precipitar en un mundo tan fuerte, tan querido, tan conocido, que podamos decir me acuerdo la vez que esas cosas, y otras parecidas… Las dijeron, las dijeron porque eran conclusivas para desarrollar lo que había sido y lo que sería el Che.

 

M. Gaggero:
Seguimos. Bueno, si alguien quiere hacer alguna reflexión, hacer algún aporte, tienen el micrófono. Y si no alguna pre­gunta que quieran formular por escrito, también.

 

Público:
Bueno, ya que nadie se atreve… Yo me identifico como una sencilla mujer de pueblo, que apenas hizo secundario por aque­llos años 50, y que, bueno, después tuvo una vida como la ma­yoría de las mujeres de pueblo, sencilla, no sacrificada como la abuela María, porque, bueno, uno vive en estas latitudes y acá siempre hubo modo de ganarse la vida sin tanto sacrificio. Pero sí perte­nezco a una familia de trabajadores, toda la vida. Y bueno, en aquellos años 50, 60, cuando ya me casé, yo creí que en este país, nuestro hermoso país, como mujer sencilla con to­das mis necesi­dades básicas satisfechas, no se olviden que yo fui una niña, una jovencita de los primeros años peronistas en que las cosas se da­ban de otra manera, se podía estudiar, des­pués se conseguía tra­bajo, yo lo conseguí, bueno, yo pensé que, bueno, las autoridades, la gente que sabe, la gente que estudia, que pasa por estos claus­tros, que todo estaba bajo control, todo muy bien dirigido, y que nuestro país iba a seguir creciendo y creciendo y que nunca iban a pasar las cosas ni los horrores que después me tocaron presenciar. Yo en lo personal no tengo que lamentar desapariciones ni muer­tes, sí intervenciones militares porque mi esposo era un afiliado del Partido Comunista, pero yo, a todo esto, como dije hace un ratito, no militaba, ni si­quiera una mujer politizada como tam­poco lo soy ahora, pero al presenciar, y a través de la gente que nos visitaba, los horrores que estaban pasando en nuestro país yo no tuve más consuelo, no tuve más tranquilidad. Y de mi tranqui­lidad provinciana, pueblerina, desgarrándome dentro de mi casa por los horrores que yo sí sabía a través de gente amiga que es­taba padeciendo esas desapariciones, esas muertes, y que en ese momento nues­tro país a través de los medios de comunicación masiva, con el mundial, trataban de anularlo, de obnubilar a la gente, y que la gente mayoritariamente, desgraciadamente se dejó obnubilar. Y al tener conciencia de todo eso que estaba pasando me horroricé tanto, lloraba, me la pasaba llorando, a lo cual mi esposo me decía no llores, no llores, tratá de participar. Y en esos momen­tos no se podía participar. Yo tengo la gran suerte de que año 78, 79, ya siendo una mjer de 42 años, quedo embarazada y doy a luz una niña. Y al poco tiempo mi vida entra en otro cono, o sea todo eso que a mí me impactaba y me horrorizaba, el naci­miento de mi niña es como que se alejó un poco. Pero no bien lle­gada la democracia tomo plena conciencia de que los que nos di­rigían, de las autoridades, de ese ejército que yo cuando era niña creí que nos defendía y que nunca defendió, un ejército malvado que nunca quiso al pueblo y que no lo supo defender cuando tuvo que defenderlo, sino más bien fue su ver­dugo, cuando yo tomo conciencia de todo eso, cuando tomo conciencia de que es el pueblo el que tiene que salir a defender, el pueblo el que tiene que salir a participar y el pueblo el que tiene que salir a las calles para que nunca más esos horrores pa­sen.
Yo lo que les quiero decir a ustedes los jóvenes, especial­mente, en nombre de nuestro querido Che, de ese ser que, yo comparto acá con el escritor el autor del libro, la palabra ro­mán­tico, que no es mala palabra porque los que nos gusta la poesía es los que nos consideramos románticos sin ser escrito­res, sin ser ar­tistas, sin ser nada, tenemos un profundo corazón. Quizás no ten­gamos mucha preparación intelectual pero tene­mos un gran cora­zón y un gran humanismo. Y que este dolor, esto tan horrible que pasó en nuestro país, no lo olvidemos nunca. Que luchemos. Us­tedes que están estudiando, cuando sean profesionales, por favor, en nombre del Che, no se abur­guesen, siempre piensen en el pue­blo, como nuestro querido Che, en los más desposeidos, y siempre salgan a participar y salgan a movilizarse en la calle para defen­der lo que, con su vida, él nos quiso dejar como legado, nuestro querido Che, al pueblo y a nuestro país. Nada más.

 

M. Gaggero:
Bueno, para dar por concluida esta clase y este ciclo de la Cá­tedra del pensamiento político de Ernesto Che Guevara, va­mos a pedirle una última reflexión a cada uno de los docentes que han participado hoy en este cierre. Ahora, Guillermo.

 

G. Cieza:
En primer lugar, el agradecimiento a todos ustedes por ha­ber hecho posible que esta Cátedra se haya desarrollado en los térmi­nos que se dio. Yo espero que a todos nos haya servido para aprender un poco. Personalmente, a mí me sirvió mucho, he aprendido mucho sobre el Che en esta Cátedra. Y además, agra­decerles algo que planteé en algún momento, el espíritu que pu­sieron los distintos grupos políticos de La Plata, mucha gente que se acercó, que a lo mejor tenía ese problema de que no organizaba la Cátedra, que a lo mejor se sentía con más de­recho a organizar la Cátedra, y sin embargo se sumó, y sin em­bargo tuvo una posi­ción constructiva. Es decir, en primer lugar, entonces, el enorme agradecimiento a toda la gente que ha he­cho posible que esta Cá­tedra fuera adelante. Y en segundo lu­gar, la invitación para ma­ñana, Encuentro de Movimientos So­ciales. Esto tiene que ver con el Che, esto tiene que ver con la Cátedra, esto tiene que ver con seguir una práctica. Los movi­mientos sociales, en este momento, están atomizados, están manipulados. La posibilidad de unificar­los y trabajar por su au­tonomía es una tarea de la época, es una tarea del momento. Creo que realmente es muy importante el aporte de todos uste­des. Creo que esto es una forma de darle con­tinuidad a este ho­menaje al Che. Si nosotros mañana, a partir de ese Encuentro de Movimientos Sociales, ponemos la semilla, po­nemos el em­brión, ponemos el primer empujón para una organi­zación autó­noma de movimientos sociales en el país, que lo están recla­mando, realmente creemos que habremos cumplido el obje­tivo que nos propusimos.

 

V. Zito Lema:
Me voy a permitir leer la página final de mi libro sobre el Che que creo que condensa lo que pienso. Pero antes creo que el tra­bajo de los compañeros en esta Cátedra debe ser reivindi­cado por todos los que participamos en la universidad, como docentes o como alumnos. La Cátedra Che Guevara reivindica, y cambia, y equilibra tanta mala práctica universitaria que en los últimos tiempos está destruyendo nuestra universidad.
“Nota de cierre”.
Palabras para Guevara, treinta años después. Superar una pena, densa; esa melancolía sin volun­tad que se instala en todo el cuerpo, como si fuera una lluvia de octubre sor­prendiéndo­nos en el medio de la noche y en la peor soledad.
Palabras para Guevara, cuando sabemos que la muerte existe (la triste muerte), en nuestra agenda abundan los nú­me­ros tachados y vamos enterándonos, día a día, que nadie es eterno, ni siquiera él.
Palabras para Guevara, en un tiempo que repite hasta el hartazgo que el sueño se agotó, la era de los grandes relatos existe sólo en algún lugar que está detrás de las espaldas de la humanidad, que la esperanza de la revolución duerme bajo el pesado manto del fracaso, y que lo mejor, entonces, es entrete­nerse con un presente de “zapping”, que cambia ideas por fra­ses de 30 segundos y la noción de progreso por brillantes cuen­tas de vidrios tecnológicas.
Un tiempo sin amor ni poesía. Patético, de tan pragmá­tico; groseramente injusto, de tan capitalista; y para colmo de ma­les, aburrido.
Frente a un tiempo así, paradójicamente, ¿cómo no esfor­zarnos por superar esa pátina sombría que la época insiste en colocar sobre los asuntos humanos, y levantar los ojos hacia lo que fue y seguir imaginando lo que podrá ser?
Palabras para Guevara, que nos ayuden a pensarlo fuera de las modas que lo desguazan y a instalarlo, legítimo, otra vez frente a un viaje de miles y miles de kilómetros, viaje que, como bien se sabe, se inicia dando un paso.
Es cierto, han pasado treinta años. Recordamos a Gue­vara y por afinidad en el oficio a Haroldo Conti, Miguel Án­gel Bus­tos, Roberto Santoro, Rodolfo Walsh, Paco Urondo y a todos aquellos amigos caídos con quienes compartimos la vocación de emborronar cuartillas (como en broma nos sen­tenciaba Gue­vara), y volvemos a preguntarnos: ¿Qué de no­sotros y del gran sueño? La poesía de Paco Urondo que avi­vaba aquel sueño no ha perdido su frescura. Mantiene esa honda música que anun­cia la mañana. De la revolución se dirá, y acaso con razón, con la razón que se sustenta en el horror padecido, que nuestra generación, por pecar de ro­mántica y aventurera, por terribles errores de concepción y de método, la hizo retroceder en el tiempo y en la conciencia social. La historia sanciona sin pu­dor ni piedad a los que pierden y el proyecto de nuestra gene­ración al menos por un tiempo fue destruido. Acepto las críticas de los otros y mis propias pesadillas. Pero tampoco renuncio al orgullo de de­cir que en la época en que fue posible soñar a lo grande, fuimos tremendos soñadores, y quienes no soñaron en­tonces -y ahora hablan y miran desde la soberbia del culo sen­tado que nunca se equivoca porque nunca mueve el culo- es por­que vinieron a esta tierra para arrastrarse y no soñar. O qui­zás, simplemente, porque más allá del discurso, sus intere­ses y real ideología se confunden con los que han sido y serán nuestros enemigos. Esos que han hecho del país una tierra baldía y de la vida una dura tristeza que se renueva. Sí, pienso en lo que se escribió, en lo que se hizo y hasta en la forma en que fue enfrentada la muerte, y siento por tantos y tantos de nuestra generación emoción y orgullo. Así de sim­ple.
De eso se trata hoy, ante Guevara: saltar sobre las grie­tas que se abren a nuestros pies y animarnos a saber que en este mismo instante un muchacho, una muchacha, en algún lugar de este lastimado continente está soñando otra vez lo que fue soñado.

 

J. López Mercao:
Bueno, cuando dijeron una reflexión final yo lo único que iba a decir era que lamentaba que esto se terminara tan rápida­mente, sin otras participaciones. Porque una de las cosas que creo que surgen más nítidamente, y que todos coincidimos, en el Che, en la valoración de la figura del Che, es de que lo ex­cepcional del Che es haber llevado hasta tal punto y hasta tal nivel de grandeza las cualidades del hombre corriente. Y de­cíamos que, de alguna ma­nera, en todos nosotros hay un Er­nesto Che Guevara. Es impor­tante que se exprese también todo eso.
Y… pero me da motivo para esta reflexión, que pretendo que no sea final, una notita que llega diciendo, bueno, que nombrára­mos a Raúl Sendic y tratáramos de publicar cartas de la prisión, que fue tan grande como el Che. Bueno, yo como conocí a Raúl, milité con él desde mi adolescencia, y lo quise mucho al viejo -que nació el año exacto en que nació mi padre, entre otras cosas-, nuestra relación de compañerismo era una relación marcada con esa especie de respeto frente a la edad, frente a las canas, frente a los padres, que es tan caro entre los rioplatenses, y creo que en todo el mundo. Y sí, entiendo que sí, que fue tan grande como el Che, aunque recuerdo aquello de Cervantes que dice de que toda comparación entre virtud y vir­tud, entre belleza y belleza, es siempre odiosa y mal recibida. Sí, realmente Raúl fue muy grande, porque también fue sínte­sis, fue síntesis de todo un pe­ríodo de nuestra historia. Y quiero contar una anécdota que fue nuestra relación con la saga del Che, cuando recién nos estába­mos conformando como organi­zación, con ideas tan alucinadas como las que llevaron al Che a Bolivia, con errores muy grandes que en la perspectiva histó­rica los vemos con un inmenso cariño y los quisiéramos revivir, no como errores sino como hechos con los que estábamos cons­truyendo la historia. En ese momento se pro­duce el 22 de di­ciembre de 1966, una fecha histórica en la que te­nemos los primeros mártires, los primeros compañeros que mue­ren en combate, tenemos una, bueno, prácticamente todo lo que era el casco de esa exigente organización, unos 30 ó 40 compañe­ros pasan en bloque a la clandestinidad, quedan desarticulados toda la infraestructura, todos los refugios, y tenemos que acoger­nos a la solidaridad de esa izquierda uruguaya, que en los mo­mentos de mayor divergencia que tenemos entre nosotros siempre re­cordamos esos orígenes. Los compañeros nos recibieron con los brazos abiertos en los peores momentos. Y bueno, y es bueno de­cirlo, por encima de las divergencias que tuvimos, que tene­mos y que tendremos, por encima de todo son nuestros compa­ñeros, son nuestros hermanos, y lo acreditaron en los momentos más difíci­les. Cuando se hallaban los compañeros en esa clan­destinidad for­zada y con escasa perspectivas, con una lucha que parecía que culminaba cuando recién comenzaba, nos llega una propuesta, a través de mediadores, de integrarnos a la guerrilla del Che. Se discute y se considera de que tenemos que afirmar el proyecto po­lítico, el proyecto revolucionario que estábamos construyendo en nuestra realidad, y que entendíamos que la mejor forma de com­batir junto al Che era combatir en nuestra realidad, luchar en nuestra realidad. Recuerdo que hace poco tiempo antes de su muerte, recordando ese episodio, le pregun­taban a Raúl, le pre­guntaba al Bebe un periodista sobre eso, él narraba el episodio y dice de repente nos equivocamos. Y creo que eso era una cosa que define de cuerpo entero a Raúl, el de repente nos equivoca­mos. Hacer las cosas, asumir los costos políticos de los hechos políticos que había que procesar, pero dejar siempre abierta, lle­varlos hasta las últimas consecuencias, pero dejar siempre abierta la puerta para la autocrítica y para la convicción que de repente nos equivocamos. Pero ese de re­pente nos equivocamos no implicaba tampoco un golpearse el pecho ni darle demasiada im­portancia a eso que ya pertenecía a la historia, simplemente dejar abierta la puerta para los que vendrían y para los que podrían ser jueces de nuestras acciones cuando estuviéramos en la historia, cuando ya fuéramos histo­ria, a los nuevos protagonistas.
Y Raúl, del cual habría que decir algunas palabras, pero se podría hablar muchísimo de Raúl, aunque también con él era problemática la relación con la palabra. Y como la poesía se ha adueñado de la noche, en la medida que el compañero la ha traído de la mano, tengo que decir que Raúl también, sobre todo en el último período de su vida, escribía poesías. Que también para mí son contradictorias porque me parecen espan­tosas y al mismo tiempo me llenan de emoción por todo lo que dicen, por la inge­nuidad que tienen, también contradictoria con ese Canario pícaro ladino que las sabía todas, ese niño reco­brado que había en el Raúl de los últimos tiempos.
Creo que también el Che, y ésa es una categoría de la que se podría hablar, era un personaje profundamente ingenuo. Y no lo digo en un sentido peyorativo la palabra. Él decía en una de sus cartas de que, precisamente, lo que había desajustado los planes del imperialismo, cuando Fidel y el 26 de Julio llegan al poder, es la ingenuidad de Fidel, que Fidel decía lo que iba a hacer. Y el imperialismo estaba tan acostumbrado a la dema­gogia que creía que hacía como todos, decía una cosa e iba a hacer otra. Pero no, la ingenuidad de Fidel los mató. Y de al­guna manera también es­tas palabras para establecer este para­lelo, que se puede establecer con muchos compañeros, ¿no? Creo que se puede establecer con prácticamente con todos y cada uno de los compañeros que prota­gonizaron y que prota­gonizan esta lucha.
Y el Canario, el Bebe, el Rufo, Raúl, tantos eran los nom­bres como los perfiles, era un compañero antidogmático, abierto, su­mamente porfiado, también, sumamente consecuente con lo que hacía. Y que, también, de alguna manera, cumplió en sí mismo un destino profético, profetizado por la poesía, porque, también, como César Vallejo dijo de sí mismo me mo­riré en París con aguacero, un viernes del cual tengo el re­cuerdo, también él se murió con aguacero y en París, cuando París nunca había figu­rado en su agenda de viajes, y cuando postrado por una enferme­dad que no esperábamos se murió… Y entró en la historia, o no… Yo decía el Che, como Raúl, esos personajes tremendamente ac­tuales, fueron como esos estudian­tes aventajados que de la vida saltan a la leyenda o al mito sal­teándose la historia. Algún día la historia los va a colocar en al­gún lugar, pero vamos a tener que colocar en algún lugar a la causa por la que ellos vivieron, dieron todo… Nada más.

 

M. Gaggero:
Bueno, gracias a todos y los esperamos el año que viene, no sé si a ustedes o a otros. Esperamos que la Cátedra siga el año que viene, va a seguir, seguramente, y además les recordamos que mañana es el Encuentro de los movimientos sociales en la Escuela de Trabajo Social. Muchas gracias. 

 

 

ANEXO 

São Paulo, 13 de novembro de 1997
Guillermo Cieza
Cátedra Che Guevara
Universidad La Plata
Argentina
Estimado amigo
Por motivos de ordem pessoal, nosso companheiro desig­nado para representar o MST nos eventos dos dias 15 e 16 de novembro, em La Plata, não poderá comparecer, como havía­mos comunicado. Tentamos substituí-lo, porém, esta­mos termi­nando o Congresso Latino Americano de Organi­zações Cam­ponesas e um curso de formadores a nível de América Latina, com os quais nossas principais lideranças estavam envolvidas. Por isso, não teremos condiçoes de en­viar outra pessoa para nos representar.
Estão também articulando, a partir deste final de semana, os encontros estaduais preparatórios ao Encontro Nacional do MST, que por serem massivos, exigirá o envolvimento de todos os líderes e instâncias.
Diante disso, queremos pedir-lhes desculpas por não ter­mos condições de atender ao seu convite. Lamentamos não po­der transmitir o que temos discutido sobre o legado de CHE, mas estamos certos de que os demais painelistas po­derão aten­der à programação e que o evento que marca os 30 anos de sua morte, contribuirá para renovar a esperança de todos aqueles que, assim como ele, almejam uma socie­dade socia­lista, construída desde já por homens e mulheres novos.
Esperando contar com a compreensão de todos os orga­ni­zadores do evento, estendemos a todos as nossas justifica­tivas e desejamos muito êxito nos eventos programados para os dias 15 e 16 e enviamo-lhes um forte abraço.
VIVA EL CHE!
VIVA O SOCIALISMO!
Atenciosamente
Egidio Brunetto
Direção Nacional

Anexo


METERSE CON EL CHE

No es fácil meterse con el Che. Su nombre -o su sobre nombre- y su figura, aparecen con una carga muy pesada de “deber ser” moral y polí­tico ex­traños para los tiempos que corren.
Aún así nos pareció impor­tante avanzar en discutir qué Che era éste que nos interpe­laba, que nos interpela y de­manda nuestros esfuerzos en estos tiempos tan lejanos a los suyos.
En primer lugar, el Che que nos interesó era uno de circu­lación universal. Uno que no sólo aparece pegado en las pa­redes de La Habana o Buenos Aires, en las banderas de las hinchadas de fútbol de San­tiago o Nápoles, sino que ex­presa, en todo el planeta, la más pura y llana imagen de rebeldía contra la descomposi­ción social en la que irreversi­blemente nos sumerge el sis­tema capitalista.
Pero para meterse con el Che hay que tener una mínima coherencia ética, política e ideoló­gica. Es lo mínimo que él exige. De ahí que Ma­nuel Gaggero, Alberto J. Pla, Rubén Dri, Ga­briel Fernández y Gui­llermo Cieza sean los titu­lares y coordinadores de la Cátedra.
Porque ninguna Cátedra Che Guevara va a borrar las inconsecuencias de conducta, ni las degeneraciones ideoló­gicas. Eso no sería efec­tivo. Hace tiempo que el mercado se quiso tra­gar -luego del estrepi­toso fracaso de los que lo qui­sieron desaparecer- al Che, y hoy, a 30 años, vemos los re­sultados.
Muchos se meten con el Che, y nadie puede pretender “sacar chapa” de Cheísta, o de verda­dero guevariano, sino que por el contrario, lo que se impone es la polémica. ¿El Che fue o no foquista? ¿Qué impor­tancia puede tener esto? ¿De qué nos sirve hoy a los latino­americanos el rescate de la obra teórica y práctica del Che? ¿Cuál es su actualidad? ¿En qué esferas es más actual el legado del Che? Todas estas son cues­tiones de debate antes que de apologías y home­naje.
Meterse con una figura como el Che nos exige dos co­sas: una mínima coherencia ética, política e ideológica -ética que no se conquista por el sólo hecho de impulsar una Cátedra del Che- por un lado, y por el otro, renunciar al ho­menaje santificador en la bús­queda de un traba­joso balance sobre lo que hoy necesitamos de la obra guevariana para re­componer nuestras fuerzas.
El Che fue el rostro, un emergente (quizás el mejor) de toda una tradición de luchado­res so­ciales y militantes políti­cos revolucionarios an­tiimpe­rialistas que dieron de una manera u otra sus vidas por li­berar sus respectivas socieda­des, en el marco de una reno­vada praxis internacio­nalista.
Estas generaciones tuvie­ron ciertos rasgos comunes que las distinguieron a lo largo de todo un período histórico, del resto de las corrientes polí­ticas de su tiempo, incluidas las de izquierda.
El papel de la voluntad, de la conciencia, de la crítica, la revalorización de una moral supe­radora, la reivindicación de la lucha armada como tác­tica no excluyente pero priori­taria, la lucha contra la visua­lización de la revolución por etapas, y contra los objetivis­mos sociales, o las versiones de las “leyes históricas” de la re­vo­lución socialista como paso ineluctable de una escatoló­gica filosofía de la historia.
Para el Che la tarea de un revolucionario es la de hacer la revolución, y esta idea fuerza gue­variana es la que definirá su marxismo. No es la espera del desarrollo de las fuerzas productivas lo que de­sencadenará un proceso obje­tivo, legal, astucia de la razón, sino que el papel del sujeto real, concreto-histórico, debe forzar los límites de su tiempo, subvertir la línea divisoria de lo posible-imposible, cuestio­nar los dogmas cons­truidos a partir de la difusión inmovili­zada de la última revolución triunfante.
En este sentido, el Che evoca a la crítica y al debate, a la polémica y a la diferencia supera­dora, a la revisión y a la creación. Cualquier tipo de rescate de un Che fósil, con­servador-his­toricista, cual­quier comisión de homenaje, cual­quier intento de adorar un Che de bronce es ajeno a la reivindicación de la figura del revolu­cionario que propone­mos desde la Cátedra.

Gracias: Agrupación EL MATE.
En: Boletín “Cátedra Che”, Nro. 8 – 15/11/97

DIALÉCTICA ENTRE PODER Y PROYECTO

Buena parte del movimiento popular ha caído más de una vez en un corrosivo pesimismo apoli­ticista, producto de la de­rrota pero –no nos enga­ñemos– hay razones ideológicas más profundas. Este pesimismo proviene de una dialéctica ne­ga­tiva entre el poder (concepto que alude al fin de toda política, al poder político, el estado) por un lado, y por otro, lo que he­mos dado en llamar –siguiendo a Fernando Martínez Heredia– como el proyecto. Por proyecto entenderemos aquí la so­ciedad nueva o la sociedad comunista, horizonte explícito de la pers­pectiva guevarista.
Esta dialéctica negativa –o dialéctica pesi­mista– entre po­der y proyecto podría plante­arse como la desvinculación de los momentos, por so­brestima­ción de alguno de ellos, es de­cir, por la negación de un mo­mento y absolutización de su opuesto. Asistimos así a un pragmatismo oportu­nista cuan-do sacrificamos el proyecto en aras del poder político, ne­gando la esencia de la política en el sentido de podarle a ésta su connotación de praxis transfor­madora y acomodán­dola a una eternización naturali­zante de las relaciones de opre­sión. Buena parte del progre­sismo latinoa­mericano corre el riesgo de atravesar por una si­tuación como ésta. En lo que respecta a nuestro país, este riesgo es ya realidad irreversi­ble.
Del otro lado se presenta un proyecto conce­bido como una moral principista exacerbada, el proyecto se pone a salvo del poder político. Aquí la validez del proyecto está dada por la pureza en contra de las conse­cuencias indeseables e inevi­ta­blemente aparejadas a la lucha práctica por el poder. La política es negada en la medida en que se rechaza su ejercicio concreto. Ambas versiones poseen varian­tes teoricistas y practicis­tas, estruc­turalistas y voluntaris­tas y más bien se unifican desde el momento en que se constitu­yen en justi­ficativos que niegan la necesidad imperiosa de em­prender una construcción Polí­tica, es decir, de estructurar y de organizar una voluntad na­cional –hoy diríamos regional, como lo vislumbró el Che– dis­persa en torno a intereses clasis­tas bien concretos para –a partir de ahí, o en el mismo mo­mento– disputar frontalmente el poder del Estado.
Tal vez estemos redonde­ando en este planteo la esencia del pensamiento político de Guevara. Es preciso el poder político para avanzar en la construcción del proyecto y, por lo tanto, los términos de la uni­dad, las tácticas y la articulación discursiva deben enfilarse hacia una visión del poder, del Es­tado. No es concebible una práctica política revolucionaria que no pretenda establecer una hegemonía política sobre el conjunto social. No hay política auténtica sin la legítima inten­ción de expresar la voluntad de una clase con voca­ción estatal. Por otra parte, y ligado a esto, es esencial conformar esta vo­luntad de poder a par­tir de la construcción del proyecto de nueva so­ciedad. No se trata de llegar al control del aparato del estado por cualquier medio, no es cualquier política, ni cual­quier unidad. No. Y esta nega­tiva cerrada se sustenta en la convicción de que el proyecto de sociedad a construir no es una mera idea. No hablamos de una idea buena, una idea socia­lista, ni una idea guevariana. No. Hablamos de un proyecto, esto es una articulación con­creta de intereses en torno a la hegemonía de una clase con­creta, la clase de los producto­res, y esto im­plica una cosmo­visión con eje en la reapropia­ción por parte de los producto­res directos de su subje­tividad.
No creo que haya que ac­tuar frente al Che como frente a un ejemplo opresivo, un ideal inal­canzable o un mandato me­siánico a hacer lo que él hizo y en la forma en que él lo hizo. Por el contrario, resulta absolu­tamente imperioso resig­nar guevarismos de esta naturaleza en función de abrir un debate serio sobre las bases de la re­cons­trucción de una política y una teoría revoluciona­ria a la altura de las circunstancias. Si se trata de buscar una actuali­dad en el pensamiento teórico-práctico del Che es por la cer­teza de que a 30 años de su muerte continúa inspirando a los hombres a procurarse, por medio de la lucha, un mundo mejor.
Instante, actualidad, pre­sente
Actualidad y presente no son términos plena­mente idén­ticos. ¿Cuántas cosas de este presente han perdido actuali­dad? En sentido opuesto po­dríamos constatar ¡cuánta ac­tualidad tienen cier­tas acciones e intuiciones del pasado!
Como sabemos, la idea de presente es un concepto com­plejo. Atravesado como está por relaciones de fuerzas de toda clase, la idea de presente –dice Walter Benjamin– supone una cierta capacidad de prever lo ya ocurrido. ¿De qué otra forma podríamos vivir el pre­sente sin esta capacidad de pre­ver lo ocurrido?
El marxismo, el historicismo y positivismo como concepcio­nes de la historia, dice Benja­min, fueron confluyendo por caminos distintos en una misma idea de la historia, una idea del progreso, de la tempo­ralidad homogénea, física e ininte­rrumpida.
Del historicismo y el positi­vismo Benjamin no espera nada. Pero al materialismo his­tórico, en cambio, le exige una reorientación. El marxismo debe ser subversivo, no y nunca una variante más del evolucionismo histórico. Es tan lineal el pro­greso a secas como el progreso llamado dialéc­tico.
El fin de la historia y las pretensiones de pre­dicción inte­lectualmente calculadas o prea­nuncia­das de los eventos histó­ricos son ambos produc­tos de la misma fe en la idea de un tiempo lineal.
Sin embargo, la historia es compleja y su es­tructura con­tiene temporalidades diferen­ciadas. Existe un cierto desfa­saje en ella entre presente y actualidad.
Efectivamente no tenemos forma de conocer con certezas el presente en el mismo mo­mento en el que éste ocurre. Sin embargo estamos llamados a actuar en él.
El presente entendido como un campo de batalla –un ta­blero de ajedrez–, donde se di­rimen fuerzas del pasado lleva siempre consigo la po­tenciali­dad del momento revoluciona­rio. Esta es la actualidad tal vez más profunda del Che, la de no creer en artilugios teóricos, científicos-raciona­les, en favor de la espera de un futuro a par­tir del cual ordenar el sentido del presente. El Che rompe con esa tradición futurista de la mo­derni­dad en la que buena parte del marxismo cayó du­rante dé­cadas. El desafío está siempre en el pre­sente –convergencia dialéctica de diversas tempo­ra­lidades– como un pasado constante que es ne­cesario pre­ver. Y esta idea del tiempo es también una intuición fértil para renovar nuestra propia idea de la política. Intuir, conocer, apostar, arries­gar, son verbos que habrá que volver a conju­gar a la luz de una idea de tiempo histórico realmente dia­léctico, que acepte las asime­trías entre pre­sente y actuali­dad, confusión que fomenta y aprovecha el presente para simplificarse, para eternizarse sobre el pasado oprimido, ver­dadero concepto de actualidad.
Desentrañar el lugar desde donde se ha reali­zado la opera­ción de “rescate” del pensa­miento del Che es el paso nece­sario para redondear una con­clusión provisoria. El pasado no es un simple expediente de ar­chivo, la memoria no funciona así. La historia, entendida como historia pasada, es constitución de fuerzas que pelean en el pre­sente por modificar el futuro. El pasado es cosa abierta, presión que retorna –que oprime las conciencias de los vivos, dice Marx–, fuerza actual en el pre­sente.
Esta es la fuerza de la figura del Che. Es la fuerza de una fi­gura que retorna potente, que re­abre batallas perdidas, que nos recuerda las de­rrotas que nos hacen ser y nos trae el mandato de la pelea, de la vic­toria.
Esta historia dialéctica es la que fundamenta la complejidad de cada instante como posibili­dad revolucionaria, la que nos impone el grito de los muertos como advertencia dolorosa del parto de un nuevo horizonte epocal.

Diego Sztulwark
“El Che: actualidad teórica y política” (fragmento).
En: Boletín “Cátedra Che”, Nro. 20 – 4/7/98


Cátedra Ernesto Che Guevara – Universidad Nacional de La Plata.
Domingo 16 de noviembre de 1997. Escuela Superior de Trabajo Social (9 y 63).
ENCUENTRO DE MOVIMIENTOS SOCIALES “Ernesto Che Guevara”

 

DOCUMENTO

En nuestro país, dentro de un contexto mundial signado por la “globalización”, se encuentra instalada la idea de que las instituciones político electorales son el único medio de partici­pación política, protagonismo y transformación so­cial. Se ad­vierte, sin embargo, que las grandes decisiones de poder no pasan por los parlamentos. Reducidas las contien­das electora­les a disputas de gestión dentro de un mismo modelo, cabe preguntarse, ¿desde dónde pueden los oprimi­dos ejercer resis­tencia organizada y disputar poder?. El de­sarrollo y la centra­lización de los movimientos sociales en distintos países, pare­ció la respuesta más adecuada a esta pregunta.
Una mirada a los movimientos sociales en la Argentina, nos indica que su desarrollo incipiente, y su evidente atomi­zación, está siendo saboteado por políticas ajenas que inten­tan coop­tarlos y subordinarlos, ya sea para legalizar políti­cas globales de ajuste o para sumarlos a paquetes de nego­ciación con fu­turo incierto.
La unidad de los movimientos sociales presupone un largo camino y variadas discusiones; esto nos compromete a sumar, a buscar puentes, a evadir concepciones políticas que sólo aportan a diferenciar. También nos impone un marco de trán­sito autónomo y un objetivo común de promover la resis­tencia contra el sistema, de ir desarrollando modelos alter­nativos de sociedad.
Desde la Cátedra Che Guevara de La Plata, y a 30 años del asesinato de quien nos enseñó como nadie a ponerle el cuerpo a las ideas, convocamos a este Encuentro de Movi­mientos So­ciales, que este año proponemos lleve su nombre, tratando de aportar en el camino de la comunicación, la in­tegración, la au­tonomía y el trabajo conjunto de los movi­mientos populares. 

PLENARIO DE CONCLUSIONES
“Aportes a la unificación y autonomía de los movimientos sociales”

Mesa de movimientos por reivindicaciones específicas
(organizaciones de mujeres, derechos aborígenes, y otros).
Integración entre los grupos y los movimientos territoriales y vecinales.

Coordinador de la comisión:
En la comisión de reivindicaciones específicas tra­ba­ja­mos di­ferentes grupos relacionados con la red de muje­res, con Azu­cenas Villaflor, trabajamos con el grupo de Barrio Suá­rez, Al­tos de San Lorenzo, Bosque Esmeralda, una compa­ñera de Circo Cultural de Adrogué y secundarios y universi­ta­rios.
Estuvimos trabajando basado todo en la discusión acerca de la autonomía de los grupos. Quiero aclarar an­tes que del tema de reivindicaciones específicas bá­si­ca­mente tomamos el tema mujer, el tema derechos so­bre el medio ambiente, y al­gunos te­mas cul­turales. También estaba incluido el tema aborigen pero no tu­vi­mos la suerte de contar hoy con ningún compañero que esté tra­bajando en esa área.
Comenzamos con una discusión acerca de la auto­nomía de los grupos, intentando definirla y redefinirla como paso inicial para la construcción de los movi­mien­tos sociales inde­pen­dien­tes. Lle­gamos a la con­clusión que debemos potenciar la capaci­dad de or­gani­zarse rei­vindicando nuestros derechos, pe­leando sí por subsi­dios y cosas que nos correspondan pero sin perder esa valiosa au­tonomía. La autonomía va ligada a la de­fensa de una salida polí­tica independiente con capaci­dad de pensar y cons­truir, generar nuevas actitudes y acciones y tam­bién determi­namos que hay que poten­ciar y fortalecer la ca­pa­cidad de gene­rar nuevos recur­sos humanos. También en­tende­mos que lo eco­nómico también es clave en el tema au­tonomía, y es necesario la construcción de es­pa­cios de co­municación y aseso­ramiento de diferentes gru­pos con discu­sión y sistema­tización de las ex­periencias.
Creemos que la autonomía debe estar apoyada o con­soli­dada en una red social eficiente. Creemos en la nece­sidad de experien­cias testigo que muestren a la sociedad formas de or­ganización alternativa. Estuvi­mos traba­jando en base a eso. Reafirmo el tema red, el tema de la inte­racción permanente. Cuando hablába­mos del aseso­ra­miento también es por la es­casa capa­cidad a veces de un grupo de trabajo de poder abar­car las distintas dis­cipli­nas, de pedir ayuda de diferentes sec­tores que pue­den aportar, tanto en el tema de co­municación como en el tema jurídico, etc.

Mesa de medios de comunicación
Aportes a la comunicación, el desarrollo y la unifi­cación de los movimientos sociales desde los me­dios y programas alternati­vos.

Coordinador de la comisión:
En la comisión arrancamos con una coincidencia que es la de la necesidad de organizar, de juntar a los medios alter­nati­vos que, como reflejo de la situación del movimiento so­cial, polí­tico y cultural argentino, se en­cuentran dispersos, desperdi­ga­dos, y para eso tener un contacto directo. En ese sentido se co­mentó muy es­pe­cialmente la experiencia de los compañeros de la agencia Re­dAcción que en varias zonas del gran Bue­nos Ai­res están lle­vando adelante una tarea informa­tiva importante en cuanto a la difusión de los conflic­tos socia­les y de los testi­mo­nios de los pro­tagonistas, in­formación que habi­tualmente no tiene cabida en los grandes medios. En principio se decidió co­laborar di­rectamente con la tarea de los compañeros de Re­dAc­ción, con la intención con vistas al año entrante de ex­pan­dir en todas las regionales que sea posible, en todas las zonas del país que sea po­sible, esa expe­riencia para mantener bien in­formada a la gente de cada zona so­bre lo que realizan los lu­chadores en las distintas zonas del país y no tienen repercusión en los gran­des medios de comunica­ción.
A esa iniciativa se suma la de conformar iniciativas de pe­rio­dismo itinerante, es decir, de ir hacia la gente, de ir a cubrir los hechos, aún cuando no estemos los medios de co­municación de­terminados radicados en una zona en cuestión, pero si hay con­flicto estar ahí para difundirlo. A partir de ahí se observa la nece­sidad de pensar el ins­trumento, de elaborar nuevos len­gua­jes a través de un nuevo tipo de contacto con la sociedad, un contacto me­jor y más profundo para que la ela­bo­ración de esos men­sajes no aparezca desarticulado o fuera de contexto con respecto a lo que la gente nece­sita. En ese sentido, cla­ra­mente lo que se puso era to­dos los medios que partici­pa­ron de la co­misión de co­muni­cación, de la comisión de medios, a disposi­ción de las necesidades de las otras co­misiones, a disposi­ción informativa, y todos los me­dios que estaban allí presentes se comprometieron a di­fundir las in­forma­ciones que los protago­nistas de las lu­chas so­ciales es­tán protagonizando, están lle­vando ade­lante. En ese sentido se habló de la posibilidad de di­se­ñar una nueva estrategia hacia los gran­des medios para, mien­tras in­formamos a través de los propios, te­ner pre­sencia en los grandes dentro de las posibili­dades existen­tes. Sin embargo, a partir de ahí surge un debate sobre el tema cul­tural y el tema político, y se dice que la in­ten­ción, la necesidad de los medios de comunicación alter­na­tivos no es solamente in­formar sobre lo que los lucha­dores socia­les están haciendo, sino buscar una ar­ticula­ción política entre esos conflictos para que lo­gren unifi­carse en una lucha más trascendente. En ese sen­tido se piensa que el rol de los medios de comunicación no es ex­clusivo, que la coordinación debe surgir de los mo­vi­mientos so­ciales mis­mos, pero que puede contribuir a identificar proble­mas comu­nes, a difundir experiencias comunes y a inte­rrelacio­nar ideas que están la­tentes en el seno de la co­munidad pero que pa­recen aisladas y soli­tarias según la zona en cuestión.
Se enfatizó la necesidad de llevar adelante prácticas de­mo­cráticas en los medios de comunicación alternati­vos y un pro­fundo debate político, siempre referen­ciado en las necesi­dades autonómicas de los movi­mien­tos socia­les. Y como pro­puestas concretas de tra­bajo se propone la designación de un grupo de com­pa­ñeros con la meta de organizar hacia marzo del año que viene una agenda completa de los movimientos sociales y de los medios de comunicación aquí presen­tes, de­tallando tanto las ca­rac­terísticas de estos movi­mientos y de estos sectores como, ob­viamente, direc­ciones, teléfonos, etc., y los elementos técni­cos con los que cuentan para poder co­municarse, para así de­termi­nar las formas válidas de inter­cambio de la informa­ción: si tienen teléfono, fax, o distintas vías de comuni­cación, o for­mas radia­les o audiovisuales para di­fundir la información. Es decir, ope­rar efectivamente como nexo informativo entre lo que todos esta­mos ha­ciendo y man­tenernos comunicados. En­fatizar la re­lación con los movi­mientos sociales para que la comunicación no apa­rezca des­pegada de las necesidades de los compa­ñe­ros y que la agenda incorpore no solamente a los me­dios de comuni­cación sino fundamentalmente a los mo­vimien­tos sociales, para que el mensaje emitido por estas vías de co­municación alterna­tiva no sea el men­saje que quieren los pe­riodistas en sí mismos, aunque tam­bién el que quieren los pe­riodistas, sino funda­men­talmente el que necesita la gente.

Mesa territorial y vecinal
El problema de la comida y el trabajo desde la pers­pectiva terri­torial y vecinal. La autogestión de los mo­vimientos. La vincula­ción, el trabajo conjunto y la inte­gración entre los movimientos sociales.

Coordinador de la comisión:
Había 24 organizaciones sociales. Básicamente lo que se dis­cutió, en primer lugar, era qué era lo que nos unía. Cosas que sa­lían mucho fue el tema de que, en primer lugar, cada uno de los laburos había surgido de necesidades concretas, no eran necesi­dades inventadas. En segundo lugar, todos los compañe­ros se identifica­ban con sentirse específicamente ex­cluídos de este mo­delo. En tercer lugar, había un vocabulario, proble­mas que sur­gían sin conocerse previamente, que sur­gían muy en común. Por ejemplo, el tema de que el grueso de los la­buros funcionaban ho­rizontalmente para tratar de garan­tizar la demo­cracia, el tema de pa­labras como autoges­tionar el laburo, que la gente sea prota­gonista de sus propios hechos, el tema de la crí­tica permanente no a la política pero sí a las estructuras parti­darias; son cosas que aparecieron bastante repeti­damente en cada una de las interven­ciones de las dis­tin­tas organizacio­nes sociales a medida que nos íba­mos con­tando el laburo, qué cosas hacíamos.
Obviamente se habló de la autonomía de los espa­cios so­cia­les, todos coincidían en la caracterización de que los es­pa­cios so­ciales no tenían que ser furgón de cola abso­lu­ta­mente de na­die, de ninguna estructura, y de que lo que se te­nía que tratar de hacer era de con­servar una auto­nomía y de articularse entre sí, no en­trar en una ló­gica. Otro tema que salió permanente­mente es el de la conti­nuidad de los laburos, la perma­nencia y la res­pon­sabili­dad; rechazar este tema de caer como paracai­distas a al­gún lugar, de no tener continui­dad, no cumplir con de­termi­nadas promesas. En gene­ral la característica que se daba es que había laburos en su mayoría de muchos años de estar traba­jando en un mismo te­rritorio.
Se sentía la desarticulación y la necesidad de estar juntos, y la necesidad de compartir, de superar la frag­mentación. Bási­ca­mente ahí lo que se veía, inclusive surgía de la propia reu­nión, compañeros que comenta­ban una forma de laburo con compañe­ros que jamás se ha­bían visto entre ellos y ahí descu­brían un mon­tón de ne­cesidades comunes, pero también un montón de so­lu­cio­nes y de herramientas comunes que ar­ticu­lándose en­tre ellos se podían dar. A partir de esa discu­sión es que sur­gieron siete pro­puestas concretas.
En primer lugar, la continuidad de este encuentro. Se pensó en uno próximo con fecha posible 21, 22 de marzo; el criterio de la fecha era hacerlo lo más cer­cano al 24 de marzo del 76, para recalcar que no han logrado desarticular el tejido social, que los espacios sociales es­tán vivos y están luchando. Entonces se ti­raba como una propuesta posible el 21, 22 de marzo para realizar el próximo encuentro.
En segundo lugar, una propuesta un poco coinci­dente con los compañeros de los medios de comunica­ción, por ahí con al­gunos matices que explicamos. La propuesta que surgió es de hacer un listado de todas las organiza­ciones sociales que estu­vieron acá presen­tes, y que ese listado con números de teléfono y tam­bién con las carac­terísticas de laburo y mate­riales de cada una de las agru­paciones, se haga llegar a cada uno de los com­pañeros que han participado de este en­cuentro. Esto obedecía a varios crite­rios. Primero, el criterio obvio de establecer comu­ni­cación. Pero ade­más obedece a un criterio polí­tico, que es el tema de que la in­formación y los contactos no los manejen cinco o seis compañeros que, por más buena o mala leche que tengan, siempre son los que es­tán informa­dos de todo, sino que si es­tamos hablando del tema de la horizon­talidad cada movi­miento social, cada com­pañero que vino acá tenga un material donde esté la di­rección y el número de telé­fono de cada uno de los es­pacios sociales y pueda es­table­cer los contactos y las re­laciones que quiera esta­blecer direc­tamente a partir de contar con ese material. Entonces obede­cía a un cri­terio político, con­creta­mente, lo del tema de armar este bole­tín. Para esto no­sotros pensábamos que el plenario de­signara una co­misión de compa­ñeros que se encar­gara de ese laburo, de diseñar el bo­letín y de hacerlo llegar a cada uno. Y que además se encargara de otro laburo que es el tema de las carpetas. Una cosa que surgió mu­cho es que hay expe­riencias que los movi­mientos sociales, en función de las dis­tintas temáticas, represión policial, lu­cha con­tra las empresas privatiza­das, experiencias de coopera­tivas, de edu­cación po­pu­lar, sería infinito abarcar toda la multiplicidad de la­bu­ros que se están haciendo y que se veían en esa comi­sión; hay muchas cosas que es­tán escritas y que ob­viamente se quiere inter­cambiar, en­tonces pensábamos que esos compañeros de esa comi­sión que se encar­gara de armar el boletín también sir­vie­ran de nexo hasta el encuentro de marzo para que uno le pudiera mandar las carpetas de material y que ellos lle­ga­ran a los compañeros que lo pidan. ¿Se en­tiende cuál era el crite­rio? Re­pito esta segunda pro­puesta: elegir una comisión, que diseñe un boletín con cada uno de los mo­vimientos socia­les, tipo de laburo, material, y que a su vez se encarguen de con­tacto de nexo, y que esa comi­sión no sea una cosa fija, que sea una cosa que rote, por­que tampoco es cuestión que haya compañe­ros que se crista­licen en un laburo, y que funcione hasta el próximo en­cuentro de marzo.
La tercer propuesta es de articular las distintas ex­pe­rien­cias en talleres de formación a militantes socia­les. Damos un ejem­plo concreto para que se entienda. Hay algunos movi­mien­tos so­ciales que tienen muy de­sarro­llado el tema por ejemplo del laburo con los ser­vicios públicos, con temáticas que afectan a un mon­tón de mo­vimientos sociales. Una de las cosas comu­nes que ocu­rren en estos laburos es que los com­pañe­ros que tienen una determi­nada experiencia en un tema tienen que an­dar co­rriendo de un lado para otro tra­tando de cubrir el tema de la re­presión policial o el tema de los servi­cios públicos o lo que sea. Lo ideal era poder arti­cular en el espacio que hay de acá a marzo talleres con temas espe­cífi­cos, la gente de vecinos Au­to­convocados de Glew se ofrecía en el tema de los servicios pú­blicos, por dar un ejemplo, donde vinieran los militantes de los movimien­tos sociales, se dis­cutiera ahí durante un día, cada com­pañero se llevara to­dos los materiales, las car­petas, las or­denanzas, todo lo que tuviera que ver con esa temática y en función de eso que cada espacio so­cial tomara ese tema y lo de­sarro­llara en su propio terri­torio, y no que haya compañeros que van saltando de un lado a otro, sino que cada mo­vimiento social desa­rrolle su tema en su territorio. Pen­sá­bamos que uno era lo de talleres de for­mación en servicios públi­cos, el tema de educación po­pu­lar, por­que surgieron muchos compañeros que desa­rro­lla­ban en su territorio proyec­tos de edu­cación popu­lar, o el tema de represión poli­cial. La tercer pro­puesta enton­ces es armar talleres so­bre la base de temáticas con­cre­tas y problemas con­cre­tos, cotidianos, para los militan­tes de los movimientos so­ciales que así lo quieran rea­lizar.
El cuarto tema fue el de la autonomía de las organi­zacio­nes, que ya lo hablábamos, la necesidad de articu­larse, se lla­maba de distintas maneras, compañeros que lo denomina­ban una cen­tral de movimientos sociales, otros hablaban de federa­ción, otros de coordinación, lo concreto era que había una ne­cesidad común, más allá de los nombres, de mantener una ins­tancia de coordi­na­ción y de profundizarla.
Otra propuesta es avanzar en la discusión de políti­cas y de temas globales que afectaran a todos nacio­nalmente. Lo que se pedía era que para el segundo en­cuentro se tomaran en cuenta elementos que nacio­nalmente tuvié­ramos que discutir para te­ner propues­tas globales e ir viendo cómo en los distin­tos cam­pos el modelo está avanzando y nos está destruyendo, en el campo de la sa­lud, de la educación, en fin, tratar de em­pezar a siste­ma­tizar al­gunas ideas globales que pue­dan vincu­lar toda la amplitud y hete­rogeneidad de la­buros que vimos que hay en este espacio social.
Otra propuesta que se tiró como elemento para avan­zar en común es juntar firmas para derogar la or­denanza provin­cial 165. Lo explicamos rápidamente porque hay carpetas a dispo­si­ción de quien lo quiera profundizar más. Concreta­mente en la provincia de Buenos Aires el gobernador que más obras hace, las obras en general, esto es algo que se desco­noce mu­cho, se hace bajo la or­denanza 165, donde la gente pone en hipoteca sus casas, en el 70% de los casos sin sa­berlo. Obras de gas, de as­falto, de cloacas, de agua, se hacen bajo la ordenanza 165, que es una or­denanza de la época de Lanusse que jamás fue de­rogada y que se ha empezado a uti­lizar ahora en todas las obras públicas y que es un tema que curiosamente, pese a que hemos acumulado carpetas, se han enviado a un montón de medios nacionales, nadie le quiere dar bola, porque la cantidad de inte­reses que se mueve alre­dedor de esto es fundamental. Las em­presas privatizadas es­tán labu­rando en conjunto con el Banco Provincia para reali­zar una estafa organizada a la gente y esto no es mera pa­la­bra, tenemos las or­denanzas, tene­mos las plani­llas, tenemos las resoluciones de los distin­tos con­cejos, o sea hay una car­peta con material como para demostrar fehaciente­mente lo que estamos diciendo acá y que su­cede en cada una de las obras o frecuente­mente en los asfaltos que se traza en cada uno de los ba­rrios. Como veíamos que era un tema que podía afectar al conjunto de la provincia de Buenos Ai­res, veíamos como una de las tareas de esos espacios que se creen, ta­lleres, etc., laburar concretamente, primero para que los compa­ñe­ros se informen y conozcan esto, porque esta­mos ha­blando de algo que afecta a centena­res de miles de per­sonas, no son me­ras pa­labras; y después para em­pezar un laburo concreto para lograr la derogación de esta or­denanza que está vigente desde la época de La­nusse.

Mesa de desocupación y proyectos productivos
Formas alternativas de producción como respuesta a la deso­cupación estructural del modelo y como herramientas para la resistencia.

Coordinador de la comisión:
Participó gente de Autoconvocados de Glew, de tra­bajo co­munitario, Cooperativa El Ñandú, trabajo de api­cultores, coope­rativa de apuntes de comunicación, com­pañeros de Luján, com­pañeros que están haciendo un trabajo en Los Hornos, compañe­ros de Pascana (Córdoba), compañeros del MO­RREFE, compa­ñeros de toma de casas de Capital, com­pañeros del proyecto pro­ductivo de Pascana (Córdoba), pro­yecto de Monte Maíz, la Coo­perativa el Campeador (Córdoba), com­pa­ñeros de extensión de la facultad de Cien­cias Exac­tas (UBA).
Respecto a las conclusiones, los grupos plantearon, a par­tir de una socialización que nos llevó como tres horas, que tenía­mos unas cuantas experiencias en tie­rra, a par­tir de pe­queños trabajos de cooperativas o emprendi­mientos en tierra, y pudi­mos compa­rarla en algunas co­sas con experiencias que tenían que ver con la toma de casas. De esa comparación aparecen al­gu­nas discusiones respecto al tema de la propie­dad, y una de las conclusio­nes era avanzar sobre lugares donde la propie­dad está más di­fusa. En general las experien­cias en tierra se están ha­ciendo en lugares como son ban­qui­nas, vías, y los com­pañeros planteaban además con respecto al tema de toma de ca­sas, que se buscaba fun­damen­talmente aque­llos lu­gares aban­donados o más desprotegidos. En am­bos ca­sos, en el caso de toma de tie­rras como en el caso de toma de casas, se le da mu­chísima im­portancia al tema de los grupos humanos, de no for­zar la for­mación de grupos huma­nos a partir de la necesi­dad, sino me­terse en estos emprendi­mien­tos a partir de un conocimiento pre­vio. Incluso a veces pen­sando en cubrir cier­tas formas le­gales, como por ejemplo el tema de formar una coope­ra­tiva, que fal­tan miembros, es más impor­tante que el grupo humano sea só­lido que inventar gente que real­mente des­pués el día de mañana nos plantee al­gún tipo de con­flicto; viendo que lo legal se puede arreglar. Lo que no se puede arre­glar es la constitución de gru­pos hu­ma­nos donde tenemos de­masiados problemas.
Con respecto al tema de la tierra los compañeros plantea­ron que la tierra se vive incluso con escasa can­ti­dad de hectá­reas. El problema tiene que ver con el di­nero efectivo y allí se plantea­ron problemas de comer­cializa­ción. Ahí tratamos de ver y dis­cutir la posibilidad de co­nectar distintos movimien­tos. Por ejemplo la Coopi tiene un supermercado no tan lejos de donde los compañe­ros están produciendo quesos o están produ­ciendo cabritos, o es­tán produciendo otro tipo de cosas; y buscar la forma de conexión entre los emprendimien­tos productivos soli­darios y los em­prendimientos coo­perativos solidarios que tienen alguna forma de co­mercialización.
Hubo toda una discusión sobre el papel de los em­pren­di­mientos y además sobre los créditos que se otor­gan a esos em­prendimientos. Se planteó golpear todas las puertas, pero ser concientes que la plata que viene a tra­vés de las fundacio­nes, que viene a través del Banco Mundial, no es para orga­nizar, sino que fundamental­mente tratan de aumentar la fragmenta­ción.
Se planteó que también los emprendimientos deben ser no un lugar de salvación individual, no un lugar donde cinco o seis trabajadores solamente dejen de ser desocupados, sino con­ver­tirse en verdaderos bastiones para seguir adelante la lucha, y además como peque­ños proyectos piloto, lugares donde empe­cemos a de­mos­trar que se puede vivir, que las or­ganizaciones so­ciales y eco­nómicas se pueden hacer de otra manera.
También hubo una discusión con respecto a la clase obrera. Caracterizamos a los desocupados como parte de la clase obrera, pero también planteamos la necesi­dad de que se au­toor­ganicen. Es decir, esta atoorgani­zación de los desocu­pados, que consideramos trabaja­dores, lo ve­mos como parte del forta­leci­miento de las luchas tam­bién de los trabajadores ocupa­dos. Y buscar además la posi­bilidad de que esas luchas se rela­cionen. Se contó una experiencia muy explicativa que es el caso de Fiat Cór­doba, donde un conflicto de los traba­jadores de Fiat Cór­doba fue rodeado por la solidaridad y por la ocupa­ción de tra­bajadores de­socupados.
Con respecto a la parte organizativa se plantearon, por un lado, la necesidad de la organización de los mo­vimientos so­cia­les como una cosa importante. Se planteó también de par­tir, al principio, de pautas flexi­bles en lo organizativo en la medida de ir avanzando, pero sí se planteó que los marcos políticos de esa or­ganización no pueden ser tan amplios, tan flexibles. Es decir, acá en este encuentro se partieron de con­clusio­nes o de ideas muy ge­nerales, pero que creemos que habría que mante­ner, es decir, las organizaciones de movi­mientos sociales, lo que vamos armando se define a partir de estar contra el modelo, de luchar contra el sistema, y a partir de rei­vindicaciones muy elementa­les pero muy indispensables, como que ningún argen­tino pase hambre, el enfrenta­miento a la violencia policial, la vigencia de los derechos humanos, etc.
Permanentemente en todas las reuniones de las co­mi­sio­nes apareció el tema de aprovechar lo que te­ne­mos, es decir, hay un montón de experiencias que nos sirven y que nos son útiles. En­tre esas experiencias mencionába­mos a la experien­cia de Pas­cana, en donde los compañe­ros han formado una escuela, donde se reali­zan pasan­tías, donde se demuestra que se puede sobre­vivir en pe­queñas extensiones de tierra.
Integrante de la comisión:
Las conclusiones son conclusiones-propuestas. Lo que sur­gió fue la propuesta de redactar un boletín in­for­mativo que lle­gue a todas las organizaciones que estuvie­ron aquí presentes, y otras que no pudieron es­tar, plante­ando todas las conclusiones de este encuen­tro y las pro­puestas que salieron. Otra propuesta es que se organicen reuniones por zona, es decir, como zona sur, se haría una reunión con todas las or­ganizaciones de mo­vimientos sociales que existan en el lugar; y también reuniones por área, desocupa­dos, movimien­tos ba­rriales, las distintas áreas que estuvieron aquí presentes. También se planteó la ne­cesidad de consti­tuir un equipo de apoyo técnico que genere asesora­miento y todo tipo de apoyo de ges­tión a los distintos trabajos. También una ins­tancia de coordi­nación de movili­za­ción. Es decir, se decía de que acá a La Plata, por el hecho de que la gobernación está acá, vienen grupos de todas las zonas a hacer manifesta­cio­nes. Que se in­tente con los sectores que están cerca hacer un apoyo a esa movilización y coordinación de la movili­zación. Y se pro­pone or­ganizar un próximo en­cuentro para los días 21 y 22 de marzo en Lomas de Zamora. Los com­pañeros de esa re­gión de zona sur se­rían los encar­gados de la organización, se propuso que se su­ma­ran compañeros de Pas­cana a la organi­zación, y también to­dos los compañeros que quieran colabo­rar en la organi­zación de este en­cuentro.

Mesa de derechos humanos y represión policial
Organización y defensa frente a la represión policial desde los movimientos territoriales.

Coordinador de la comisión:
Estaba conformada por la CORREPI, la agrupa­ción Forja de Derecho, que forma parte de otra comi­sión que tra­baja sobre mi­noridad desde la FULP, es­taba la Coor­dinadora Sur contra la re­presión policial e institucional, el grupo Al Borde que perte­nece a la Coordinadora (Longchamps), un abogado del grupo de coope­rativas, la Coordinadora de Es­tudiantes Secun­darios, Autoconvo­ca­dos de Glew, la Comi­sión de Familiares, Amigos y Com­pañe­ros de Miguel Bru, y militantes del barrio 3 de Junio de Plátanos.
En principio, en relación al tema represión charla­mos que so­cialmente estaba muy vinculado al tema de la se­guridad, muy instalado en los medios, y lo que planteá­bamos en esta comi­sión es que en realidad el problema era la represión, y el accio­nar re­presivo como una pata indispensable para que este mo­delo se siga manteniendo.
En relación a la seguridad y la preocupación en los distin­tos lugares, en los barrios, sobre el tema de la de­lincuencia y de los robos, que es producto de estas po­líti­cas; y revertir la idea tan generalizada de reclamar por mayor cantidad de po­licías y que las penas sean más se­veras, cuando en realidad es este mismo sistema el que está generando la falta de posibili­dades y de oportunida­des más que nada en los jóvenes, y la falta de tra­bajo.
En cuanto al tema de las distintas movilizaciones y re­cla­mos y las marchas, lo que veíamos es que el tema de la re­pre­sión se está judicializando. En todas las ma­nifes­taciones los compañeros detenidos están siendo procesa­dos; en otros mo­mentos lo que se hacía era contraven­cio­nes a través del código de faltas o en capi­tal con el tema de los edictos, y ahora cada vez la mano se pone más pe­sada, y en torno a eso hay que em­pezar a organi­zarse me­jor.
En relación a la policía hablamos de cómo está aso­ciada a las grandes mafias, del narcotráfico, el poder político, y la pro­puesta en general, lo que más revalori­zá­bamos, era el tema de que en cada barrio, cada ve­cino se involucre más, se compro­meta ha­cia la recom­posición de la solidaridad del ba­rrio. En el caso puntual de las de­tenciones, o cuando detienen a pibes en un ba­rrio, que el resto no dé vuelta la cara o mire para otro lado, sino el hecho de acompañar, de ir a cada co­misa­ría a re­clamar por la li­bertad del detenido.
Tender a crear un contrapoder a partir de la organi­za­ción social y no sólo alrededor del tema de la repre­sión sino a pro­ble­mas comunes de ese barrio o de esa zona. Un punto de par­tida se­ría romper el aislamiento de las distintas problemá­ticas socia­les que se presen­tan, facili­tando respuestas más in­tegrales y so­bre todo desde la or­ganización y movilización de la gente. Una de las pro­puestas es que más allá de hacer un en­cuen­tro ge­neral haya encuentros a nivel regional, que ya se es­tuvo pro­po­niendo en otras comisiones, y que logren superar la socializa­ción de las experiencias, que real­mente sean de coor­dinación de acciones.
Específicamente para esta zona hay una actividad que la está por llevar a cabo la comisión de minoridad de la FULP, que se va a desarrollar en diciembre, que es la presentación de un proyecto alternativo hacia la reforma de la ley del Pa­tro­nato del Menor 10.667, lle­vando a la práctica la Conven­ción de los Derechos del Niño. Este grupo sería el referente para esta reu­nión a nivel zonal. Después se habló de la orga­nización de ta­lleres sobre te­máticas que pudiéramos determi­nar las organi­za­ciones, pero que no se les dio forma.

 

Conclusión

Guillermo Cieza:
Compartimos la necesidad de continuar este es­fuerzo den­tro de los marcos planteados, dentro de la au­tonomía, dentro de los marcos de que nos plantea­mos una lucha contra el sis­tema, den­tro de los marcos que nos estamos planteando de que la autoor­ganización de los movimientos sociales debe ser en­carnada por los movi­mientos sociales. Ese es un punto de acuerdo.
Queda la realización de un nuevo encuentro con la po­si­bi­li­dad de armar algo para el mes de marzo, se ha­blaba de 21, 22 de marzo, y además esto tenía una fundamentación: el 24 de marzo significó un golpe tremendo en el sentido de una frag­mentación de las re­des sociales. Había una pro­puesta que los compañeros de la zona sur, de la línea del eléc­trico, Lo­mas de Za­mora, Témper­ley, Glew, Almi­rante Brown, to­ma­ran la po­sibilidad de la organi­zación del en­cuentro, más los compañeros que se quisieran su­mar a este trabajo, for­mando así una comi­sión proviso­ria. El grupo de emprendi­mientos agregaban a compañe­ros de Pascana como im­por­tante que participara; hay compañe­ros como la Coopi de Cór­doba, que además tie­nen ex­pe­riencia en organización de encuen­tros, que también sería im­portante que estuvieran. Se planteaba como lu­gar ten­tativo la Universidad de Lomas de Za­mora, hay compa­ñeros de la uni­versidad que dijeron que no ha­bía pro­blema con respecto a las instalaciones.
En principio quedaríamos el 21 y 22 de marzo en la Uni­versi­dad de Lomas de Zamora, donde ya organiza­ríamos el se­gundo encuentro que ya quedaría a cargo de los movimien­tos sociales de la zona: La Movida de Lo­mas de Zamora, El Fueye de Claypole, El Galpón, RedAcción, Vecinos Auto­convocados de Glew, Grupo Cul­tural Al Borde de Long­champs, Comete a los Ricos de El Ja­güel, ATE Sur, Con­greso de los Po­bres del Cuartel No­veno.

 

Coordinador de la mesa de medios de comunicación:
Sobre los compañeros que participaron en la co­mi­sión de medios de comunicación, pero supongo que tiene que ver con otros, obviamente en este plenario no esta­mos volcando el ri­quí­simo debate que se dio en to­das las comisiones, sino una sín­tesis apretada. En ese sentido, todas las observaciones son con­tenidas y es bueno que la iniciativa particular de cada sector tam­bién cobre vuelo de aquí a marzo, a través de reu­nio­nes y encuen­tros que tienen libertad todos de ir convo­cando.
En el caso de los medios de comunicación, para en­cuentro de medios alternativos, de periodistas alterna­ti­vos que traba­jan en los medios, pueden convocarse, ne­cesitaríamos que se vaya convo­cando, como lo ha­blamos en la comisión, encuen­tros de aquí hasta marzo para in­tercambiar información, opiniones, ex­pe­riencias y poner en marcha determinados tra­bajos. Es decir, la idea no es reunirnos para convocar sim­plemente la reunión que viene, sino ir desarrollando ta­reas conjun­tas desde abajo ahora, en esta instancia y en estos me­ses que vienen.

 

Coordinador de la mesa de movimientos por reivindica­ciones específicas:
Quiero también poner algo que salió de la comi­sión y tam­bién es­cuché a los otros compañeros, como subra­yarlo un poco, es esa posibilidad de interactuar desde las distintas ins­titucio­nes, las dis­tintas personas que están trabajando en esto, la po­sibili­dad de ge­nerar una red que, tal vez no se vea plas­mada en lo inme­diato, pero sí para ir pensando y para ir cons­truyendo.

PANEL DE CIERRE

Guillermo Cieza:
Le vamos a dar la palabra, en primer lugar, al compañero del Congreso de los Pobres.

 

Integrante del Congreso de los Pobres:
Bueno, creemos que hoy ha sido una jornada muy impor­tante para nosotros, que estamos en la búsqueda de encontrar una iden­tidad, todos estos grupos que estamos realizando tareas sociales a lo largo de mucho tiempo, de muchos años. Nosotros hace 12-15 años que estamos trabajando en el barrio, o sea, no llegamos hoy. Muchas veces hemos decaído, muchas veces he­mos avanzado para adelante, hemos estado mejor que ahora en el plano social, y hemos caído, y bueno, hemos aprendido, he­mos tenido un largo aprendizaje. Hoy creemos que hemos me­jorado un poco más la propuesta, en la visión también, creemos que hoy tenemos una visión mucho más amplia de la necesidad de crecer y avanzar en una organización, en una organización que nos contenga a todos los trabajadores sociales, a todos los que realizamos esta pro­puesta. Entonces, fue muy importante hoy en el marco de contar­nos todas las experiencias, todas nues­tras vivencias. Pero hoy nos vamos con una visión mejor, creo, la idea de que en marzo vamos a avanzar a una nueva etapa, a una nueva organización, o sea, no sé si organización, a un nuevo encuentro. Eso nos está permi­tiendo avanzar en la orien­tación, en esta nueva orientación.
Nosotros con los trabajos sociales siempre hemos estado a la cola de los partidos políticos, o sea, los partidos políticos se han nutrido de los trabajos barriales, los sindicatos también, sin que­rer, por ahí, pero nosotros hemos sido el sánguche de todas estas organizaciones. Hoy creo que las organizaciones sociales tienen que tener un perfil propio, y lo estamos empezando a de­finir. Creo que esto puede llegar a generar, por ahí, algunas cuestiones distin­tas, o sea, algunos lo pueden ver de alguna forma distinta, pero nosotros creemos que es así, creemos que hay que empezar a de­finir una visión propia, una visión distinta que aporte a una iden­tidad. Creemos que somos producto de una cosa distinta, porque esta sociedad de exclusión ha gene­rado nuevas formas de vida, ha generado un nuevo sujeto so­cial, o sea, nosotros acá no estamos sindicalizados, y sobrevi­vimos, estamos acá. Entonces, por ahí, no nos sentimos interpre­tados ni por la CGT… o sea, acá hay eco­nomías total­mente distintas, están los que venden empanadas, los que ven­den pasteles, los que venden su mano de obra, los que cambian cosas para comer permanentemente como forma de true­que, y eso es parte de una realidad.
Lo que nosotros creemos que acá tenemos que avanzar en una visión distinta, en marzo, nos parecería a nosotros que ten­dríamos que avanzar en la idea de generar una organización de nuevo tipo, llámese como se llame, pero que tiene que ser de nuevo tipo, y en esa visión, sin los partidos políticos, sin nada, o sea, concreta­mente, nosotros solos, los grupos sociales avan­zando. Porque en este país los grupos sociales, los grupos que están excluidos, son mucho más de cinco millones, esto es un nuevo poder que está en la Argentina, concretamente. Entonces, hay que empezar a defi­nirlo. Acá hay mucha gente que está excluida, nosotros formamos esa parte. Acá las elecciones marcó una clara tendencia: cinco millones de personas que no votaron, eso es una realidad, y otros cinco millones que votaron por otras cosas. Entonces, marca una cuestión que hay que em­pezarla a ver, me parece. Estos grupos sociales, nosotros, mar­camos una nueva identidad. Creo que es­tamos marchando hacia esa cuestión, y me parece que nosotros vamos a poner mucho esfuerzo como grupo, en Lomas vamos a bancar para que todo salga bien, vamos a trabajar, creemos que vamos a hacer lo im­posible para que el 22 y el 23, o el 21 y 22 hagamos una buena, que hagamos un buen encuentro. Y aportar, yo creo que de acá aquel que conozca uno o dos trabajos sociales, y aportar a la discusión porque acá esto es una cosa nueva y que tiene que ir en crecimiento constante. Eso me parece que es lo que quería­mos expresar ahora.

 

Integrante de la Cooperativa Integral:
Nosotros somos de la Cooperativa Integral de Carlos Paz. Es una cooperativa que presta servicios públicos, es una insti­tución que fue creada hace 30 años atrás y, particularmente, la última década su dirigencia ha sido ocupada por gente que es­taba en el gremio de la Cooperativa, y ha logrado revertir el fla­gelo que era la falta de agua en Carlos Paz y, sobre todo, poder implementar una política de carácter social coherente con lo que son los estatu­tos del cooperativismo con la ciudad de Car­los Paz y, sobre todo, con las comunas aledañas. Obviamente, dentro de este marco pri­vatizador la Cooperativa es concesiona­ria del servicio, la conce­sión se la brinda la municipalidad, y dentro de esta ola privatiza­dora también tuvimos que enfrentar al poder político de turno para lograr un nuevo contrato que nos permita medianamente se­guir trabajando. Eso nos implicó un año de lucha compuesta por marchas, trabajo en los barrios, inclusive con haber montado frente a los parques de la munici­palidad, también, una carpa donde estuvimos durante 20 días. Y logramos, hoy podemos decir que hemos logrado tener éxito en esta pequeña batalla de recon­quistar un contrato de conce­sión por 10 años, así que por los próximos 10 años la Coopera­tiva va a poder seguir trabajando y aplicando una política social en cuanto al servicio, dentro de lo que son los servicios públi­cos, pero, principalmente, en el desa­rrollo de toda actividad cul­tural que, por otro lado, es lo que nos ha convertido en una ins­titución paria para el poder político local.
Pero en este sentido, la Cooperativa como que se ha im­puesto muy claramente cuáles son los lineamientos de cuál es el trabajo a realizar. Se trata de ser coherentes con los princi­pios sociales que tenemos a partir de ser, de cumplir con el esta­tuto del cooperati­vismo, y tratamos de generar todo un desarro­llo de actividades culturales, como es un encuentro latinoameri­cano de la coopera­ción, que nos permite entrar en contacto con todos los movimien­tos sociales, razón por la cual nosotros es­tamos acá.
La Cooperativa tiene 20.000 usuarios, presta el servicio de agua en Carlos Paz y en algunas comunas, también, presta el servicio de agua y servicio telefónico, principalmente con una política de servicios públicos en aquellos lugares donde las gran­des empresas no lo prestan, porque no son redituables. Eso nos permite, por un lado, trabajar tranquilos porque, obvia­mente, los grandes monopolios nos dejan trabajar tranquilos en el sentido que no se fijan, hasta que nos podemos posesionar. Y las conquis­tas que hacemos a través del servicio y a través de la prestación, de la puesta al servicio de la comunidad de todas las herramien­tas, tanto de recursos humanos como técnicos que tiene la Coope­rativa, es lo que nos ha dado la posibilidad de haber bancado esta lucha contra el poder político que, concre­tamente, quería privati­zar el servicio y dárselo a Aguas Cordo­besas, que en Buenos Ai­res es Aguas Argentinas. Y nosotros, a través de una lucha con un gran sustento, con un real poder so­cial debido a la política que llevamos en los barrios, nos ha permitido bancarnos ese ataque y poder subsistir.
La idea que ese poder social ahora se siga legitimando, par­ti­cipando en este tipo de encuentros, donde creemos que la base es la continuidad de los mismos y, por sobre todo, es la opera­tividad y la organicidad de las actividades que aquí se piensan. El tema es tomar las experiencias de cada uno de nosotros que formó parte o que participamos de estos encuentros, pero llevar­los a la práctica en forma inmediata, porque creo que es el paso que tenemos que dar los movimientos sociales. La experiencia nos ha indicado que nuestras ideas están fuertes, están profun­dizadas, y ya es hora de que convirtamos todas las ideas en prácticas reales, a través de servicios o de cualquier otra activi­dad que nos permita seguir siendo coherentes. Nada más.

 

Integrante de RedAcción:
Es cortito y claro el proyecto. Es un proyecto de comunica­ción comunitaria. Funciona a través de cuatro organizaciones: una agrupación estudiantil, ATE, y un par de organizaciones so­ciales de ahí de Lomas de Zamora y de Almirante Brown. La idea es que las mismas organizaciones sociales que producen hechos traigan la información, se centralice esa información, o cualquier conflicto social que no aparece en los grandes medios de comuni­cación, se centralice en una especie de agencia de in­formación, y se produce en forma radial y en forma escrita. Se graban en un casete de 15 minutos, de un lado se graba toda la información, del otro se hace un especial de cualquier aconte­cimiento social impor­tante o de algún tema de investigación en especial. Junto a eso se entrega toda la información que ande dando vueltas a través de periódicos, revistas, todo lo que las organizaciones aporten de in­formación se centraliza y se re­parte, hoy por hoy, a alrededor de 100 radios comunitarias de la zona de Lomas de Zamora, Almi­rante Brown, Esteban Echeve­rría y ahora Solano y Quilmes. Esto es barato y es posible. En­tonces, lo que nosotros lo que tiramos como propuesta a reali­zar por otras organizaciones sociales de distintas zonas. Eso es básicamente el proyecto. Lo demás es tra­bajo.

 

G. Cieza:
Ahora le vamos a dar el cierre al Negro López.

 

José López Mercao:
Bueno, yo lo primero que me pregunto es por qué tengo que tener el cierre yo acá, y agradezco a todos los compañeros el he­cho de estar cerrando esta jornada en la que aprendí muchí­simo, de verdad. Y creo que en ese interrogante de por qué me dan el privilegio de cerrar esta jornada creo que tiene que ver mucho con el pasado, con todos los compañeros que no están, con lo que uno malamente representa de una época que a noso­tros nos está dando fuerzas e inspiración para seguir en esta lu­cha, que es la de todos. Y cuando digo que he aprendido mu­cho, había sido invitado y vine en nombre de mis compañeros para la Cátedra Che Guevara, para decir algunas palabras en el 30 aniversario de la muerte de alguien que fue mucho más que un padre ideológico, mucho más que un padre ideológico para nosotros, sino que fue la expresión más depurada de todos los anhelos y la pureza de una generación que ha sido maltratada por la historia, y que es difamada, incluso, por los ideólogos de esos que componen la historia oficial. Y, de alguna manera, ato lo que escuché hoy con lo que discurrimos, con lo que pensa­mos ayer.
Una querida señora, un ejemplo, Reina decía por qué quedó solo el Che. Y que creo que quedó solo el Che, en parte, por su propia naturaleza, tam­bién, porque protagonizó una búsqueda con un carácter antici­patorio tan grande, que es también la bús­queda de este fin de siglo, es la búsqueda que protagonizamos no­sotros. Es decir, yo cuando vine acá me encontré con el pre­rre­quisito para concretar cualquier objetivo, me encontré ex­presio­nes disímiles de tra­bajo, que expresan diferentes necesi­dades de la gente, pero en­contré en todos humildad, trabajo, ca­rencia de so­berbia, me en­contré sobre todo fraternidad, compa­ñerismo y amis­tad. Y des­pués de todos aquellos fuegos de los años 70, cuando nos reen­contramos con viejos amigos, sin sa­ber cada uno de nosotros que estábamos vivos, uno de ellos me dijo una frase inolvida­ble. Me dijo mirá Negro, de todo lo que he pensado en todos es­tos años yo te diría una sola cosa: una revolución se hace con amigos. Y en un sentido amplio, en un sentido generoso, la ex­presión es absolutamente correcta. Es decir, yo vi acá amistad, vi un relacionamiento franco, sano, que creo que es la pre con­di­ción para todo lo que se van a plan­tear en el futuro, que no va a ser fácil, que va a ser muy difícil. Porque también otro com­pañero me dice, por ahí, se nos escu­rrió el sujeto social, yo que viví toda la vida pensando que ha­bía un sujeto social, estructu­rado, verte­brado, llamase clase obrera o no se le llamase, en es­tos momentos nos cuesta ubi­carlo. Pero creo que en esa debili­dad también está nuestra ri­queza. También la búsqueda del Che fue una búsqueda de esa pureza, de ese sujeto social, de ese pro­tagonista de los cambios. Y también él lo buscó en la Sierra Maestra, también re­corrió toda América Latina antes, llegando a conocer a aquellos revo­lucionarios del 26 de Julio, llegando a protagonizar la aven­tura del Granma y retirándose en determi­nado momento de esa Re­volución, que él había contribuido como pocos a forjar, para ir a buscar nuevos espacios de pu­reza, para dilatar y para pro­fundi­zar esa Revolución, ya fueran en el Congo, ya fueran en el cora­zón de Bolivia.
Yo creo que cuando nosotros hablábamos ayer de su legado, hoy se está realizando también el legado del Che, también pro­ta­gonizando esa búsqueda, con sujetos sociales de repente más ubi­cuos que aquellos, porque los sujetos sociales pueden ser los mu­chachos que andan atrás de las vacas allá por Pascana, me­jorando la calidad de vida de su gente; o los muchachos de Vi­lla Carlos Paz, que andan enredados entre los ductos de agua, poniendo una propuesta distinta para la salubridad, para la hi­giene y para el progreso de su población; o todos ustedes, cada uno con sus micro proyectos, con sus pequeños proyectos, refe­ridos a cosas muy elementales a veces, a necesidades insatisfe­chas de la gente, pero que son producto de una búsqueda colec­tiva, de una búsqueda que estamos encarando entre todos, y que a veces rebasa nuestras fuerzas. Porque muchas veces comen­zamos a luchar y vemos que esa lucha se disuelve y no nos queda nada. Pero siempre nos queda ese remanente de con­fianza, ese remanente de práctica, ese remanente de amistad. Y yo creo que sobre eso vamos a constituir algo más sistemático en el futuro. No nos debe asustar la falta de sistematicidad. En la sistematicidad a veces está contenido el germen del autorita­rismo, el germen del sectarismo. Estamos abiertos y creo que estamos vivos. Y yo les agradezco profunda­mente, compañeros, el haberme hecho sentir como un amigo aquí, el compartir esa confianza, y en la medida de las posibilidades nuestras toda esa riqueza que ustedes me han volcado trataremos de volcarlas con nuestros compañeros, con nuestro pueblo, para la causa de us­tedes, que es la causa de todos. Muchas gracias. 

ORGANIZACIONES QUE PARTICIPARON

Casa de la Mujer Azucena Villaflor; Red de Mujeres Zona Sur; Grupo del Barrio Suárez; Barrio Altos de San Lorenzo; Bosque Esmeralda; Circo Cultural de Adrogué; Autoconvo­cados de Glew; Cooperativa Integral, Carlos Paz (Córdoba); Escuela Nº 25 (La Plata); Congreso de los Pobres (Cuartel Noveno, Lomas de Zamora); Casita de Gonnet; Centro Cul­tu­ral Rincón (Tigre); Comete a los ricos (Almirante Brown); Coordinadora de Estu­diantes Secundarios; Grupo de Alfabe­ti­zación (Gonnet); El Fue­lle (Claypole); AUCA; Grupo Al Borde (Longchamps); Grupo de Abogados (Córdoba); Coor­dina­dora contra la represión poli­cial e institucional (CORREPI, Capital Federal); Taller Infantil Carlos Lebed (Berisso); El Gal­pón (Almirante Brown); Centro de For­ma­ción Profe­sional (Romero); ATE Gran Buenos Aires, Zona Sur; Grupo Barrio Ramón Carrillo; APDH La Plata; Grupo Río Cuarto; Mate Amargo (Uruguay); programa La Señal; programa De voz en voz; revista Retruco; revista La Grieta; FM Vida (Neuquén); revista Juana Azurduy; agencia RedAc­ción; perió­dico De mano en mano; agrupación Haroldo Conti (Facultad de Periodismo, UNLP); programa Cascarudo (Quilmes); Trabajo Comuni­tario; Cooperativa El Ñandú; Api­cultores La Plata; Coo­perativa de apuntes de comunicación; Grupo Barrial de Luján; Graduados de Agronomía de Luján; Compañeros que están ha­ciendo un trabajo en Los Hornos; GTC de la Facultad de Ciencias Exactas (UBA); Grupo de Pascana (Córdoba); Cooperativa El Campeador, Monte Maíz (Córdoba); MORREFE (Ferroviarios); Trabajadores Toma de casas de Capital; agru­pación Forja Dere­cho (UNLP); Coor­dinadora Sur contra la represión policial e ins­titucional; Ase­sor Legal de acción coopera­tiva; Comisión de familiares, amigos y compañeros de Miguel Bru; Nota al pie; Al Avio; Movida Universitaria (Lomas de Za­mora); El Mate.

 

Cátedra Ernesto Che Guevara – Universidad Nacional de La Plata.
Sábado 7 de marzo de 1998. Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC), Córdoba.
ENCUENTRO NACIONAL DE CÁTEDRAS ERNESTO CHE GUEVARA.

BALANCE 1997 

La Cátedra Ernesto Che Guevara de la Universidad Nacio­nal de La Plata comenzó a dictarse el 30 de agosto del año pa­sado. El curso constó de 12 clases y se extendió durante todo el cuatri­mestre, terminando el 15 de noviem­bre. Cada clase tuvo una du­ración promedio de dos horas, y las mismas se dictaron semanal­mente los días sábados a las 18 horas en el edificio del ex Jóckey Club de la UNLP (calle 48 e/ 6 y 7) y en la Facultad de Humani­dades (ubicada en la misma cuadra).
La convocatoria a la Cátedra se realizó en forma ma­siva, no sólo en las facultades sino también a través de afi­ches calle­jeros y de algunos medios comunitarios. La ins­cripción fue abierta a toda la comunidad, y se llevó a cabo en diferentes fa­cultades, en las calles céntricas de La Plata, y también durante las primeras clases. El número de ins­criptos llegó a superar los 1000, la ma­yoría jóvenes pero también de diferentes edades, y entre ellos hubo estudian­tes universitarios de las carreras de Agronomía, Ar­quitec­tura, Ciencias Económicas, Ciencias Na­turales, Derecho, Educación Física, Filosofía, Geofísica, Geo­grafía, His­toria, In­formática, Ingenie­ría, Letras, Medicina, Odontología, Periodismo, Plástica, Psicología, Sociología, Tra­bajo Social, Veterinarias; es­tudiantes se­cun­darios; y personas sin ninguna relación con el ámbito edu­cativo y universitario.
La concurrencia a la Cátedra fue variando, ya que mu­chos dejaron de ir después de las primeras clases y otros se interesa­ron sólo en algún tema del programa o en la ex­posición de al­gún do­cente en particular. Hubo un núcleo de aproximada­mente 300 personas que asistió regular­mente. Se extendió un certificado de asistencia a aquellos que concurrieron al 70 % de las clases.
En cuanto a la inserción institucional de la Cátedra, la misma fue declarada como Cátedra Libre de la Facultad de Humanida­des y Ciencias de la Educación. Además, tiene carác­ter curricular en tres carreras: – es seminario optativo para los estudiantes de to­dos los años de la Escuela Supe­rior de Trabajo Social; – es mate­ria optativa para los estu­diantes de la carrera de Sociología de la Facultad de Hu­manidades; – y es seminario optativo para los es­tudiantes de la Licenciatura en Historia, también en la Facultad de Humanidades. Los requisitos de aprobación son similares en los tres casos: 80 % de asistencia y la presentación de un trabajo monográfico final, que será eva­luado por un profesor titular de la Cátedra.
Más allá de lo señalado, la Cátedra no tiene ningún otro tipo de relación institucional y no recibe ningún tipo de apoyo por parte de la universidad. La relación resultó complicada en cuanto a la obtención de un lugar físico para el dictado de las clases, ya que si bien desde un prin­cipio se nos otorgó un ám­bito específico, más de una vez se nos negó ese espacio por ra­zones absurdas y sin que se nos garantizara otro lugar. Además la Cátedra tenía que pagar para poder abrir el edificio los días sábado.
Tampoco la Cátedra cuenta con apoyo económico más allá de la comisión encargada de organizarla, que está con­formada por cuatro agrupaciones estudiantiles.
El programa de la Cátedra está ordenado, según la crono­logía de las clases, en 12 módulos temáticos: Ante­cedentes his­tóricos, Revolución Cubana, Teoría y lucha contra el imperia­lismo (dos clases), El pensamiento polí­tico del Che, El pensa­miento filosó­fico del Che, El pen­samiento económico del Che, Humanismo y ética revolu­cionaria, Revolución y democracia, La influencia del Che y la Revolución Cubana en América La­tina, La influencia del Che en la Argentina y El legado del Che en la actuali­dad.
Los asistentes a la Cátedra se mostraron interesados en in­cluir otras temáticas y en profundizar algunos puntos del pro­grama, como por ejemplo ahondar sobre la Revolución Cu­bana, su si­tuación actual y sus perspectivas. También se pro­puso tomar otros temas de la historia argentina y la­tinoameri­cana, como el es­tudio de otras revoluciones en nuestro conti­nente. Es para desta­car que además se ex­presó un creciente in­terés por discutir pro­blemáticas actua­les, como qué se puede hacer para continuar el men­saje del Che o cuáles pueden ser las perspectivas de lucha hoy. En este sentido la Cátedra fue to­mada como marco de con­tención para estas discusiones, pero queda el interro­gante sobre cómo canalizar ese saber en circu­lación.
Entre las opiniones recibidas podemos mencionar las que se refirieron a que la presentación de algunos temas fue fragman­tada, especialmente cuando eran desarrollados por distintos do­centes y en diferentes clases, perdiéndose de esa manera cierta unidad teórico-temática. Sin em­bargo, se hizo hincapié en el óp­timo nivel de los docentes.
Los coordinadores de la Cátedra son Guillermo Cieza (quien moderó las clases) y Gabriel Fernández. Los profe­sores titulares son Alberto Plá, Manuel Gaggero y Rubén Dri. El cuerpo de do­centes que dictaron las clases es simi­lar al de la Cátedra del Che de la UBA. Para la convocato­ria de los mismos los criterios fue­ron fundamentalmente garantizar el pluralismo del espacio y la rigurosidad en el tratamiento de los temas, que los mismos pudie­ran ser abordados en profundidad. La hetero­geneidad de los ex­positores y la amplitud política en la convo­catoria redun­daron en beneficio de la Cátedra, en su riqueza y en la va­riedad de expe­riencias presentadas ante la concurrencia.
Coincidimos con lo expresado por la coordinación de la Cá­te­dra de la UBA, y lo resaltamos como un aspecto par­ticular de es­tas Cátedras, en cuanto a que existen “conocimientos políticos y experiencias válidas por fuera de las estructuras tradicionales y prestigiadas del saber” y que “el Che sirvió para canalizar el saber político práctico y teórico aquilatado por centenares de compañe­ros que no habían conseguido un marco adecuado para plas­marlo”. Este hecho se vio reflejado en que los asistentes “no po­dían diferenciar a los panelistas académicos de los lucha­do­res cuya formación surgió al calor de la práctica social”.
Como dijimos, el cuerpo de docentes proviene casi ín­tegra­mente de Buenos Aires o de Rosario. La Cátedra no tiene in­ser­ción en el ámbito de profesores de la UNLP, y ningún do­cente se ha mostrado interesado en participar, por lo que es difi­cultoso en­carar algún otro tipo de estra­tegias en lo académico o, por ejem­plo, formalizar algún proyecto de investigación so­bre las proble­máticas de la Cátedra.
La bibliografía está ordenada según los temas del pro­grama, y fue editada en 12 cuadernillos. Los contenidos son similares a los de la UBA, aunque se incorporaron al­gunos ma­teriales. Entre las opiniones recogidas se resaltó la inclusión de documentos di­rectos en lugar de interpre­taciones efectuadas por otros autores. Los textos desperta­ron gran interés y fueron re­cibidos por los asistentes como complemento fundamental de cada clase. Una muestra de ello es la circulación de los cua­dernillos, de los que se al­canzaron a vender casi 2000.
Resultó problemática la impresión de los apuntes por­que ca­recemos de medios propios. Aunque fueron vendi­dos al costo sa­bemos que no son accesibles a todos, dada la cantidad de tex­tos de consulta. Igualmente, los mismos están disponibles en las biblio­tecas de las facultades, pero quizás debería buscarse al­guna otra forma de hacerlos cir­cular.
La masividad y diversidad de la asistencia nos planteó un problema de comunicación con los que participaron de la Cá­te­dra. Por ejemplo, por la cantidad de informaciones que se nos re­querían y que de alguna forma teníamos que sistematizar y cen­tralizar. Para ello se editó un Boletín In­formativo por cada clase, en donde se difundieron noticias académicas, informacio­nes sobre la bibliografía disponible y divulgación de otras acti­vidades or­ganizadas por la Cá­tedra o relacionadas con ella.
También, como una forma de recabar opiniones sobre cómo se desarrollaba la Cátedra se hizo circular una pe­queña en­cuesta. Esas consideraciones están incorporadas en este ba­lance. Entre algunas de las sugerencias se señaló la posibilidad de agregar otros materiales, por ejemplo audiovisuales, y pro­mover otras ac­tividades para no perder el espacio.
De esas opiniones surgió un tema que nos preocupa, que está referido a los debates posteriores a cada clase. La actitud fue ma­yoritariamente la de ir a conocer y a escu­char. Muchos opinaron que en el momento de las pregun­tas no había partici­pación y que no hubo debates profun­dos, se contestaba pero no se discutían ideas. Para darle más dinamismo y generar modos de participa­ción más di­recta se propuso trabajar en grupos más reducidos, en comisiones, donde es posible debatir de igual a igual. So­bre esta propuesta, deberían estudiarse las posibilida­des de implementa­ción.
Sin embargo, hubo una experiencia, que surgió de una ini­cia­tiva en conjunto con la Coordinadora de Estudiantes Secun­darios, de desarrollar, paralelamente al dictado de la Cátedra, clases es­pecíficas para estudiantes secundarios, pero también abiertas para aquellos que quisieran com­plementar algunos te­mas. Allí se contextualizaron algunos puntos del programa (como el proceso histórico latinoa­mericano desde principios de siglo, la Revolución Cubana, la teoría marxista, etc.), también se analizaron textos de la bibliografía o se trabajó con material que aportaron los alum­nos. Estas clases fueron dictadas por un docente de enseñanza media, y la actividad puede caracterizarse como similar a lo que en las facultades son las comisiones de trabajos prácticos. Desde este ámbito surgió la organiza­ción de un ciclo de cine sobre el movimiento obrero, que fue coordi­nado por otro docente de ense­ñanza media. De­bemos destacar el interés y la constancia del grupo de se­cundarios que siguie­ron la totalidad de las actividades de la Cátedra.
Una vez comenzada la Cátedra surgió de la comisión orga­ni­zadora la propuesta de concluir el curso con una ac­tividad desde la cual pudiéramos pensar sobre el legado del Che en la actuali­dad. Nos pareció que una manera de concretar esa idea podía ser analizando e intercambiando experiencias sobre las diversas for­mas de organización popular que crecen ante el va­cío de represen­tación política que han dejado los partidos tra­dicionales, y fun­damental­mente debatiendo el tema de la auto­nomía social como perspectiva para la construcción de una ver­dadera demo­cracia. Para el cierre de la Cátedra se organizó un Encuen­tro de Movi­mientos Sociales, que trató de aportar en el camino de la comu­nicación, la integración, el trabajo con­junto de las organizaciones sociales, desde un marco de tránsito autó­nomo y el objetivo co­mún de promover la re­sistencia contra el sistema. Allí surgieron importantes conclusiones que serán re­tomadas el próximo 21 y 22 de marzo en un nuevo encuentro a desarrollarse en Lomas de Zamora.
Queremos informar que todo lo sucedido en la Cátedra está registrado en audio, video y en desgrabaciones que serán edi­ta­das en un cuadernillo. Aquí se nos plantea el problema, a ni­vel local y nacional, de cómo hacer circular este material, cómo bus­car una forma ágil y accesible, y cómo la Cátedra podría conver­tirse en un lugar de consul­tas para aquellos interesados en estos temas.
También queríamos destacar el espíritu de las corrien­tes polí­ticas de La Plata que aunque no participaban de la organi­zación tuvieron una postura constructiva y se suma­ron para enriquecer la Cátedra.
Hemos comenzado a transitar el camino que nos per­mitirá al­canzar los objetivos planteados al inicio de la Cá­tedra. El es­pacio de las Cátedras significa un gran aporte en la recupera­ción histó­rica que el movimiento popular está experimentando en estos úl­timos años. Estos ámbitos han sido parte importante en la reivin­dicación masiva de la figura del Che a 30 años de su muerte. La presencia del Che en los más diversos ámbitos y en los medios de difu­sión es, sin duda, un elemento a analizar, como así tam­bién la masividad de la respuesta a proyectos como el de las Cátedras. Aunque esa reivindicación no sea uní­voca, la lucha en el campo de las ideas siempre incide en nues­tra realidad, y de ahí la impor­tancia del aporte de estos espa­cios de reflexión.
Muchos pudieron acercarse a la universidad a través de la Cá­tedra, y se conformó un lugar de encuentro diverso y origi­nal, no sólo por el hecho de compartir una cursada con personas que qui­zás no tuvieron la oportunidad de estudiar en la univer­sidad o que actualmente no tienen re­lación con ella, sino tam­bién por la inte­gración de estu­diantes de las más diversas carre­ras en un mismo ámbito. En el marco de apertura que brindó la Cátedra, sin impo­ner visiones dogmáticas sino promoviendo la formación de un espíritu crítico, se generó un poderoso medio de circu­lación de ideas y de discusión, y fue posible incorporar temas que estaban ausentes en nuestra universidad.
Desde el inicio planteamos que nuestro objetivo es acadé­mico y político a la vez. La consolidación del espa­cio de la Cá­tedra significa un fuerte cuestionamiento a la orientación que han ele­gido las autoridades universitarias, que presentan como únicas políticas posibles la degrada­ción de los planes de for­mación, las limitaciones para ac­ceder al conocimiento o el es­tablecimiento de cursos fi­nanciados por organismos de crédito internacionales. Al tiempo que profundizamos las críticas a los proyectos edu­cativos oficiales, respondemos con la creación de nuestros propios espa­cios y reivindicando las condiciones de reali­zación de la Cátedra. Pensamos que es un hecho político importantísimo la creación de un lugar donde nosotros somos los que elegimos qué es lo que queremos para nuestra forma­ción.
Terminado el primer curso se nos presentan nuevos elemen­tos para reflexionar sobre nuestra práctica política. La figura del Che nos con­voca a una revisión crítica sobre la historia po­lítica argentina, y a entender a la política como la acción en la que se conjugan todos los conoci­mientos posibles, en lugar de concebirla como una especialidad o profesión dis­tanciada de las prácticas populares. Queda formulado el interrogante de para qué vamos a uti­lizar lo aprendido. Entendemos que el le­gado del Che es un renovado desafío para buscar las herramientas que nos permitan avanzar en la construcción de poder popular, siempre referen­ciado en un proyecto de sociedad nueva, que tienda a la transfor­mación del actual sistema político que niega la participación po­pular, que interprete desde otras perspectivas el concepto de de­mocracia, que ha sido totalmente vaciado de contenido, y que su­pe­re las concepciones que marcan divisiones en las luchas del pueblo según los métodos o instrumentos utili­zados para alcan­zar esos objetivos.
La recreación y proyección de estos contenidos y la ruptura en el modo de pensar respecto de los modelos an­teriores son quiebres significativos en las pautas culturales hegemónicas. Por eso la ne­cesidad de seguir formándo­nos, de construirnos como sujetos de la historia, de con­cebir la voluntad política como momento libe­rador, de toma de iniciativas, ya que para hacer política nunca hay que esperar, y la necesidad de hacer de nosotros algo nuevo, en donde práctica y conciencia conformen una to­talidad.
Es de fundamental importancia profundizar el debate, no sólo con los demás sino también entre nosotros, los que organi­zamos, ya que muchas veces quedamos absorbidos en los aspec­tos operativos y de coordinación, sin poder abordar estas temá­ticas teóricas que estamos señalando. En ese sentido tenemos la deci­sión de darle continuidad a este espacio. La Cátedra se dictaría nuevamente en La Plata en el primer cuatrimestre de este año, pero también está la idea, a mediano plazo, de incor­porar para es­tudio el pensamiento y la acción de otros revolu­cionarios y pensa­dores argentinos y latinoamericanos, ya sea modificando el pro­grama o a través de la realización de semi­narios com­plementarios u otro tipo de actividades. El interro­gante que nos queda es sobre las espectativas que puede gene­rar la Cátedra este año, una vez pasada la época de los homena­jes y los recuerdos referidos a los 30 años de la caída del Che.

La Plata, marzo de 1998.

 

CONCLUSIONES

Sobre la continuidad de la Cátedra:
– Las Cátedras están en tres etapas diferenciadas: grupos que empiezan este año; grupos que van a conti­nuar la Cátedra den­tro de la universidad; y grupos que tienen la necesidad de traba­jar con otros sectores sociales, en barrios, colegios secun­darios y con sindicatos.
– La Cátedra excede el ámbito académico univer­si­tario y significa un gran aporte en la re­composición de la memoria co­lectiva, y en el proceso de recom­po­sición del campo popular, en la búsqueda de nuevas iden­tida­des políticas para la construc­ción de propuestas revolucio­na­rias.
– Se piensa la continuidad de la Cátedra como un espacio de reflexión y de debate sobre el conjunto del pensamiento lati­no­americano, incorporando el estudio de otros referentes popu­la­res de la lucha latinoamericana.
– Se propusieron cuatro ejes: incorporar al debate las figu­ras de Agustín Tosco y John Wi­lliam Cooke; tener en cuenta que se cumplen 150 años del Manifiesto Comunista; y re­flexionar sobre lo que significan los 80 años de la Reforma Universitaria.
– Surge la necesidad de con­tinuar con este espacio bajo el nombre de Cátedra Ernesto Che Guevara, como ámbito de tra­bajo para todas las demás actividades que se realicen. El ob­je­tivo es mantener la identificación a nivel nacional de este es­pa­cio que se construyó durante 1997.
– Es importante pensar la Cátedra no únicamente como un ámbito académico sino como un espacio de reflexión que sea princi­palmente una herramienta de acción dentro y fuera de la universidad.
– Para la conti­nuidad de muchas de las Cátedras se hace in­dis­pensable la arti­culación entre las distintas Cátedras a nivel na­cional, una ar­ticulación entendida como un espacio de socia­liza­ción de expe­riencias y no como un medio de homogeneizar. Esta proyección tiene que hacerse necesariamente respetando las au­tonomías y las experiencias de cada Cátedra.
Sobre la articulación de las Cátedras:
– Se propuso la organización de una mesa nacional de arti­cu­lación de Cátedras del Che.
– Las funciones de esta coordinación serían: editar un bole­tín informativo posterior a cada encuentro; organizar un ple­nario anual nacional de Cá­tedras del Che; elaborar propuestas de capa­cita­ción y for­mación para los organizadores y coordi­nadores de cada una de las Cátedras; constituirse en receptora de toda la in­formación que hay disponible en cada Cátedra, bi­bliografía, vi­deos, para facilitar el intercambio entre las dis­tin­tas Cáte­dras del país; coordinar un calen­dario para la realiza­ción de actos conjun­tos -se propuso para este año los aniver­sarios de Tosco y de Cooke-; elaborar una compilación de las historias de las Cáte­dras del Che en Argentina y edición de materiales sobre activi­dades que se realicen en conjunto.
– En torno a la bibliografía surgió la necesidad de constituir un centro de documentación en donde quede recopilado el ma­terial que las Cátedras vayan produciendo a lo largo de su desa­rrollo. También se pensó en producciones especiales que sirvan de apoyo a las tareas en escuelas secundarias y en ba­rrios.
– Sobre los docentes y disertantes se elaborará una lista na­cio­nal de todos los docentes que están teniendo algún tipo de vincu­lación con las Cátedras, tanto en investigación, publica­ciones, como dispo­nibilidad para viajar, de modo que haya ac­ceso en to­dos lados a la posibilidad de contar con ellos o de ha­cer un tipo de trabajo en común.
– En lo que hace a la incorporación de los nue­vos temas, esto no significaba una im­posición a ninguna Cátedra, sino que hay un respeto a la autonomía programática de cada expe­riencia.
Sobre el encuentro de Cátedras que se realiza en Cuba el 14 de junio:
– La novedad de la expe­riencia de las Cátedras en Argentina es que hay un alto componente de participación no orgá­nica en las fuerzas políticas con presencia y tradición en el escenario in­ternacional, con lo cual sería nece­sario que es­tén todos los com­pañeros que han traba­jado en todos los puntos del país para pre­sentar la heterogeneidad de experiencias de lo que ha sido este proceso en nuestro país.
– Se propuso que cada Cátedra, de acuerdo a sus posibilida­des, decida si concurre, pero representando su propia ex­perien­cia y no representando a la mesa nacional. 

ACTO DE CIERRE

 

Representante de los organizadores:
Como miembro de la agrupación Andares les agradecemos el haber venido a todos, de más cerca o de más lejos, haber he­cho posible esto, y habernos también depositado su confianza en la organización de este primer encuentro. Ahora los compa­ñeros Gaggero, Dri, Korol y Mattini nos van a decir el último mensaje.
Manuel Gaggero:
En realidad no teníamos previsto hacer esta exposición, pero quería compartir con ustedes algunas reflexiones que surgieron de este encuentro. Por un lado creo que este espacio, que es funda­mentalmente obra de los jóvenes, impulso de los jóvenes, nos ha llenado a nosotros de ganas de hacer cosas, ha sido como un viento fresco, como dijimos la primera vez, y es preciso ir agran­dándolo con este contenido, con el respeto plural a todos los plan­teos y a todas las ideas. A eso nos convoca el Che, a discutir, en un momento muy particular. Por un lado creo que a partir del 20 aniversario de la dictadura en la Argentina se abrió una etapa nueva de recuperación fuerte de la memoria. Ustedes fíjense que después del 20 aniversario aparecen una serie de publicaciones que empiezan a transitar la recuperación de aquellas ideas que en los 60 y 70 movilizaron a miles de jó­venes, que se bautizaron con la influencia de la Revolución Cubana y en torno a las ideas del Che Guevara. Yo creo que esta nueva etapa que se abre en el 96 es la que de alguna ma­nera le da fuerza a la Cátedra, que empieza en 1997, y que nos ha dado estas nuevas perspectivas. Que ade­más va acompañada de una situación también nueva o distinta o diferente en cuanto a esa perspectiva que aparecía como impara­ble del capitalismo en esta etapa, del capitalismo salvaje, que apa­recía como que de alguna manera los teóricos del capitalismo lo pensaban así, había dado fin a la historia, después del capitalismo, después de este modelo no había nada. Y toda la irracionalidad que mues­tra cada vez más este modelo y toda la irracionalidad que mues­tra el capitalismo en la Argentina, donde hay más de 10 millo­nes de excluidos y donde hay más de un 30 ó 35% de la po­bla­ción activa realmente desocupada, y donde miles y miles de se­res humanos viven la angustia de la desocupación, la miseria y el hambre, esto fortalece y nos da más elementos también para ini­ciar el debate con un capitalismo que nos aparecía como el final y que no es el final. Y nos da más fuerza para seguir en el camino que nos planteamos, algunos hace casi 40 años, de construir el socialismo en la Argentina.
Yo les quiero agradecer porque realmente, les quiero agra­de­cer a ustedes, a los jóvenes, porque la utopía es muy impor­tante seguir llevándola adelante, pero la utopía con gente joven, con gente que cree, con gente que pone todo el esfuerzo que ponen ustedes, se hace mucho más fácil y se hace mucho más alcanza­ble. Gracias, compañeros, nada más.
Rubén Dri:
En primer lugar, quiero agradecerle a los organizadores, es decir a los dueños de casa. Siempre es una responsabilidad, siem­pre existe un gran esfuerzo preparar esto, atender a la gente, etc., y realmente lo han hecho muy bien, no solamente les agradezco sino que ahora los felicito.
En segundo lugar, como decía Manolo, también quiero agra­decer de hecho por este evento, agradecerles a todos, esto nos da nuevas fuerzas, es un nuevo aire, es un aire fresco, esto ha sido realmente un encuentro, lo que yo dije cuando me invi­taron a abrir esto, que sea un encuentro, realmente fue un en­cuentro, he­mos dialogado, hemos discutido, hemos debatido. Realmente yo creo que se lo ha hecho todo con gran respeto, manteniendo sus ideas, pero realmente con respeto hacia el otro. Yo creo que éste es un aprendizaje que estamos haciendo, res­petarnos en la hetero­geneidad.
Yo no sé si evaluamos correctamente el paso gigantesco que hemos dado hoy. Aquí surgió algo nuevo a partir de las Cáte­dras Che Guevara, y hoy nos encontramos con que hemos cre­ado, he­mos hecho una mesa nacional de coordinación, es un paso real­mente muy muy grande. Nosotros somos islas, más este terrible proyecto neoliberal nos ha fraccionado completa­mente, cada cual mirando por sí mismo, y aquí nosotros esta­mos hablando a nivel nacional, de grupos de distintas partes del país que nos sentimos hermanados en algunos ejes fundamenta­les, en algunas ideas co­munes, y hemos decidido crear una arti­culación entre nosotros, una mesa de articulación. Yo creo que éste es un paso muy grande que hemos dado. Realmente si no­sotros seguimos esta senda yo creo que tenemos perspectivas muy buenas de creci­miento y de aportar por lo tanto al proyecto nacional de liberación en el camino hacia el socialismo. Yo creo que aquí no tenemos salvación si no es con la derrota del capitalismo y la construcción de un socialismo. Creer que el socialismo ha sido derrotado es lo que nos quiere vender el sis­tema. Pero el socialismo como pro­yecto, como lucha, ha exis­tido desde que existió la humanidad, las ideas que nosotros te­nemos las han tenido generaciones ante­riores a nosotros, han luchado por ellas y han tenido éxitos parcia­les y derrotas par­ciales. El socialismo siempre es posible, y por eso estamos no­so­tros acá. Nosotros en ese camino hacia una so­ciedad libe­rada, hacia una sociedad mejor, creo que hemos dado un paso ade­lante. Pero es importante que tomemos conciencia de esto pero que al mismo tiempo tratemos de ir practicándolo entre noso­tros. Los valores de esa nueva sociedad, los valores de una so­ciedad de hermanos, de una sociedad liberada, de una socie­dad socialista, los tenemos que vivir hoy nosotros.
Lo que tanto proclamaba el Che, el trabajo voluntario, es lo que hemos expuesto acá. Acá todos hemos expuesto trabajo vo­luntario, acá estamos todos sin ningún interés material, esta­mos simplemente poniendo nuestro esfuerzo, poniendo nuestras ganas por algo que nos parece valioso, por algo que le da sen­tido a nues­tra vida. Yo creo que ése es realmente el trabajo vo­luntario, algo que nos dignifica, algo que nos hace mejores. Yo creo que esto debe servirnos para seguir transitando este camino hacia la libe­ración.
Claudia Korol:
Yo quería decir, en primer lugar, que no seríamos absolu­ta­mente honestos si no reconocemos todas las Cátedras la au­dacia que tuvo El Mate y la Cátedra de la UBA en imaginarse la posi­bilidad que en esta universidad neoliberal hubiera una Cátedra Che Guevara. Digo esto porque incluso cuando yo co­mentaba hoy en la comisión que se nos comentó la posibilidad, a muchos nos costaba imaginar que pudiera funcionar una Cá­tedra con ese nombre, que pudieran ser aceptadas, que pudiera tener repercu­sión, y entonces creo que el éxito de esa Cátedra es en gran me­dida lo que dio la oportunidad y la posibilidad de su multiplica­ción.
Y en segundo lugar creo que también tenemos que valorar el haber podido multiplicar la experiencia, asumir un desafío que en todos los casos era superior a nuestras fuerzas, asumir la idea y la propuesta sin pensar quién la pensó primero sino cómo se podía desarrollar y crear un fenómeno que es nuevo. Es decir, a partir de que existe en todo el país ya no es sólo una Cátedra sino es una multiplicación de militancia, de debates, de discusiones y diálo­gos, que creo que generan un hecho político nuevo en la Argen­tina, un hecho protagonizado, como se decía acá, sobre todo por la juventud -y veo que en la mesa nos pusie­ron a los viejos, nos hacemos cargo de que nos pusieron en esa categoría-, pero creo que se generó un fenómeno nuevo y que es nuestra responsabili­dad, nuestro desafío, saber defenderlo, con­tinuarlo, construirlo, multiplicarlo, seguir haciéndolo crecer, y que la posibilidad de la coordinación de esfuerzos nos da la oportunidad de que no sólo sea un espacio por el pensamiento crítico sino también un espacio para la posibilidad de una trans­formación real de la Argentina. En todo caso creo que éste es el mejor homenaje, como se decía, al Che y a todos los compañe­ros que cayeron en la lucha de libera­ción, y que seamos respon­sables en mantener su legado, en man­tener su ejemplo, y que su lucha, sus ideas de socialismo, sus ideas de revolución puedan ser continuadas por éstas y por mu­chas otras prácticas políticas y sociales en nuestro país, y que éste sea un estímulo a conti­nuar esa lucha, y sobre todo a construir su unidad.
Luis Mattini:
Bueno, compañeros, yo me veo obligado a repetir algunas co­sas que dijeron los compañeros. En primer lugar, estoy admi­rado realmente por la excelente organización, porque en cuanto a la buena voluntad ya tenía pruebas, pero además de buena voluntad había buena organización. Por otro lado, aquí estamos en la mesa tres compañeros que fuimos contemporáneos del Che, lo seguía­mos al Che, luego recogimos su fusil y ahora es­tamos otra vez con el Che. Quiero decir que yo me niego a ha­blar de jóvenes y viejos, pero sí hablemos en términos de años que se lleva encima. Y lo que más me sorprendió, mejor dicho lo que más me alentó a mí cuando me convocaron para esta ta­rea de la Cátedra, fue que fue un grupo de jóvenes, y ahí yo re­almente pensé que iban a lo­grar el propósito porque eran jóve­nes que con todo el impulso, llamémosle así, ideológico, esta­ban suficientemente inspirados en el pasado pero suficiente­mente renovados en la cabeza, y eso es lo que lo hizo posible. Yo creo que el hecho de que estemos sentados aquí, como dijo el compañero recién, es tremendamente impor­tante porque es una especie de balance de un año de trabajo, un año y pico, no sé cuánto ha sido, de uno de los eventos políticos, pero políticos con mayúscula, es decir por donde pasa verdadera­mente la po­lítica, al menos como la entendemos los revoluciona­rios, los marxistas, que se ha producido en el país, no es el único por su­puesto, pero es uno de los más importantes. Yo creo que hay un antes y después en este sentido.
Y por otro lado también la impresión que me llevo de este día que hemos pasado juntos es que pareciera que empieza a verse nuevamente aquello que fue lo mejor de la famosa mili­tancia se­tentista, aquello que excede triunfos y derrotas, esa fe­licidad del trabajo, que recién Rubén decía trabajo voluntario. Cuando yo escuchaba trabajo voluntario, nunca fue algo que me gustara mu­cho la expresión trabajo voluntario. En realidad es increíble pero tenemos que agregarle un adjetivo, voluntario, para que sea lindo. El trabajo voluntario es una hermosura tra­bajar así, y el capita­lismo ha hecho que el trabajo sea una mal­dición. Quiero decir, la manera que se trabajó, con el entu­siasmo, con incluso la defensa apasionada de las ideas, más allá de los objetivos, reflejan una cosa que es fundamental, en mi opinión, con respecto a lo que es el espíritu y el pensamiento del Che, que es vivir en el presente esa revolución que quere­mos hacer en el futuro. Rubén recién se­ñalaba esto un poco en ese sentido. Es decir, vivir la pasión mili­tante, en jornadas como estas estamos viviendo ya la sociedad fu­tura. Por eso yo no digo más que eso, porque prometimos cinco minutos. Mu­chas gracias a todos.

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