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30/08/2007 a las 01:58 | Publicado en 08) Archivo: Cátedra Ernesto Che Guevara (1997-98) | Deja un comentario

Cátedra Ernesto Che Guevara – Universidad Nacional de La Plata.
Sábado 8 de noviembre de 1997. 18 hs. Aula 1 del ex Jóckey Club (48 e/6 y 7).
LA INFLUENCIA DEL CHE EN LA ARGENTINA.
Daniel De Santis, Graciela Daleo.

Guillermo Cieza:
Buenas tardes. Iniciamos la anteúltima clase de la Cátedra Ernesto Che Guevara. El tema de hoy es “La influencia del Che en la Argentina”. Están presentes los docentes Daniel De Santis y Graciela Daleo. Es probable que contemos, también, con la pre­sencia de Rubén Dri. Él tenía hoy una actividad en la pro­vincia del Chaco, y prometió venir si los micros… o tenía po­sibilidades de llegar.
Vamos a dar comienzo a la clase de hoy, en estos primeros días de noviembre, recordando que el 7 de noviembre se cum­plie­ron 80 años de la Revolución Rusa, una revolución que puso en marcha un experimento social formidable, que merece ser estu­diado, más allá de algunos problemas conocidos y des­viaciones que sufrió posteriormente.
Daniel De Santis fue militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores y del Ejército Revolucionario del Pueblo en los 60 y los 70. Actualmente es militante por la construcción de un partido de los trabajadores.

 

Daniel De Santis:
Buenas tardes a todos. Muchas gracias a los compañeros de la Cátedra por la invitación y la posibilidad de expresar algunas ideas ante ustedes. Repasar el pensamiento y la acción del Che Guevara, a 30 años de su caída en combate, en un momento muy difícil para los pueblos del mundo y para las ideas que de­fienden los intereses de los pueblos del mundo, cobra, entonces, una im­portancia fundamental, para los que estamos comprome­tidos con una militancia práctica cotidiana, poder revalorizar es­tas ideas. Hemos transcurrido los años 80 y lo que va de los 90 en un pro­ceso de permanente retroceso de las ideas revolu­cio­narias y de las ideas del socialismo, donde conceptos que fueron acuñados en la larga trayectoria de lucha de los pueblos del mundo por el socia­lismo han entrado en crisis. También por esta época estamos cumpliendo, o están cumpliendo 150 años los escritos de Marx y Engels conocidos como el Manifiesto Comunista, que dieron al inicio del planteamiento del socia­lismo científico en el mundo. Y decía que en las décadas del 80 y del 90 conceptos como mili­tante, partido revolucionario, cua­dro político, organización de vanguardia, transformación revo­lucionaria de la sociedad, habían entrado en crisis y habían quedado vacíos de contenido. Y fue muy difícil durante la dé­cada del 80 y del 90 poder retomar desde el punto de vista teó­rico, y mucho más desde el punto de vista práctico, estos con­ceptos. El 30 aniversario de la caída del Che Guevara se da en un momento que nos parece a nosotros que hay un inicio de un reanimamiento tanto de la lucha popular como de un inicio o un reinicio del debate alrededor de los conceptos fun­damentales de la teoría revolucionaria. Entonces, teniendo en cuenta esto, la exposición que hemos preparado para hoy se va a centrar, fundamentalmente, en cuáles fueron las ideas y la prác­tica de­sarrollada por Guevara en toda su trayectoria, y cómo esas ideas y esa práctica se fueron expresado en nuestro país.
Para hablar de la influencia del Che en la Argentina po­dría­mos hacer una aproximación, por un lado, sus relaciones más di­rectas; en segundo lugar, la influencia más general en el conjunto de la sociedad; y en tercer lugar, cómo sus ideas se fueron encar­nando en las organizaciones revolucionarias, en la vanguardias revolucionarias que se fueron conformando en los años 60 y los 70, y qué realización tuvieron en la práctica.
En primer lugar, podemos decir que la relación más impor­tante que tiene el Che en la Argentina es con Jorge Ricardo Ma­setti, un compañero que trabajaba, que su profesión era perio­dista. Esto lo llevó a entrevistar a los dirigentes revolucionarios, Fidel Castro, el Che Guevara, en la Sierra Maestra, realizar una serie de peripecias para poder entrevistarse con ellos, realizar el reportaje. Bueno, de esta manera Masetti se fue compenetrando con las ideas de la Revolución, fue ganado por las ideas de la Re­volución. Y después de una experiencia de dos o tres años al frente de la agencia de Prensa Latina, fundada por él en La Ha­bana, decidió llevar adelante en la Argentina un proyecto con las ideas aprendidas al calor de la Revolución Cubana. La ex­perien­cia de Masetti tuvo una, aproximadamente, una duración de un año y medio en la selva salteña. No llegó a desarrollar importan­tes combates pero quedó como un punto de referencia, un hito importante, como antecedente de la lucha revoluciona­ria y de la experiencia guerrillera en la Argentina.
Una segunda y muy importante relación que tienen los ar­gen­tinos, o un argentino que se relaciona con la Revolución Cubana desde el principio, es la que tiene John William Cooke que, desde el inicio de la Revolución, se compenetra en sus ideas, apoya la Revolución, y va tratando de radicalizar y de llevar adelante estas propuestas en la Argentina. John William Cooke es el represen­tante del conjunto de organizaciones revo­lucionarias que manda la Argentina a la conferencia de la Or­ganización Latinoamericana de Solidaridad, que se desarrolla en La Habana en julio-agosto de 1967, presidiendo a la dele­gación y expresando allí su total com­promiso con la lucha por la liberación de los pueblos del mundo y por la, en particular, por la liberación y la lucha por el socialismo en América La­tina. Esta relación dura hasta la muerte de ambos, el Che en el año 67 y John William Cooke, pocos meses después, en el año 1968.
La influencia que tuvo el Che en el conjunto de la sociedad argentina es muy difícil de poderla precisar, pero creo yo que no es exagerado plantear que en la juventud argentina de los años 60, y también en los 70, tuvo una profunda influencia tanto en aquellos que nos movilizábamos en forma militante por las ideas del socialismo como en el conjunto de la juventud argentina. To­dos aquellos jóvenes que en los años 67, 68 reci­bimos la influen­cia del Che, que muchos leímos sus trabajos, nos fueron ganando las ideas del Che y fuimos integrando las organizaciones revolu­cionarias que se comenzaban a gestar en 1967, 68, 69. Primero me refería a los antecedentes de los pri­meros años de la década del 60, pero producto de la lucha de clases en la Argentina, de la Resistencia que se inicia en 1955 contra el golpe gorila y, sobre todo, con el salto cualitativo que se produce en la lucha de las masas argentinas a partir del Cor­dobazo y del Rosariazo en la Argentina, a la vanguardia revo­lucionaria se le plantea la tarea fundamental de ese momento, que es dar la respuesta política ne­cesaria, que era el inicio de la lucha armada, de la lucha guerri­llera en la Argentina, como una respuesta a las necesidades de la lucha política nacional, pero también una respuesta a las necesi­dades de la lucha política a nivel continental. Entonces, para po­der precisar la influencia de las ideas del Che en la Argentina yo voy a tratar de tomar cinco, seis conceptos que creo fundamenta­les en la concepción de Guevara, y ver cómo estos encarnaron en nuestro país.
Un punto central que dividió aguas en la militancia de aque­llos años era el planteo que tenían las distintas organiza­ciones acerca del papel de las burguesías nacionales, y acerca del papel de su relación con el imperialismo. El Che Guevara en esto tiene una posición muy clara que va plateando sucesi­vamente en distin­tos trabajos, cada vez con más precisión. Yo he tomado de todos los planteos de Guevara una cita que, tal vez, es la más clara con respecto a este tema. En su folleto “Táctica y estrategia de la re­vo­lución latinoamericana” él plan­tea: El dilema de nuestra época, en cuanto a la forma de to­mar el poder, no ha escapado a la penetración de los impe­rialistas yanquis. Ellos también quieren “tránsito pacífico”. Es­tán de acuerdo en liquidar las viejas estructuras feudales que todavía subsisten en América, y en aliarse a la parte más avanzada de las burguesías naciona­les, realizando algunas reformas fiscales, algún tipo de re­forma en el régimen de te­nencia de la tierra, una moderada in­dustrialización, referida preferentemente a artículos de con­sumo, con tecnología y ma­terias primas importadas de los Es­tados Unidos. Guevara nos plantea con claridad el papel del im­perialismo y el papel de las burguesías nacionales. Después de la segunda guerra mun­dial surge Estados Unidos como potencia he­gemónica a nivel mundial, pasando a segundo lugar las contra­dicciones interim­perialistas, y las burguesías nacionales, o sea la burguesía in­dustrial, plantea la industrialización de algunos paí­ses del Ter­cer Mundo en alianza con el imperialismo. La posición con res­pecto a este tema dividió aguas dentro del movimiento re­volu­cionario en la Argentina y en el mundo. De un lado los que planteaban lo que estoy sosteniendo en este momento, estaba Guevara. Ya antes en la Argentina, en los años 46, 47 y en la dé­cada del 50, estas ideas habían sido planteadas con extraor­dinaria lucidez por Silvio Frondizi, tal vez el intelectual mar­xista más esclarecido de la Argentina, un compañero olvidado, no justa­mente olvidado, porque sus ideas son las que han criti­cado con más penetración al capitalismo y al imperialismo en nuestro país y en el mundo. Y también dentro de esta concep­ción se encontra­ban aquellos grupos políticos que no habían estado influenciados por el dogmatismo stalinista ni por la ideo­logía del nacionalismo, en particular el Partido Revolucionario de los Trabajadores. Otros compañeros veían dentro de la bur­guesía nacional posibilidades revolucionarias, sobre todo los compañeros que se alineaban en los partidos comunistas y en el nacionalismo revolucionario.
Hablando de nacionalismo revolucionario, que se plantea in­cluso en la convocatoria a la Cátedra, se plantea una integra­ción entre nacionalismo popular revolucionario y socialismo, yo creo que esto es una integración imposible, por lo menos desde el punto de vista conceptual. Porque el nacionalismo es la ideología de la burguesía industrial en la época de su desarro­llo, sobre todo en los países europeos, y también en los países dependientes. El socialismo es una ideología esencialmente transformadora del modo de producción a escala nacional y a escala mundial. Tal vez la confusión, o hay una confusión en el concepto de naciona­lismo; una cosa son las tareas nacionales de la revolución, la lu­cha contra el imperialismo, la integración del territorio, la unidad geográfica, o sea, una serie de tareas nacionales que los revolu­cionarios socialistas incorporamos a la lucha, las particularidades del desarrollo de cada uno de los países, esto son tareas naciona­les. Pero nacionalismo como con­cepto es un concepto opuesto al socialismo, opuesto al interna­cionalismo, que no tiene absoluta­mente nada que ver con la ideología y la práctica de Guevara. Guevara fue un revolucio­nario socialista y él plantea con abso­luta claridad, y en el fo­lleto que hemos repartido ahí en la tapa hemos puesto las dos ideas centrales de la estrategia de Guevara: o revolución socia­lista o caricatura de revolución, y del otro lado dice cumplir con el más sagrado de los deberes, luchar contra el imperia­lismo donde quiera que esté. Aparentemente serían términos contradictorios o serían términos que uno se daría primero y después el otro. Acá hay una confusión conceptual. La revolu­ción socialista se refiere a las tareas que tiene que realizar la re­volución después de la toma del poder en la etapa de la hege­monía del capitalismo en el mundo. La superación del modo de producción capitalista es reemplazarlo revolucionariamente por un modo de producción social. El tema del imperialismo es la identificación del enemigo que encarna ese modo de produc­ción. O sea que una cosa son las tareas a realizar y otra cosa distinta es el enemigo a derrotar, y en el juego dialéctico de es­tos dos térmi­nos de la lucha popular hay que desarrollar la con­cepción estra­tégica de la lucha.
Otro concepto que plantea con absoluta claridad Guevara, ya referido más a la estrategia de lucha, es la necesidad de la cons­trucción de fuerzas revolucionarias, en concreto, de fuerzas mi­li­tares capaces de derrotar al ejército en combate abierto. Uno de los elementos que da es lo que decía antes: cuando las contradic­ciones interimperialistas han pasado a segundo plano no se pue­den esperar situaciones como la de la primera o la de la segunda guerra donde, aprovechando la debilidad de las po­tencias impe­rialistas enfrentadas en estas guerras, se produjeron las revolucio­nes como la Revolución Rusa, o la Revolución China, o las, po­dríamos decir, revoluciones en el Este europeo después de la se­gunda guerra mundial. Entonces el Che plantea la necesidad del desarrollo de la lucha guerrillera en el territorio favorable, o sea, en el campo, en la zona montañosa, en la zona selvática, prote­gido del dominio de las fuerzas reaccionarias, del ejército opresor, del ejército contrarrevolucionario. Y con una correcta táctica y es­trategia ir desarrollando estas fuerzas y dando pequeños comba­tes para ir mostrando el camino y la po­sibilidad del triunfo revo­lucionario, y fortaleciendo las unidades militares, y que éstas se constituyan en fuerzas militares regula­res, y poder derrotar al bastión fundamental de dominación de la clase dominante, el ejército opresor. Yo he leído unos cuan­tos trabajos de Guevara para hacer esta exposición. Él no habla en particular, por lo me­nos lo que yo he leído, de la Argentina, pero se refiere a países de concentración urbana. Uno se ima­gina que está pensando en la Argentina, y dice que también en estos países es posible desarro­llar la construcción de una fuerza militar en las zonas rurales, y no se opone al desarrollo de la actividad de unidades guerrilleras en las ciudades y apoyando, impulsando y sosteniendo la lucha de las masas.
Hay un trabajo que nosotros también hemos traído ahí, que hemos repartido, que es el que realiza Mario Roberto Santucho en el año 68, un par de meses después de la caída de Guevara en Bolivia, donde analiza, fundamentalmente, el último trabajo donde hace un resumen de toda sus concepciones estratégicas, que es titulado “Crear dos, tres… muchos Vietnam es la con­signa”, también conocido con el nombre de “Mensaje a los pueblos a tra­vés de la Tricontinental”. Y allí Santucho hace un análisis deta­llado de la estrategia mundial, continental y parti­cular de Gue­vara. Guevara plantea que la lucha fundamental se da en los con­tinentes atrasados, en Asia, África y América La­tina, y desarrolla, en particular, una estrategia para América Latina, porque en su visión es el continente que más posibilida­des ofrece para la crea­ción del segundo o del tercer Vietnam, o del segundo y tercer Vietnam del mundo. Y por qué dice Viet­nam y no dice Cuba. Porque Guevara comprende bien la ex­cepcionalidad de la Revo­lución Cubana en un aspecto, porque él justamente escribe un fo­lleto, dice “Cuba: ¿excepción histó­rica o vanguardia en la lucha contra el colonialismo?”, y acá aparentemente estamos diciendo lo contrario. En su folleto, Guevara se refiere a que no es excep­cional la posibilidad del triunfo de las revoluciones socialistas en América a partir de la lucha de los pueblos, sobre todo partiendo de la lucha campe­sina y la integración de la clase obrera en el proceso revolucio­nario. A lo que me estoy refiriendo, y que lo plantea con abso­luta claridad Guevara, es que lo que no se puede esperar des­pués del triunfo de la Revolución Cubana es que el imperia­lismo norteamericano no intervenga en aquellos países donde las fuerzas revolucionarias están cuestionando el poder. Por lo tanto, es previsible que esta guerra de liberación sea una guerra prolongada, de muchos años, muy dura, donde el pueblo, los militantes de las organizaciones revolucionarias, tendrán que realizar muchos sacrificios. Por eso pone en su consigna el ejem­plo de Vietnam, no de Cuba.
Estas ideas, esta concepción, ¿dónde encuentra su realiza­ción más plena en nuestro país?. El Partido Revolucionario de los Tra­bajadores en el año 1968, principios del 68, realiza su IV Con­greso, donde hace un repaso de la estrategia de poder de los prin­cipales revolucionarios del mundo: Marx, Engels, Le­nin, Mao Tse-tung, Trotsky y Guevara o Castro, castrismo, son términos, son sinónimos, no hay ninguna diferencia entre la concepción de Guevara y la concepción de Castro, es la con­cepción emanada de la Revolución Cubana. Y ahí plantea con absoluta claridad la asunción total de la teoría y la práctica de la estrategia guevarista. En este sentido divide a la Argentina en dos regiones estratégicas: el norte rural, donde está asentado el campesinado pobre y el proletariado rural; y el sur urbano, donde hay una gran concen­tración de proletariado fabril, del proletariado industrial. En el norte se plantea la construcción, a partir del desarrollo de la lucha guerrillera, de la construcción de las fuerzas militares regulares, para poder dar los grandes combates y destruir al ejército ene­migo. Y en el sur, en la zona urbana, la construcción de un fuerte partido revolucionario en el proletariado industrial, y el desarrollo de pequeñas y ágiles unidades guerrilleras que mordieran perma­nentemente y fueran sirviendo de apoyo a la construcción estra­tégica de las fuerzas militares en la zona rural. Así concebido con absoluta claridad, solamente en este caso encontramos plasmada la concepción de Guevara en la Argentina.
El Partido Revolucionario de los Trabajadores no sólo toma este aspecto de la lucha de Guevara, sino que también en el “Mensaje a los pueblos” plantea la necesidad de que los grupos en armas formen algo así como juntas de coordinación para ha­cer más difícil la represión de las fuerzas represivas. Tomando esta consigna de Guevara, el Partido Revolucionario de los Trabaja­dores, que en el año 70 forma el Ejército Revoluciona­rio del Pueblo, forma junto con el Movimiento de Izquierda Revolucio­naria de Chile, con el Ejército de Liberación Nacio­nal de Bolivia, fundado por el propio Guevara y dirigido por los cuadros que se habían formado al lado del Che Guevara -Inti Peredo, el Chato Peredo-, y el Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros de Uruguay, y el PRT-ERP de Argentina, fundan la Junta de Coor­dinación Revolucionaria para darle un marco, por lo menos re­gional, a la lucha. Ahora, toda esta con­cepción, dice el Che, tiene que estar dirigida al objetivo funda­mental, que es la toma del po­der por las fuerzas revoluciona­rias. Por eso es que no se puede la táctica, la estrategia de la lu­cha revolucionaria no puede quedar limitada a acciones, a movilizaciones de masa, a insurrecciones espontáneas, a luchas electorales, a este, digamos, a este tipo de escaramuzas de la lu­cha que se da permanentemente en todos los países capitalistas. Porque, producto de las contradicciones del mismo sistema ca­pitalista, los pueblos permanentemente desarro­llan lucha, pero lo que hay que plantearse es la forma de organi­zar fuerzas polí­ticas y militares capaces de llegar al poder. Y un punto, tam­bién, decisivo en la estrategia de Guevara es la cues­tión del in­ternacionalismo, el internacionalismo socialista, el in­ternacio­nalismo proletario, el internacionalismo de los pueblos. No se puede concebir la lucha revolucionaria por el socialismo en un solo país. En un escrito de Guevara, del año 62, él toma esta idea, que Lenin planeta, del socialismo en un solo país. Pero esto, en realidad, no es una idea de Lenin sino es una idea del stali­nismo. Y esta idea del socialismo en un solo país hoy po­demos ver con claridad adónde llevó al movimiento revolucio­nario in­ternacional. Y el Che lo plantea con absoluta claridad. Dice que la revolución que triunfa en un país y se mete para adentro, se mete a cuidar el terreno conquistado y deja de pen­sar en la revo­lución internacional, es una revolución que se pa­raliza, que pierde la iniciativa y que está condenada al fracaso. Entonces, Guevara plantea que la liberación de los países es una cuestión táctica en la concepción estratégica de la revolu­ción mundial y la derrota del imperialismo a escala mundial. En este sentido, nos dice con claridad Cuba es sólo una colina en la lucha por la revo­lución por el socialismo a nivel mundial.
Y otro concepto que también expone Guevara, y que nos in­te­resa a nosotros desde el punto de vista de la acción revolucio­na­ria, es el tema de la unidad. Pero, fiel a sí mismo, Guevara no plantea una unidad sin principios. En el “Mensaje a los argenti­nos” del 25 de mayo de 1962 hace un llamado a la unidad, pero un llamado a la unidad alrededor de la lucha por el socialismo. Y en el “Mensaje a los pueblos” tiene una frase donde marca en qué términos él está planteando la unidad: En nuestro mundo en lu­cha todo lo que sea discrepancia en torno a la táctica, método de acción por la consecución de objetivos limitados, debe ana­lizarse en el respeto que merecen las apreciaciones ajenas. En cuanto al gran objetivo estratégico, la destrucción total del im­perialismo por medio de la lucha, debemos ser in­transigentes. Sinteticemos así nuestras aspiraciones de victo­ria: destrucción del imperialismo mediante la destrucción de su baluarte más fuerte: el dominio imperialista de los Esta­dos Unidos de Norte­américa. Tomar como función táctica la liberación gradual de los pueblos, uno a uno o por grupos, llevando al enemigo a una lucha difícil fuera de su terreno; liquidándole sus bases de sustentación, que son sus territo­rios dependientes. Nada más.

 

G. Cieza:
Pasamos ahora a Graciela Daleo, que es militante popular li­gada al peronismo revolucionario, y actualmente dirigente de la Asociación de Ex Detenidos y Desaparecidos.
Graciela Daleo:
Bueno, buenas tardes, también le agradezco a la Cátedra que me haya invitado a hacer esta exposición, esta presentación acá, entre ustedes. Parte de lo que yo pensaba que valía la pena desa­rrollar, en cuanto a los conceptos del Che que tuvieron arraigo y repercusión acá en la Argentina, ya los expuso Da­niel, así que yo completaría algunos de esos conceptos y me re­feriría, fundamen­talmente, a cómo algunos de esos conceptos encarnaron en la práctica de, por lo menos, un sector de las or­ganizaciones revolu­cionarias en la Argentina. Daniel hizo refe­rencia a una de las ve­rientes, el Partido Revolucionario de los Trabajadores, y yo voy a hacer referencia a la otra vertiente, que es la que tiene que ver, por ahí podemos discutir lo del na­cionalismo popular revolucio­nario que planteaba acá el com­pañero, pero que, en realidad, en la década del 60 no hablába­mos en términos de nacionalismo popu­lar revolucionario estric­tamente sino de intentos, sino hablándolo desde el peronismo revolucionario. Y también voy a hacer una mención, porque está una referencia hecha en el programa, a otro dirigente revo­lucionario latinoamericano que tuvo una gran in­fluencia, por lo menos en este sector del que provengo yo, que es el peronismo revolucionario; me estoy refiriendo a Camilo To­rres.
Con respecto a los conceptos que exponía Daniel acerca del pensamiento y de la práctica revolucionaria del Che, los que em­pezamos nuestra militancia en la década del 60, de alguna ma­nera aprehendíamos esos conceptos muchas veces sin si­quiera ser capaces de formularlos en términos teóricos, tal como los formuló Daniel en este momento. Con esto quiero decir que para aquellos que venimos de la militancia revolucio­naria del peronismo -en el caso mío yo empecé mi militancia en el Comando Camilo Torres, que es uno de los pequeños grupos que podemos caracterizar como proto-Montoneros, o sea que después confluye, junto con otros grupos, en la constitución de la organización Montoneros en 1970-, la discusión en términos estrictamente de gran profundi­zación teórica realmente no se daba. Pero sí cuando definíamos nuestra caracterización de la revolución, las estrategias para lle­varla adelante y los objetivos para alcanzarla, en realidad estába­mos utilizando y absorbiendo estos elementos teóricos, estos con­ceptos que Daniel describía y puntualizaba recién.
Yo haría referencia a un concepto que estaría adentro de lo que tiene que ver con la estrategia de lucha armada, que noso­tros desarrollábamos en esa época y que lo inscribíamos tam­bién en el pensamiento del Che, que tiene que ver con el fo­quismo. Cuando digo foquismo inscripto dentro del pensa­miento de la estrategia revolucionaria de la lucha armada es porque quizás algunos plan­tean que lo que absorbimos en Ar­gentina como teoría foquista no es estrictamente el pensamiento del Che, sino más bien una tra­ducción que habría hecho De­bray, Regis Debray, del pensamiento del Che. Eso está en dis­cusión de algunos, yo no tengo elementos para saldar esa dis­cusión, pero sí les diría que cuando los militan­tes de los 60 nos defini­mos por la lucha armada, nosotros lo ha­cemos en el año 67, lo hacemos en base, precisamente, a interpre­tar, a que creíamos es­tar interpretando la propuesta del Che en cuanto a la conside­ración de cuál es el momento adecuado para desarrollar la lu­cha armada en los países de América Latina.
Una de las cuestiones que definíamos en ese momento era que nuestra voluntad y nuestro propósito era que Argentina no fuera el último país que se liberase. Creo que en el “Mensaje” a la Tri­continental, o en algún otro documento del Che, el Che habla de que no puede haber países que se recuesten cómoda­mente en es­perar que los otros países de América Latina hagan su revolución para después ligarla como de rebote, no usa estas palabras, por supuesto, el Che, pero yo estoy haciendo una tra­ducción presente de ese concepto. Cuando nosotros leímos ese material interpreta­mos que la referencia del Che podía ser un pensamiento con res­pecto a Argentina, y en algunos de los tra­bajos que estuve le­yendo en estos días, pensando en la prepara­ción de esta charla, el Che hizo referencia, también, medio crí­tica con respecto a la in­movilidad que veía en la Argentina, con respecto a asumir un compromiso revolucionario.
Cuando nosotros empezamos a pensar en esto de desarrollar la revolución en la Argentina, decía que nuestra concepción asume la visión del foco. Nosotros veíamos, herederos e hijos de la Re­volución Cubana, más allá de que nuestra formación no era mar­xista, nosotros también apuntábamos, en ese mo­mento, a pesar de hacer un análisis de que la Argentina es un país que tiene un componente fundamentalmente urbano, más que rural, y si­guiendo las enseñanzas del Che, que el lugar más favorable para desarrollar una guerrilla en la Argentina, insta­lar un foco, tam­bién eran la zonas rurales. Yo les decía que acá hay una concep­tualización de cuál es el momento para desarro­llar la lucha revo­lucionaria en los distintos países, y en ese momento se traducía en cómo se conjugan las condiciones ob­jetivas, las condiciones ma­teriales, con las condiciones subjeti­vas. Las condiciones objetivas, según lo plantea el Che, según lo planteaban y seguramente lo se­guiremos planteando hoy, las condiciones objetivas, o sea, la ne­cesidad material objetiva de una revolución, en realidad en el sis­tema capitalista podríamos decir que están siempre dadas, porque la presencia de la explo­tación es lo que hace necesaria la revolu­ción, o sea, transformar un sistema explotador en un sistema justo. Quizás el debate se da más en torno a las condiciones sub­jetivas. Por condiciones subjetivas podemos decir, podemos de­nominarla como cuáles son, cuál es el estadio de la vanguardia en determinado mo­mento. Fundamentalmente, la condición subjetiva tiene que ver con el grado de organización popular que pueda ha­cerse cargo de llevar adelante este proceso. Cuando hacemos refe­rencia a la teoría del foco, la teoría del foco lo que traduce es que la insta­lación de un foco, o el inicio de acciones revolucionarias deci­dida y encarada por un grupo, puede no necesariamente, pero ésa es la propuesta, puede precipitar en las condiciones subjeti­vas y objetivas, también, un desarrollo tal que permita la gene­raliza­ción de la lucha. Por eso, también, cuando hablamos de la teoría del foco, digamos, se la suele referir, también, como el lugar desde el que se irradia la posibilidad de la lucha, o la chispa que enciende la pradera. Este sector, este grupo del que yo provengo, iniciamos nuestra militancia desde esa concep­ción, que la gene­ración de un pequeño grupo, con aspiraciones a que fuera cada vez más grande y más generalizado, se consti­tuyera en la van­guardia de esta lucha, y que para eso tenía que empezar a operar en términos, desarrollar una guerra de guerri­llas en la Argentina.
También la discusión era si sería en la zona selvática del no­roeste argentino. Había ya dos experiencias que se habían de­sa­rrollado: una muy breve, que es la de los Uturuncos, en la zona de Santiago del Estero y Tucumán; y después la que hizo referencia Daniel, que es la del Ejército Guerrillero del Pueblo, que instaló el compañero Jorge Ricardo Masetti, después de haber hecho su experiencia como periodista, primero, entrevis­tando a Fidel, al Che y a los jefes de la Revolución en la Sierra Maestra, después como director de Prensa Latina, y también el entrenamiento que llevó adelante, precisamente, y esto suma­mente conversado y charlado con el Che, de instalar un foco guerrillero en Salta. Ya según pude, confieso que hay cosas que me las enteré recién ahora, después de tantos años, la idea del Che de que fuera Ar­gentina uno de los países, o de volver a la Argentina para desa­rrollar la lucha revolucionaria, según lo cuenta Fidel, es una idea que estuvo presente permanentemente en el Che, incluso lo plan­teó antes de que se embarcaran con rumbo a Cuba. Eso ya se lo planteó en México, que su idea era, o sea, no era que lo ponía como condición de participar en la lucha revolucionaria, o sea, no era una exigencia previa, pero sí que la voluntad de él es que una vez que se concretara la revo­lución en Cuba poder plantear su participación, venir a la Ar­gentina a desarrollar la lucha revolu­cionaria. El comentario de Fidel fue que por supuesto le dijo que sí, faltaba tanto tiempo y no sabían qué iba a pasar. Pero bueno, el Che, tozudo y tenaz, no había olvidado esta propuesta y, enton­ces, en principio, esta venida de Masetti a la Argentina a desarro­llar este foco tendría que ver con esto. Y tendría que ver, también, con otra idea que estaba en la cabeza del Che en esos momentos, de que los luga­res adecuados, estoy hablando del año 62-63, para seguir mul­tiplicando la lucha revolucionaria en América Latina, el otro lugar era Perú, y en ese sentido se da el apoyo de la Revo­lución Cubana, que se está consolidando, a los intentos revolu­ciona­rios que fundamentalmente Heraud, bueno, Hugo Blanco ya tenía instalado su grupo en la selva peruana, pero apoyar fun­da­men­talmente desarrollando en Bolivia una estructura de reta­guardia que apoyara la lucha en Perú, pero que también eso sir­viera para apoyar la lucha en la Argentina. A pesar de que el Ejército Guerrillero del Pueblo y Masetti es prácticamente, sus in­tegran­tes, muchos de ellos son muertos, otros mueren de hambre, y de Masetti, por ejemplo, nunca se llega a saber qué sucedió, Ma­setti perseguido y acusado se pierde en el monte.
A pesar de esto, nosotros nos planteábamos que, de todos mo­dos, creo que haciendo una transpolación exageradamente exacta de lo que había sido la Revolución Cubana, durante todo el pri­mer año, o sea, durante el año 1967, la idea nuestra es de­sarrollar precisamente esta idea de instalar un foco en la zona, en ese mo­mento pensábamos en Tucumán, pero también, a partir de algu­nas experiencias que habíamos tenido algunos compañeros, en la zona del noreste argentino, en la zona del Chaco santafesino, en la cuna boscosa, ésa era otra posibilidad de instalar el foco.
Pero más allá de las cuestiones geográficas, lo que a mí me parece interesante plantearles y presentar acá, ante ustedes, es cómo algunos sectores de jóvenes militantes, que la mayoría de nosotros recién hacía en esto nuestras primeras armas en la mi­li­tancia, se planteaba la posibilidad de desarrollar un foco en la Ar­gentina. Con un aditamento, y ahí podríamos pensar esto del na­cionalismo popular revolucionario, desde otra vertiente, con un aditamento que es que nosotros definíamos esta estrategia para la toma del poder y la construcción del socialismo, de esa manera lo formulábamos, haciéndolo desde, teniendo como pla­taforma y pertenencia política al peronismo. La idea nuestra era la posibili­dad de conjugar, quizás no en términos conceptuales, sincera­mente no nos lo planteábamos en ese momento, de que esta con­jugación del nacionalismo popular revolucionario y el gueva­rismo, no hablábamos en términos de marxismo, se hi­ciera más que desde los términos conceptuales, se hiciera desde la práctica revolucionaria. Cuando empezamos a definir estas pequeñas ta­reas, yo les quiero aclarar que no seríamos más de 20 ó 25, pero también pensando en cómo había sido el inicio de la Revolución Cubana, nuestra idea era los que arrancaron de México eran 60-65 y los que se instalaron en Sierra Maestra eran apenas 12, por­que en medio gran parte del contingente había sido diezmado. De todos modos, no éramos solamente nosotros los que estábamos en esto. Después, digamos, el desa­rrollo de esos tres, cuatro años que van desde el 66-67 hasta principios de la década del 70, demos­traron que había muchos, y en distintas partes del país, que esta­ban desarrollando pro­puestas similares, por ahí no iguales, algu­nas similares y que estaban emparentadas. Lo mismo que explica Daniel nos de­mostró claramente eso, más allá de que después construyéra­mos organizaciones políticas revolucionarias que tu­vieran al­gunos aditamentos diferentes. En el mes de octubre del 67, así como nosotros nos planteábamos desarrollar algunas ac­ciones que tenían que ver con prepararnos para la subida al monte, eso incluyó, por ejemplo, enviar grupos de compañeros a Cuba. Digamos, la solidaridad internacionalista de la Revolución Cu­bana se expresó de muchas maneras, pero una de las maneras de las que se expresó más claramente con los intentos revolu­cio­narios en América Latina, y seguramente en el resto del mundo también, bueno, de África y de Asia, fue no solamente las ense­ñanzas que con su ejemplo nos daba la Revolución, sino también el entrenamiento concreto y práctico que muchos mili­tantes revo­lucionarios recibieron en Cuba. Bueno, grupos de compañeros nuestros viajaron a Cuba para entrenarse con vistas a esto. En nuestro, este intento de copiar tan fielmente la Revo­lución Cu­bana, nosotros calculábamos, les digo estas primeras conversacio­nes son de principios del año 67, que para el año 68 ya el foco es­taría instalado en algunas de las dos zonas que no­sotros teníamos como hipótesis.
Paralelamente a esto, nosotros incorporamos la influencia del otro revolucionario al que hice mención, que es Camilo To­rres. Incorporamos la influencia y el modelo, también la orga­nización de la que forma parte Camilo Torres, el Ejército de Liberación Nacional de Colombia. Es un movimiento guerri­llero que se ins­tala a mediados de la década del 60 en Colom­bia, al cual se suma Camilo Torres. Camilo Torres, un sacer­dote, sociólogo, joven de buena familia colombiana, que em­pieza su práctica revoluciona­ria, primero, desde una reflexión y un cuestionamiento del pen­samiento evangélico, cuestionando lo que podía tener o lo que él veía como de reaccionario de la práctica concreta de iglesia, y eso lo conjugaba con la compro­bación de la situación de miseria que él veía y vivía en su país. Camilo Torres desarrolla una práctica política muy intensa y agitativa en las ciudades colombianas, primero, hasta que, fi­nalmente a fines del 65, se incorpora concre­tamente a la guerri­lla rural. Colombia es un país donde, efectiva­mente, en esa época la composición de la población era predomi­nantemente rural y tenía, además, otra característica, y eso tam­bién quizás explica que en la guerrilla colombiana haya habido una gran cantidad de sacerdotes y religiosos que se sumaran, que el cam­pesinado colombiano había sido formado tradicionalmente en el pensamiento religioso, o sea, eso también provocaba una sim­patía o una rápida conexión, entre otros. Pero lo concreto que el compromiso de Camilo Torres, más que un compromiso reli­gioso, es un compromiso profundamente revolucionario. Tam­bién por eso el grupo éste en el que yo inicié mi militancia se llamó Comando Camilo Torres. Camilo Torres había caído en combate el 15 de febrero de 1966, y así como parte de nuestra formación y discusión política se daba en torno a lo que eran los documentos y los mensajes del Che, también desarrollamos la discusión política, y también estratégica, en torno a lo que eran los mensajes de Camilo Torres.
El intento de estos pequeños grupos era insertar, a la vez que desarrollábamos esta idea de foco rural, empalmar eso, o que eso estuviera referenciado, precisamente por eso les ha­blaba del pe­ronismo, en el movimiento peronista. La idea nues­tra era que esa masa explosiva, de la cual el foco iba a ser el de­tonante, ésa es otra de la terminología que hacíamos referencia en ese momento, que existía una masa potencialmente explo­siva, que eran las grandes masas populares hambreadas, perse­guidas y explotadas, para que se volcaran masivamente a la participación revolucio­naria lo que necesitaban es que hubiera un detonante. Ese deto­nante sería el foco o la vanguardia, que produjera esa explosión. No lo reflexionamos en ese momento así pero, paulatinamente, creo yo que puedo ubicar como mo­mento temporal más concreto, pero que tuvo un desarrollo un poco más largo, la caída del Che en Bolivia, la muerte del Che en Bolivia es lo que puso en cues­tión en estos pequeños grupos que estábamos pensando en el de­sarrollo de la guerrilla rural, profundamente vinculada a la lucha popular y a la lucha de masa en las ciudades, pero ésta la con­cepción de la instalación de un foco, es lo que pone en cuestión realmente la viabilidad o no de repetir un poco la experiencia del Che.
Por otra parte, había otros grupos que después confluyen fun­damentalmente en la formación de las FAR, las Fuerzas Armadas Revolucionarias, que luego en 1973 se fusionarán con la organi­zación Montoneros. Los compañeros de las FAR pro­venientes al­gunos de ellos ésta era su primera experiencia mili­tante, otros de distintas rupturas con el Partido Comunista, también habían em­pezado a preparar, pero ellos directamente la preparación de estos compañeros era no para desarrollar un foco acá en la Argentina, sino para sumarse a la guerrilla que estaba llevando adelante el Che en Bolivia. La muerte del Che y la desarticulación posterior de la lucha guerrillera en Bolivia es lo que lleva a que la FAR abandone este proyecto y decida desarrollar su práctica revolu­cionaria ya con vistas acá en la Argentina.
Pero ya para ese momento, lo mismo en referencia a estos pe­queños grupos de los que les hablaba antes, ya la idea de la insta­lación del foco rural es abandonada y es reemplazada por empe­zar a desarrollar, ya con los Tupamaros activando en Uruguay, por ejemplo, y ya dedicándonos más a la lectura de, por ejemplo, lo que había sido la lucha revolucionaria en Arge­lia, a desarrollar la guerrilla urbana. Cuando estoy hablando de guerrilla quisiera acá ampliar un poco más el concepto. Porque si bien en los prime­ros momentos guerrilla estaba, el desarrollo de la lucha revolu­cionaria estaba muy focalizado en pensar, o puede pensarse que está solamente focalizado en pensar en el desarrollo de la lucha armada, nosotros concebíamos a la lucha armada como uno de los instrumentos para la lucha revolucio­naria. Por eso decía, habría un foco que actuaría como deto­nante en el monte, pero eso no era obstáculo de que acá, en las ciudades, también hubiera el desa­rrollo de una lucha política que acompañara y, de alguna manera, también realimentara esa lucha que se iba a estar dando en el monte. En síntesis, la lucha en el monte no la dimos, hubo com­pañeros que sí partieron, hi­cieron entrenamiento, pero que nunca, que finalmente no se llegó a instalar ningún foco en el campo, y la lucha se centró fundamentalmente en la lucha urbana. De eso más o menos de­ben tener un poco más de idea, o de eso podríamos hablarlo, por ahí, en las preguntas, si es que interesa.
Pero hice este desarrollo para mostrar cómo encarnaba en la década del 60 en la militancia, o los que empezamos a militar en términos revolucionarios en la Argentina, el pensamiento del Che y el ejemplo de la Revolución Cubana. Les decía que en el mes, creo, de noviembre del año 67, empezamos a sacar un pe­queño periódico que se llamaba Che compañero. Esto como ese intento de juntar estas dos vertientes, la vertiente guevarista, la vertiente del Che, lo que era uno de nuestros grandes maes­tros, y el pero­nismo. Por eso el periódico se llamaba Che com­pañero, y su primer número tenía, no casualmente, una foto del Che y una foto de Perón. Hace poquito leí que Gillespie, en ese trabajo que hace sobre la organización Montoneros, Montone­ros, Soldados de Pe­rón, dice que cuando en el año 77 Monto­neros habla de su histo­ria como una síntesis o que resume la vertiente guevarista y la vertiente peronista, él dice que es una especie de lectura ahistó­rica, y que no es real. Bueno, yo en realidad me voy a permitir discutir con el académico inglés, yo creo que fue un intento, y que en la práctica eso se fue dando. No puedo decir que haya sido una síntesis acabada y que ha­yamos logrado conciliar ambos pensa­mientos, pero creo que una de las grandes riquezas que tuvo, las grandes riquezas que tuvo la militancia de los 60 y de los 70 es que en términos teó­ricos se daban discusiones, pero también ha­bía, quizás, cuestio­nes que no las saldábamos en la discusión teó­rica pero que en la práctica revolucionaria sí se iban resumiendo, sintetizando y desarrollando.
Bueno, lo que me gustaría ahora, después de haber hecho este pantallazo, yo había pensado, por ahí, desarrollar algunas cosas más, pero ya las planteó Daniel, así que me parece que es ocioso repetirlas, en cuanto a la visión del internacionalismo, en cuanto a la visión de las burguesías, por ejemplo. Uno de los conceptos sumamente discutidos en la década del 60 en la Ar­gentina, entre quienes empezábamos nuestra militancia, era lo que él había re­ferido como el papel de las burguesías naciona­les. Y quizás po­dríamos plantear ése es uno de los puntos en los cuales el debate entre lo que se conoce como la vieja izquierda o la izquierda tra­dicional en la Argentina y la nueva izquierda fue marcando seña­les de diferencia, y también de divorcio. Precisamente, uno de los elementos teóricos que nosotros tam­bién tomamos para saldar esa discusión con la vieja izquierda es lo que nos planteaba el Che del no carácter o no existencia o agotamiento de las posibilidades de que las burguesías naciona­les llevaran adelante algún proyecto incluso, ni siquiera de re­volución, sino de reforma en nuestros países. Para nosotros de­finir que no existían burguesías naciona­les porque el carácter dependiente de la Argentina hacía que las burguesías estuvieran aliadas al imperialismo, es lo que permitía, también, definir y cuestionar esta idea de la revolución por eta­pas, que era un planteo tradicional, por ejemplo, del Partido Co­munista en la Argentina.
Les marcaba esto, también, porque quizás otra de las notas de la década del 60 en nuestro país es esto, el surgimiento de nuevas izquierdas que, si bien tomaban, como en el caso del Partido Re­volucionario de los Trabajadores, los conceptos y la elaboración del marxismo para cuestionar, precisamente, los planteos que ha­cía la izquierda tradicional, desde otras vertien­tes no marxistas también existía ese cuestionamiento al pensa­miento de izquierda tradicional, y que intentaba ir más adelante e incorporarse a la lu­cha revolucionaria desde otros posicio­namientos.
Yo voy a terminar mi exposición ahora, simplemente ha­cién­doles una, me gustaría leer un par de párrafos, más que del con­tenido de cómo construía, ahora me voy a referir a Camilo To­rres, cómo construía parte de su discurso. Y es con respecto a lo que un guerrillero que inició su militancia revolucionaria con él cuenta de cómo Camilo Torres trabajaba los discursos que decía. Este guerrillero dice: A poco de incorporarse a la guerrilla, Camilo, él quiso lanzar como una proclama para anunciarlo al pueblo colombiano. Y fíjense, esa proclama que uno lee en los libros la hicimos entre todos, como él ha­cía las cosas. Estába­mos en el cerro de los Andes 35, 40 compañeros, y reunió a todo el campamento, y les preguntó: A ver, ¿por qué piensan ustedes que estoy yo aquí?. Y cada uno iba diciendo que tal cosa, que tal otra, que ta, ta, ta. Él iba escuchando, iba sa­cando, leía un párrafo y nos pregun­taba: ¿Están de acuerdo todos?. Sí. Bueno, ya está la primer idea, ahora va la segunda. Y así surge la proclama de Ca­milo convocando al pueblo co­lombiano, al campesinado, a la revolución. Me pareció intere­sante, para mí fue un descubri­miento saber que lo habían cons­truido de esa manera, pero creo que también nos abre un pano­rama de la riqueza de cómo en la década del 60 los nuevos revo­lucionarios, herederos de las re­voluciones antiguas, iban bus­cando nuevas formas para inser­tarse en la lucha popular y llevarla adelante.

 

G. Cieza:
Antes de pasar a las preguntas yo voy a meter un poco la cu­chara diciendo, salvando un olvido, hablando de los grupos inicia­les, las experiencias guerrilleras iniciales, porque es una expe­riencia que, aún frustrada, tiene que ver con nuestra zona. Me re­fiero concretamente al intento foquista frustrado que pro­tagonizó un grupo liderado por el Vasco Bengochea. Éste era un grupo de compañeros, la mayoría de Berisso, activistas de los frigoríficos. Bengochea era un hombre que venía del PRT, del viejo PRT, del grupo de Nahuel Moreno, que se había plan­teado una política de entrismo dentro del peronismo. Y tiene que ver el Vasco con la formación de las agrupaciones obreras peronistas que iniciaron los procesos de recuperación sindical acá en la zona. Con poste­rioridad al ascenso del vandorismo y a la entrega de los sindica­tos, primero la entrega de los sindicatos en el gobierno de Fron­dizi, después el ascenso del vandorismo, casi todos esos activistas sindicales que habían dado toda esa lucha quedan despedidos. El vandorismo los conocía y fue re­almente mortal para esos activis­tas sindicales. En ese momento también se dan las elecciones, las elecciones de Framini-An­glada, y las elecciones, a pesar de que las gana el peronismo, se anulan las elecciones. En ese momento de confusión, que real­mente no se sabía por dónde pelear, por el lado del movimiento obrero el vandorismo parecía como una tapa de cemento, real­mente, por donde no se podía avanzar, donde acá en la zona se habían perdido las huelgas del 60 y del 62 en la carne, en el 59 la huelga de Astilleros, en ese momento el Vasco va a Cuba y se encuentra con la Revolución. Y participa del lado del ejér­cito cubano, junto al pueblo cubano, frente a la invasión de Bahía de los Cochinos. Y ustedes observen en la gente en que confía Cuba, en la gente en que confía Guevara: en Cooke, en Bengochea, en Masetti. Los tres se quedaron a pelear en la Ba­hía de los Cochinos. Muchos de los argentinos que habían ido a cono­cer la Revolución buscaban aviones para disparar. Enton­ces, bus­caron fundamentalmente apoyos en gente que mostraba en los he­chos que estaba convencido de que quería hacer una revolución, y estaba convencido de defender una revolución.
El grupo Bengochea, que se forma fundamentalmente a partir de estos activistas obreros de Berisso, al final no puede concre­tarse porque hay una explosión en la calle Posadas, en el año 64, donde muere Ángel Bengochea y algunos otros compa­ñeros. De ese grupo, uno de los sobrevivientes es Amanda Pe­ralta y Enrique Ardetti. Algunos de esos compañeros, Amanda Peralta y Enrique Ardetti participan de la experiencia de Taco Ralo en el año 68, otro foco rural frustrado. Y la mayoría de los compañeros, todos los compañeros de Taco Ralo son detenidos, con excepción de Enrique Ardetti y su compañera, y ellos son fundadores, después, de una nueva organización peronista, que son las Fuerzas Arma­das Peronistas.
Yo quería hacer mención a este aspecto porque nos toca lo­calmente y, además, porque es una de las cosas que desmiente algo que muchas veces, una visión que hubo sobre la guerrilla que, sobre todo, se difundió en la época posterior al 83, diga­mos, creo que tuvo que ver un poco con el alfonsinismo. Es de­cir, se asociaba a la guerrilla, que algunos otros grupos de iz­quierda también se prendieron en esa visión, se asociaba a la guerrilla como una conexión de la experiencia cubana con la radicaliza­ción de la pequeña burguesía. En general, en el sur­gimiento de la guerrilla es mucho más complejo y tuvo que ver también con un estado del activismo obrero en ese momento. Y esa experiencia de Bengochea y del grupo de estos activistas de los frigoríficos tiene, además, sus correlatos con otros gru­pos. El núcleo duro de la CGT de los Argentinos también se in­cor­pora a la guerrilla, y nú­cleos duros muy importantes del monte, de los cañeros tucuma­nos, se incorporan a la guerrilla, funda­mentalmente al Ejército Revolucionario del Pueblo. Esto me parece que un análisis a fondo de estas cuestiones, de un estudio a fondo de estas cuestio­nes, permite analizar mejor cuál fue el origen social y el origen político de los movimientos gue­rrille­ros en la Argentina. Quería agregar esto.
Bueno, ahora sí pasamos a las preguntas. Tenemos la pri­mera pregunta, para Daniel De Santis. Dice: A su entender, si la toma del poder no se lograría en un tránsito pacífico, ¿por qué y para qué se presentan los partidos políticos revolucio­narios argentinos a elecciones, votaciones, entre comillas, burgue­sas?. A Daniel.

 

D. De Santis:
Éste es un tema bastante amplio. En primer lugar, nuestra or­ganización, un pequeño grupo de compañeros, nosotros cre­emos que no hay un verdadero partido revolucionario que ex­prese las ideas del socialismo en la Argentina. Por eso estamos abocados a la construcción de un partido que surja desde la base del pueblo, de los trabajadores, con una concepción revo­lucionaria.
El tema de las elecciones, voy a explicar con algún ejemplo histórico para que se entienda un poco más. Cuando se produ­cen las elecciones del año 73, en general todas las organizacio­nes guerrilleras tienen una posición de participación en las elecciones. Distintas pero, en general, de participación en las elecciones. En el caso del PRT, desde el año 71 lanza la for­mación de los Co­mité de Base para tratar de formar una fuerza electoral y poder presentarse a elecciones con candidaturas presidenciales, diputa­dos, etc. No lo logramos conformar. Pero no es contradictorio el hecho de tener una estrategia revolucio­naria, incluso en la época del desarrollo de la lucha armada, con el aprovechamiento de las distintas formas de lucha que se plantean en cada momento. Las elecciones son un hecho polí­tico, y una organización política re­volucionaria no puede igno­rarlas, tiene que dar alguna respuesta. Puede ser boicotear las elecciones o puede ser participar, de acuerdo al estado de ánimo de las masas y el desarrollo de la or­ganización, las capacidades, las posibilidades de llevar adelante una táctica o la otra táctica.
Ahora, nosotros vemos que hay algo distinto en la actuali­dad. En la actualidad no sólo este elemento nosotros conside­ramos para ver si es correcto o no es correcto aprovechar como una cuestión táctica la participación en las elecciones. Nosotros he­mos participado en los últimos años en algunas experiencias elec­torales y la conclusión que hemos sacado que si una fuerza real­mente revolucionaria y transformadora no logra conformar una fuerza que sea visualizada por el pueblo como algo distinto que lo que ofrece el sistema, a los ojos del pueblo esa fuerza aparece como una variante más del sistema. Entonces, además de enmar­car la participación electoral en una estrategia de lu­cha revolu­cionaria, hay que tener muy en cuenta la saturación que ha pro­ducido la corrupción de la política electoral de los partidos del sis­tema y, no digo corrupción, pero la limitación de los partidos de izquierda en su participación electoral. O sea, desde el punto de vista de nuestra concepción revolucionaria nosotros no descar­tamos como un aprovechamiento táctico la lucha electoral, pero táctico en una estrategia de conjunto, que tenga en cuenta todas las formas de lucha que tiene que darse el pueblo en cada mo­mento.

 

G. Cieza:
A Graciela Daleo: ¿Qué lectura hace, como militante del peronismo revolucionario, del distanciamiento que Perón tomó de sus sectores combativos en la década del 70?.

 

G. Daleo:
Una ya sabe que cuando dice que proviene del peronismo es­tas cosas son inevitables. Yo puedo dar, quizás una de las di­ficul­tades que hay para construir una reflexión alrededor del papel del peronismo, de lo que fue la lucha revolucionaria de los 60 y de los 70, etc., etc., tiene que ver con que, precisa­mente, la dictadura militar pulverizó las organizaciones, por lo tanto la reflexión es muy difícil hacerla colectivamente. Y la otra dificultad es este presente. Pero con respecto, lo que puedo arrimar son algunas ideas, yo les digo tampoco está totalmente acabado, pero simplifi­cando podría decir que los militantes del peronismo revoluciona­rio de la década del 60 y del 70 hicimos, creo yo, una interpreta­ción de Perón que iba más allá de lo que Perón realmente daba de sí. Lo que para Perón era una táctica, en nuestra idea es que era en realidad una estrategia. Cuando Perón vuelve el 20 de junio de 1973 a la Argentina, algo que creo que no logramos ver con toda claridad nosotros en ese momento, pero ya el discurso del 21 de junio de Perón define que él no estaba optando por la patria so­cialista, por la cual no­sotros veníamos luchando como peronistas revolucionarios, y con un discurso que Perón acompañaba y con una política que Perón, hasta ese momento, acompañaba, sino que opta por lo que se llamará después el proyecto de la Argen­tina potencia. Esto un poco para, simplificando mucho la res­puesta, o sea que en ese momento, creo que en ese discurso en ese 21 de junio, lo que se pone es en forma más clara que los proyec­tos no eran los mismos, que el proyecto de Perón no era la patria socialista sino que el proyecto de Perón era, quizás, consolidar de alguna ma­nera, no sé, la comunidad organizada o lo que en ese momento se llamaba la Argentina potencia.
Lo que siguió después, los que conocen un poco de aquel breve período que va del 20 de junio del 73 al 1º de julio del 74 en que Perón muere, es precisamente el desarrollo de un intento de acercamiento y de alejamiento, de un debate, yo diría, polí­tico ideológico, aunque no se daba en términos de sentarnos to­dos al­rededor de una mesa a discutir con el Viejo, pero lo que se va dando a lo largo de ese año es un debate político ideoló­gico hacia el interior del peronismo y desde algunos sectores del peronismo con Perón, y desde algunos sectores del peronismo con otros sec­tores del peronismo. En algunos momentos ese de­bate político ideológico no tenía solamente una forma discur­siva sino que tuvo también formas violentas, como muchos de ustedes sabrán.

 

G. Cieza:
A Daniel De Santis: Teniendo en cuenta que el PRT-ERP constituyó una de las expresiones más fieles del guevarismo en la Argentina, ¿por qué contradijo, en cierto modo, a su mentor en cuestiones tácticas como ser ataque a los acanto­namientos de las fuerzas armadas y continuación de la lucha armada du­rante el gobierno peronista?.

 

D. De Santis:
Bueno, en cuanto a la concepción militar específicamente, es un principio de la guerrilla atacar al enemigo cuando está en su situación más débil, que es cuando está en movimiento, o sea, columnas que se están desplazando de un lugar a otro, rea­lizar emboscadas; aunque, bueno, en la misma Revolución Cu­bana y en la teoría que realiza el Che no niega en forma abso­luta realizar ataques a posiciones fijas del enemigo. Además, una cuestión que tuvo a favor el ERP fue que siempre realizó acciones que eran más avanzadas de lo que esperaba el ene­migo. La inteligencia de las fuerzas armadas hacían una eva­luación del ERP, y el ERP hacía acciones más grandes, enton­ces los tomaba de sorpresa. En este sentido a principios del 73 se realiza el copamiento del Cuar­tel 141 en la ciudad de Cór­doba, donde es una acción totalmente exitosa y son recuperados más de cien fusiles. Y logra hacer, luego en el 74, dos copa­mientos, uno en Rosario, el Batallón 121, y otro en Villa Ma­ría, con total éxito, llevándose el armamento. Y sí tiene algunos fracasos por la pérdida de la sorpresa, en el caso del intento de copamiento en Catamarca, pero no en la parte de la acción es­pecíficamente, sino en la tarea de aproximación, que son de­nunciados por gente de la zona que vieron los movimientos. En el caso de la acción militar más grande que se desarrolló en la Argentina, que fue el copamiento del Batallón de Arsenales Do­mingo Viejobueno, el inconveniente que se produjo ahí fue la pre­sencia de un agente infiltrado del enemigo, un hombre que venía de otra organización que se incorpora al PRT, y ve­nía con ese crédito de ser militante de otra organización. Y aunque era un militante sin ninguna responsabilidad, de base, como trabajaba para el enemigo se ubicó en un lugar que pudo pasar la informa­ción. Y al perder el factor sorpresa esta acción fra­casó.
Con respecto a la parte política de por qué la continuidad de las acciones militares durante el gobierno de, de Cámpora no, porque no hubo acciones militares durante el gobierno de Cám­pora, sino después, cuando está Perón, nosotros hacíamos un análisis de que el regreso de Perón a la Argentina era producto del auge de la lucha revolucionaria en la Argentina, que a partir del año 1969 con el Cordobazo y el Rosariazo no sólo había una lu­cha interburguesa sino que había un salto cualitativo, y las fuer­zas populares y las fuerzas revolucionarias comenzaban a cues­tionar el poder a la burguesía, a cuestionar el capitalismo, y se abría la posibilidad del triunfo de la revolución socialista en la Argentina. En ese sentido, Lanusse, el más esclarecido de los diri­gentes de la burguesía, entiende que Perón es el peor de todos, pero era uno de ellos. Entonces, pacta con Perón y se da el retorno de Perón a la Argentina, se dan las elecciones y es en­tregado el poder. Yo en su momento compartía este análisis, lo sigo com­partiendo, creo que la burguesía logra el éxito que se planteó que fue dividir la vanguardia revolucionaria con el re­torno de Perón al gobierno, y dividir al conjunto del pueblo. Cuando se dan las movilizaciones de junio y julio del año 75 el pueblo está dividido y la vanguardia está dividida. Este hecho fue el que produjo el agotamiento de las movilizaciones de ma­sas más importantes que se produjeron en la Argentina, por lo menos durante las décadas del 60 y del 70, y podría decir de todo el siglo. Lo que creo que no fue aceptado y que fue un error fue realizar grandes acciones militares, como las tomas de los cuarteles de Azul y de Sanidad, durante el año 73. Pero bueno, justamente el error creo que pro­venía de un análisis po­lítico correcto del desenvolvimiento de la lucha de clases en la Argentina.

 

G. Cieza:
Bueno, tengo cuatro preguntas para los dos oradores. La pri­mera: ¿Qué entienden por nacionalismo popular?.

 

G. Daleo:
Bueno, en realidad a mí me daban ganas de contestarle una de las cosas que dijo Daniel, así que voy a aprovechar esta pre­gunta para contestarle también a Daniel. O sea, ya hice refe­rencia, cuando hice mi intervención, en que no compartía exac­tamente el tema éste del nacionalismo popular revolucionario. Yo creo que no es ocioso no decir sólo nacionalismo, sino decir nacionalismo popular revolucionario, porque creo que hay dife­rencias. No soy una teórica en el tema pero haría un pequeño resumen. El nacio­nalismo popular revolucionario creo yo que en realidad refiere, es un pensamiento que tiene que ver con las formas de lucha que se realizan en los países dependientes, y también con la concepción, o una visión, con respecto al estado en los países dependientes. Y por eso los que militamos en el peronismo revolucionario encua­drábamos o caracterizábamos al peronismo revolucionario como dentro del marco del nacio­nalismo popular revolucionario. ¿Por qué?. Cuando decía lo del tema del papel del estado es porque no­sotros pensamos que en determinados momentos históricos, si bien reconocemos que el estado es un estado de clase, etc., etc., considerábamos que en los países dependientes hay momentos en que el estado puede asumir, de alguna manera, la defensa de los intereses colectivos con respecto a la potencia dominante. Esto tiene que ver espe­cíficamente con países dependientes, no cual­quier situación. Y dentro de ese marco es que nosotros ubicába­mos al peronismo en la década del 60 y en la década del 70. Y decíamos nacio­nalismo popular revolucionario, revolucionario porque enten­díamos, quizás esta cuestión de hablar de naciona­lismo popular revolucionario tiene que ver, también, con un de­bate teórico que dimos, que se dio en términos, no digo en térmi­nos persona­les sino en términos de corrientes políticas, con la iz­quierda en cuanto, fundamentalmente con las visiones que te­nían más que ver, por ahí, con el Partido Comunista, con la iz­quierda ortodoxa, con una visión del internacionalismo que transformaba cualquier lucha nacional, nacional-local, si no apoyaba los intere­ses de la Unión Soviética era calificada de contrarrevolucionaria, que tiene que ver, no sé, con huelgas que se desarrollaban en la Argentina durante la segunda guerra mundial podían ser ver como atentatorias a los intereses de la Unión Soviética, o una lec­tura de la historia o del desarrollo de la lucha en nuestro país que no tenía que ver concretamente con los intereses de los trabajado­res argentinos, sino con una visión hecha desde la Unión Sovié­tica.
Y decía que también aprovechaba para dejar sentada mi pro­funda diferencia con la afirmación de Daniel, de que en rea­lidad el retorno de Perón se produce producto de un acuerdo en­tre La­nusse y Perón. Eso, de alguna manera, resume el decir que el GAN triunfó en la Argentina. El GAN es ese instru­mento conce­bido por Lanusse, por las fuerzas armadas y por la burguesía ar­gentina, se llamó el Gran Acuerdo Nacional, preci­samente para tener una salida, una salida a la dictadura militar iniciada en 1966. Mi caracterización es que precisamente el GAN no triunfó, Perón no volvió porque hizo un pacto con La­nusse sino que Perón volvió porque hubo una formidable mo­vilización popular que, en gran medida, resumió y expresó lo que durante 18 años los pero­nistas, el peronismo en la Argen­tina y también algunos sectores de la izquierda, de la izquierda no peronista, creyeron que era uno de los lemas o una de las consignas de la lucha popular en la Ar­gentina después del golpe gorila de 1955.

 

G. Cieza:
Vamos a agregarle a Daniel: ¿Qué entiende por naciona­lismo popular?, otra pregunta que dice: Aclare por qué es con­tradictorio el nacionalismo popular revolucionario y el socia­lismo. Hay como 10 preguntas más, así que seamos bre­ves.

 

D. De Santis:
Bueno, yo por ahí no contestando directamente, pero yo creo que hay que hacer una diferencia entre el desarrollo de la con­ciencia espontánea de las masas, sobre todo en la clase obrera y los sectores populares, que ese nacionalismo popular espontáneo de las masas tiene un aspecto positivo porque tiene un desarrollo ascendente. El nacionalismo popular que para mí es totalmente negativo es el que proviene de la intelectualidad revolucionaria, sobre todo que maneja la teoría del marxismo y que, tomando los argumentos del marxismo, justifica las limi­taciones del desarrollo de la conciencia de las masas. En esto el socialismo es muy claro, Marx, Engels, Lenin, el Che, lo plan­tean con absoluta claridad. El socialismo es la fusión de la ciencia puesta al servicio de la clase obrera con la vanguardia de la clase obrera. De la fusión de estos dos elementos surge el partido revolucionario, el partido socia­lista. Por eso digo el de­sarrollo espontáneo de las masas es una cosa, la teorización por parte de la intelectualidad proveniente de la pequeña burguesía es otra. En este sentido, en el sentido de la intelectualidad bur­guesa, creo que es una contradicción porque niega la misma ciencia que dicen sostener.

 

G. Cieza:
A los dos: ¿Por qué creen ustedes que los grupos y parti­dos de izquierda aquí en la Argentina están actualmente tan dis­gregados y diseminados?.

 

D. De Santis:
Bueno, yo creo que han pasado cosas en la Argentina, ha ha­bido la dictadura terrorista y genocida, que fue la respuesta al avance de las fuerzas revolucionarias y al cuestionamiento del poder de la burguesía. Que la dictadura no fue terrorista y ge­no­cida porque sí, sino porque vieron peligrar la posibilidad de la continuidad del sistema capitalista, y realizaron un extermi­nio y un aniquilamiento físico de las fuerzas revolucionarias, segura­mente por errores que hemos cometido nosotros, pero yo creo que esto explica la gran debilidad de la izquierda. Y los sectores de izquierda que permanecieron medianamente organi­zados y que pudieron resurgir después de la dictadura, ni antes ni ahora expre­saron el marxismo revolucionario en la Argen­tina. O sea, nosotros tenemos, creo yo que la izquierda que se expresa en este momento en la Argentina fue la izquierda re­formista, la izquierda populista que veníamos criticando antes, o sea que una de las tareas, o la tarea de los revolucionarios en la actualidad es constituir una fuerza, un partido revoluciona­rio, que exprese a la clase obrera, que exprese a los sectores po­pulares y que integre todo el caudal de experiencias del movi­miento socialista y revolucionario inter­nacional, y a su vez rea­lice un análisis de la modificación y de la nueva situación del capitalismo en la actualidad, para poder dar respuesta al actual grado de desarrollo de las fuerzas productivas y al capitalismo globalizado, como le llaman ellos.

 

G. Cieza:
A los dos: ¿Por qué creían o creen que era más factible el desarrollo de la guerrilla en el campo que en la ciudad en paí­ses como Argentina?.

 

G. Daleo:
Bueno, voy a puntualizar que creía, digamos, han pasado los años y la experiencia es que no lo creo. Creo que en ese momento nosotros hacíamos una, por un lado, una caracteriza­ción inco­rrecta, siempre es mucho más fácil encarar una lucha teniendo un modelo, sobre todo, de un movimiento triunfante. Por eso les explicaba al principio que para nosotros la Revolu­ción Cubana fue un modelo. Y en los inicios de la acción revo­lucionaria en la Argentina, digamos, de la Argentina moderna, por decirlo de al­guna manera, en la década del 50 y en la dé­cada del 60 el lugar de referencia era planteado como el campo. Yo creo que había, nunca profundicé mucho en por qué los Uturuncos empiezan su accionar en las zonas rurales, pero creo que sobre eso, también un poco cuando el Che fundamenta la cuestión ésta del desarrollo de la lucha revolucionaria entre las masas campesinas, en el campo, tiene que ver también con cuestiones vinculadas a la seguridad, a la posibilidad de desa­rrollar acciones revolucionarias sin tener al enemigo encima -digamos, el planteo era que las ciudades eran, los revoluciona­rios eran sumamente vulnerables, sujetos con mu­cha facilidad a la posibilidad de delaciones-, la posibilidad de mantener a un grupo organizado conviviendo y, además, si al­guno de ustedes ha leído “Guerra de guerrillas”, por ejemplo cuando el Che ha­bla de cuál tiene que ser el papel de la guerrilla, esto lo de gol­pear y desaparecer, desarrollar acciones permanen­tes, continua­das pero con poco costo en cuanto a la vida de las personas, y posibilidad de golpear al enemigo donde duele, como el tábano o el moscardón, digamos, y esto, lo de la movilidad constante y lo de la vigilancia constante, bueno, lo de la movili­dad cons­tante en las ciudades no era vista como factible. Creo, por eso decía, en ese momento lo creía, esa creencia nos duró bas­tante poco, porque la realidad nos iba demostrando que un país con población mayoritariamente urbana como la argentina, con una clase obrera fuerte, organizada, como existía en la Argentina, y obviamente en un planteo revolucionario la clase obrera es la que debía nutrir al movimiento revolucionario, entonces es que se empieza a pensar y a desarrollar acciones, a pensar ya una estra­tegia revolucionaria fundamentalmente con asiento en las ciuda­des. Pero tenía mucho que ver con eso, con el hecho de que había una revolución triunfante reciente, que es la Revolu­ción Cubana, y con que el pensamiento de cómo hacer abstrac­ción o cómo po­der eludir la vigilancia, la delación, el aparato represivo asentado fundamentalmente en las ciudades, era por eso que se pensaba en que el lugar adecuado era el campo.

 

D. De Santis:
Comparto los conceptos. Solamente quería agregar en la ex­periencia del PRT, el PRT surge fundamentalmente de Tu­cumán y Santiago del Estero, y previo al desarrollo de la gue­rrilla rural realiza un intenso trabajo dentro del proletariado azucarero, del campesinado de la zona. El PRT en el año 65 lleva a la Federa­ción de Obreros y Trabajadores de la Industria Azucarera, la FOTIA tucumana, la propuesta de candidatos obreros al parla­mento, ganan las elecciones, surgen candidatos obreros, después desarrollan una extensa lucha de masas, de huelgas en contra de la dictadura de Onganía a partir del 66. O sea que en Tucumán se habían agotado la lucha electoral y la lucha de masas, y los secto­res de la vanguardia obrera plantea­ban la necesidad de pasar a la lucha armada. Entonces, de los conceptos teóricos de Guevara, que planteó Graciela, tomába­mos esto, pero además existía una base política y un trabajo político previo. En este sentido, el PRT tenía algunas diferen­cias con la teoría del foco de Guevara, que planteaba la necesi­dad de un trabajo político previo para el na­cimiento de la gue­rrilla. En este sentido lo llevó a la práctica este trabajo político, y sobre este trabajo político fue que constituyó la Compañía de Monte, que operó en Tucumán desde el año 73 hasta fines del 76, principios del 77.

 

G. Daleo:
Perdón, y me olvidé de un elemento muy importante que tenía que ver con este análisis, que es que se pensaba que el grado de explotación y de miseria era mayor en el campo, ha­ciendo una especie yo diría que hasta de pensamiento mecá­nico: a mayor explotación, mayor posibilidad de desarrollo de la conciencia de las masas campesinas. Ése también era un ele­mento que teníamos en cuenta en ese momento.

 

G. Cieza:
¿Cómo ven la acción desarrollada por el MTP y Gorria­rán en La Tablada? ¿Una continuidad del pensamiento gue­va­rista?

 

D. De Santis:
Bueno, yo fui militante del Movimiento Todos por la Patria en el año, bueno, cuando se fundó, y nosotros tuvimos diferen­cias, no por la acción, porque no estaba planteado hacer esta ac­ción, sino por la metodología de construcción: una organiza­ción muy abierta, muy light. Nosotros siempre tuvimos una concep­ción más leninista de la organización, más la necesidad de la construcción del partido que se construyera en la clase obrera, en los sectores populares, y eso desde el punto de vista de la concep­ción organizativa. Y desde el punto de vista de la situación polí­tica creíamos que en ese momento, y en este mo­mento, no era la tarea a desarrollar la lucha armada guerrillera, y mucho menos iniciarla con una acción de esa envergadura, cuando ni siquiera desde el punto de vista operativo, operativo-militar me estoy refi­riendo, existían las condiciones para llevar adelante esa acción. Lo único que podría tener fue el factor sor­presa, que incluso creo que tampoco lo tenía, sino que la acción estaba delatada de antes. O sea que no comparto en absoluto, creo que no refleja la con­cepción guevarista, y creo que lo de La Tablada no se puede utili­zar como para impugnar la con­cepción marxista-leninista gueva­rista de la estrategia revolu­cionaria.

 

G. Cieza:
Para los dos: ¿Cuáles son las formas de acción política más adecuadas en la Argentina de hoy?. Y dos: Su opinión sobre el zapatismo y las nuevas formas de lucha popular.

 

G. Daleo:
Bueno, también creo que esta es una pregunta que se repite cada vez que nos juntamos más de diez y que hay alguien sen­tado atrás de un micrófono. Y yo, lamentablemente, contestaré lo que contesto siempre: no tengo respuesta, digamos, la pre­gunta ésta de cuáles son las formas adecuadas de acción polí­tica hoy creo que no es patrimonio de una persona, sino que responde a la posibili­dad de construcciones populares. Lo que sí diría que hay una premisa básica para poder desarrollar una acción política, y cuando pienso en acción política pienso en la acción política, bueno, lo que es para mí acción política, que no tiene que ver con ocupar un cargo, etc., etc., sino que tiene que ver con desarrollar una acción que conduzca a la transforma­ción de la situación pre­sente, al fin del capitalismo y a la cons­trucción de una sociedad socialista. Pensando en eso, diría, no tengo la receta para hacer eso, pero sí lo que me queda claro es que la condición básica ne­cesaria para poder desarrollar una acción política que conduzca a estos objetivos es centralmente la organización popular, la parti­cipación popular en la concep­ción de cualquier proyecto. La­mento que mi respuesta sea po­bre pero no tengo la receta para esto.
Y en cuanto a la opinión sobre el zapatismo yo creo que, bueno, después de una década que podemos identificar o pensar como de derrota de las acciones populares prácticamente en todo el mundo, creo que el zapatismo es una nueva forma que recoge de las viejas experiencias ya aportadas por distintos pueblos del mundo, y aporta ingredientes nuevos a esto de la organización popular y a las posibilidades de transformación de una sociedad. Creo que aporta especialmente elementos nuevos que tienen que ver con una particularidad específica de México, que es la gran cantidad de población indígena, una tradición y una cultura que le da elementos muy particulares para, en torno a eso, generar una acción revolucionaria. Cómo continuará esto, cómo va a ser el paso siguiente de esta organización, de resistencia, que desarrolla el zapatismo, y de organización po­pular de las comunidades indí­genas, cómo eso puede llegar a cuestionar de una forma defini­tiva, yo creo que está cuestio­nando el poder central, el poder capi­talista en México, pero cuestionarlo de una forma que eso pro­duzca una transforma­ción definitiva de la sociedad mexicana, sinceramente no sé cuáles serán los pasos siguientes y cuál puede ser su desembo­que.

 

D. De Santis:
Dos palabras con respecto a lo de La Tablada. Es un aporte crítica de acá de un compañero, dice: No obstante el Pelado está preso y otros trabajan para la burguesía. Bueno, yo comparto esta observación del compañero, porque yo hice la parte crítica pero también es bueno decir de que tenemos que ser tan críticos, no, mucho más críticos con aquellos que, pro­veniendo del campo popular, cometen no errores, como catalo­gamos nosotros la ac­ción de Gorriarán, sino traiciones. Los que hoy están trabajando para Clinton, para la burguesía, para el imperialismo, y hay una legión de militantes que han compar­tido con nosotros la lucha que hoy están sosteniendo el proyecto del imperialismo, creo que esto es una traición, que tenemos que ser mucho más críticos con estos elementos que con algu­nos compañeros nuestros que hayan co­metido errores, de la magnitud que querramos, pero que, bueno, que siguen estando dentro de la militancia popular.
Con respecto a cuáles son las formas… Bueno, esto es una res­puesta muy larga. Yo traté de poner algunos conceptos en mi ex­posición. Nosotros creemos que hay que retomar los concep­tos, las ideas y la práctica acuñada por el movimiento socialista a ni­vel internacional y en la Argentina. Creemos que el con­cepto de partido revolucionario de vanguardia integrado, fun­damental­mente, por los trabajadores, es una herramienta válida. Que haya habido experiencias que desvirtuaron estas construc­ciones no in­valida la necesidad de la construcción de un par­tido. Hay una polémica partido-movimiento, nosotros pensamos que, en general, el movimientismo responde a distintas concep­ciones no marxistas, sino, en general, responde a concepciones populistas, no demo­cráticas, verticalistas; que la organización más democrática que se pueden dar los trabajadores son las or­ganizaciones de partido, que tienen estatutos y tienen formas de dirimir las diferencias y resolver los acuerdos y elaborar sus lí­neas de acción política. Yo creo que el punto de partida para desarrollar cualquier acción po­lítica que se plantee el objetivo de lo que estamos hablando acá, estamos en la Cátedra Che Guevara, estamos hablando de gueva­rismo, y el objetivo fun­damental de la toma del poder por las fuerzas revolucionarias para la destrucción del capitalismo y la instauración del socia­lismo. Si seguimos pensando en esto tene­mos que seguir pen­sando en las herramientas estratégicas. Pri­mera herramienta es­tratégica: la construcción de un partido revo­lucionario de los trabajadores. Segunda herramienta estratégica: este partido re­volucionario tiene que estar dotado o capacitado para llevar adelante todas las formas de lucha que se plantee el pueblo o que plantee la situación política en cada momento. Eso será fruto del análisis de la vanguardia revolucionaria.
Nosotros creemos que hay un diversionismo ideológico cuando se intenta reemplazar la necesidad de la vanguardia re­vo­lucionaria con los movimientos sociales. En nuestra expe­riencia, nosotros hemos impulsado y seguimos impulsando, y seguimos trabajando en el desarrollo de los movimientos socia­les. En mi caso particular yo acá en la zona he trabajado siem­pre en el mo­vimiento obrero, en una época en metalúrgicos, ac­tualmente en el gremio docente. Conocemos, tenemos la expe­riencia y estamos en el movimiento social. Pero limitar el plan­teo de la lucha ahí es quedarse, digamos, planteando reformas dentro del sistema capi­talista, y no plantearse la lucha con la concepción del marxismo-leninismo, o sea, de la concepción de Guevara.
Con respecto a lo del zapatismo yo voy a ser sincero, no co­nozco mucho. He escuchado a los interpretadores, creo que hay muchos interpretadores del zapatismo. Primer elemento de in­ter­pretación falsa que se ha transmitido es la construcción, di­gamos, se lo quiere presentar como un movimiento social. Se habla del trabajo de masas, cosa que todos los revolucionarios sabemos que tenemos que hacer. Pero uno piensa cómo empezó el movimiento zapatista: cuatro o cinco compañeros que se fue­ron a la selva, se fueron a sembrar ahí, con un proyecto a diez o quince años. ¿Si esos compañeros no tenían un proyecto de vanguardia, cómo se puede catalogar al proyecto de los compa­ñeros que hoy están lle­vando adelante ese proyecto?. Después se presentan cuestiones del zapatismo como si fueran un ha­llazgo, que interpretan a las masas, que hablan su mismo len­guaje, que llevan adelante sus aspiraciones. Yo les puedo ase­gurar que todo movimiento político revolucionario que tuvo re­percusión dentro de los movimientos de masa, en cualquier lu­gar del mundo, tuvo que atenerse a estos principios. El que no hizo, no logró fusionarse con las masas. Esto no es nuevo, no es un hallazgo. Esto los interpretadores del zapa­tismo quieren pre­sentar a esto como cosas nuevas, como descu­brimientos que se han hecho en los años 90, para invalidar la ex­periencia anterior que nosotros conocemos, hemos hecho, y que todos los revolu­cionarios del mundo han hecho. Yo creo que hay que conocer, yo no la conozco, hay que tratar de conocer la expe­riencia di­rectamente, dejar de lado los interpretadores para no comprar diversionismo ideológico de la burguesía.

 

G. Cieza:
Hay una última pregunta y creo que con esto ya podemos ir cerrando. Dice: Teniendo en cuenta que los partidos revolu­cio­narios son aparentemente más homogéneos y consecuen­tes con el proyecto del socialismo a nivel internacional, ¿qué hace en­tender que las revoluciones triunfantes y los proyec­tos revolu­cionarios más avanzados de América Latina estén encabezados por movimientos de índole local y/o nacional?.

 

D. De Santis:
Bueno, yo creo que he sido claro en la exposición de dife­ren­ciar el nacionalismo como ideología de la necesidad de la lucha en cada país. Obviamente, todo movimiento, los movi­mientos re­volucionarios, los partidos revolucionarios, se desa­rrollan en el marco de las naciones porque son las estructuras que ha desarro­llado la clase dominante y es la forma que tiene el modo de pro­ducción capitalista de expresarse, desde que surgió hasta este momento. Nosotros vivimos en estados nacio­nales que comparten una serie de elementos, lo que hace que dentro de los estados na­cionales se conformen las organizacio­nes para luchar dentro de cada uno de los países. Esto en abso­luto es contradictorio con la necesidad de la lucha internacio­nal. La lucha internacional, dice el Che, además de una obliga­ción moral es una necesidad, porque no es posible pensar en la liberación de los pueblos del mundo y de los trabajadores con revoluciones en un solo país. La revolu­ción tiene que ser inter­nacional. Y si no veamos la experiencia de la Revolución Rusa, una revolución extraordinaria, revolución que fue, tal vez, la revolución más profunda que se desarrolló en este siglo, y por abandonar los principios del internacionalismo, no tener un in­ternacionalismo consecuente, no logró prosperar. En este sen­tido, me parece que el mensaje del Che, y sobre todo la práctica del Che, es totalmente clara. Me animo a decir, sin lugar a exa­gerar nada, que Guevara debe haber sido el internacionalista más cabal que existió en la historia del movimiento socialista y revolucionario del mundo, porque luchó en distintos continen­tes, luchó en varios países, además de sostener esta teoría, lo sostuvo en la práctica, e incluso cayó luchando en Bolivia. O sea que para nada tenemos que ver la necesidad de las cons­trucciones dentro de las fronteras nacionales con la necesidad del internacionalismo revolucionario.

 

G. Daleo:
Yo a lo que dijo Daniel agregaría que me parece que no hay que confundir lo que es el concepto del internacionalismo en cuanto a la concepción de dos cosas. Uno, la necesidad de que las revoluciones en cada país también se sostienen, tienen po­sibilida­des de desarrollo y consolidación, en la medida que se vayan de­sarrollando procesos revolucionarios en otros países. Eso me pa­rece que es un elemento. Ahora, por otra parte, la práctica nos demuestra que en los países se desarrollan revolu­ciones socialis­tas, el Che participó de una revolución en un lu­gar y en un país concreto que es Cuba, digamos, creo que eso es una cuestión, el proceso revolucionario se lleva adelante, se de­sarrolla en un país concreto, por ejemplo Cuba. Que después ese país, ya constituido como país revolucionario, como socie­dad revolucionaria, aporte al desarrollo del proceso revolucio­nario en otros países con vistas a que, bueno, alguna vez no existan más las fronteras nacionales y todo eso, creo que es otra cosa. Pero me parece que necesaria­mente los procesos se desa­rrollan localmente en los lugares, y además concebidos, tam­bién, en la concepción de la solidaridad internacional, en la so­lidaridad con el resto de los países que lu­chan.

 

G. Cieza:
Bueno, acá ha venido una pregunta de último momento. Se dirige a De Santis y dice, y con esta sí terminamos: ¿Qué dife­rencias tiene usted con el PCR o con los partidos socialistas ya existentes que hacen que no los vea como una alternativa vá­lida?.

 

D. De Santis:
Bueno, en concreto con el PCR una diferencia histórica. No­sotros construimos un partido revolucionario, socialista, in­terna­cionalista, con la concepción que hemos estado explicando toda la noche. A esta concepción el PCR siempre se opuso. El PCR le­vantó la bandera de Guevara, la agitó como bandera, pero en la práctica calificó a los militantes que sosteníamos las concepciones de Guevara como aventureros, como pequeños-burgueses deses­perados, cómo era que decían, populismo ba­rrial del errepé. Bueno, ellos veían que la concepción revolu­cionaria, no la com­partían, no estaban de acuerdo con nosotros. Habría que ver si… Bueno, después, ahora me voy acordando, el PCR tiene una con­cepción nacionalista, ha sostenido la alianza con la burguesía, en concreto la alianza con López Rega. Nosotros hemos polemizado y tenemos serios enfrenta­mientos con el PCR cuando ellos apoya­ban a López Rega y nos criticaban a nosotros por estar en contra del gobierno popular. Ésta fue la concepción del PCR, y que si­gue siendo la concep­ción del PCR, oscilante. Hay algunos aspec­tos formales que no­sotros podemos compartir con el PCR, pero cuando las contra­dicciones de la lucha de clases se ponen al rojo vivo el PCR no ha sido consecuente con los planteos de lucha re­volucionaria. Para el materialismo histórico es muy importante tener la ex­periencia anterior para saber cómo vamos a caminar en el fu­turo. En este momento las contradicciones del capitalismo son muy fuertes, pero no se expresan a nivel político, por eso es muy difícil de precisar las líneas políticas de los partidos revo­lu­cionarios. Revisemos la historia y vamos a saber para dónde van a ir esos partidos. Y bueno, con los partidos, en general, de iz­quierda, que militan en el trotskismo, también han enfrentado toda esta concepción que hemos expresado nosotros esta noche. Ellos, yo ahí vi unos chicos que estaban vendiendo revistas con la foto del Che Guevara, pequeño-burgués desesperado, aven­turero, éste era el calificativo que tenían estas organizaciones de Gue­vara. Han descubierto a Guevara 30 años después de su muerte. ¿Saben cuándo descubren a Guevara estas organiza­ciones?. Cuando la misma clase dominante lo quiere canonizar a Guevara y hacerlo un ser inofensivo para el sistema capita­lista. En el mo­mento que Guevara estaba vivo, cuando estaba al frente de la lu­cha revolucionaria, le dieron la espalda, lo critica­ron y lo impug­naron con los peores calificativos. Entonces, yo creo que la expe­riencia histórica nos enseña de qué lado han es­tado los revolucio­narios. Yo creo que… Bueno, además hay partidos de izquierda que no salen de la táctica electoralista. Hemos dicho es bueno participar en elecciones, sirve, pero cuando la táctica electoral, la táctica de lucha revolucionaria se agota en el proceso electoral y en las huelgas económicas cree­mos que es limitada. También po­dríamos hablar extensamente de lo que es la política revoluciona­ria, de lo que es el tradeu­nionismo o el sindicalismo. En general, a los partidos trotskistas les cuesta mucho trabajo saltar de la lucha sindical a la lucha política revolucionaria, hay una concepción yo creo que absolu­tamente distinta de lo que es el marxismo revolu­cionario. Para decirlo una vez más, al marxismo-leninismo, al marxismo revo­lucionario en América Latina hay que verlo a tra­vés de la prác­tica, la acción y el pensamiento de Guevara. Ése en­tendemos nosotros es el verdadero marxismo-leninismo en Amé­rica La­tina. Ha habido otras concepciones que han tomado en forma dogmática al marxismo, que han repetido experiencias an­terio­res, que han estereotipado revoluciones que se han dado en otros países, en otro momento, pero no han sabido adaptarse al desarrollo de la lucha revolucionaria en los momentos que les tocó actuar.

 

Público:
Usted acabó de decir que a los partidos trotskistas les cuesta mucho pasar a la lucha revolucionaria. ¿Ésa es la diferencia que se suscita en los años 70 entre este tronco del Partido Revo­lucio­nario de los Trabajadores que se separa, del ERP por un lado y el Partido Socialista de los Trabajadores por el otro? ¿Es esa con­cepción?.

 

D. De Santis:
Ésa es una de las cosas, sí. Ahí, bueno, nosotros acá repar­ti­mos una parte de las resoluciones del IV Congreso, donde un poco se toca eso. Sí, sí, eso es uno de los elementos esenciales de la diferencia con Nahuel Moreno.

 

Público:
¿Pero eso no es… no hay una contradicción en lo que se es­tuvo hablando con respecto a la organización de un partido re­vo­lucionario, un partido obrero?. O sea, es como si yo notara en aquella época como una… o sea, hay dos cosas, yo creo que es como que no se debería haber dividido, porque está la concep­ción, pero evidentemente hay una franja muy revolucionaria como escapada un poco de la base, y por el otro lado como una política o un mensaje del partido revolucionario pero… está muy dividida la cosa. Me parece que hay una especie de con­tradic­ción…

 

D. De Santis:
No, no es una contradicción, son dos…

 

Público:
… o sea, la parte revolucionaria es como que se separara, pero por el otro lado se está exigiendo la organización del par­tido obrero.

 

D. De Santis:
Claro, yo creo que la pregunta es buena para plantear, jus­ta­mente, que no es una contradicción, son dos aspectos distin­tos. Una cuestión es la acción política y otra cosa es el trabajo de ma­sas. Confundir esto, esto es lo que confunden los trotskis­tas, con­funden la acción política con el trabajo de masas. El trabajo de masas puede ser social en los distintos aspectos, ba­rrial, fabril, es­tudiantil, pero también hay un trabajo de masas esencialmente político, y además hay un trabajo político de la organización, in­dependiente del trabajo social. Limitarse sola­mente al trabajo so­cial es no hacer política. Esto mismo Lenin lo dice, más o menos así, las masas, las masas, déjense de em­bromar con las masas, ya sabemos que tenemos que trabajar con las masas, y lo hemos he­cho y hemos trabajado con las ma­sas y hemos construido un par­tido dentro de la fábrica. Noso­tros hicimos una lista de las 300 fábricas más grandes de la Ar­gentina, de más de 500 obreros, y en muchas de esas fábricas el PRT constituyó las células y los comi­tés fabriles, pero esto es un aspecto de la construcción. Otra cues­tión es la acción polí­tica, la agitación, la propaganda, las acciones de, la participa­ción en las elecciones, un programa político, confe­rencias, pelí­culas, bueno, toda la acción política que es indepen­diente de la construcción social en un lugar determinado. Son dos aspectos distintos que tienen que complementarse, pero que si no está la acción política independiente esa acción social termina siendo capitalizada por los partidos de la burguesía.

 

G. Cieza:
Entonces damos cierre. El próximo sábado “El legado del Che en la actualidad”. Va a estar presente Hebe de Bonafini, represen­tantes del MLN Tupamaros, ya nos anunciaron va a es­tar el Ne­gro López Mercao, y compañeros del Movimiento Sin Tierra. Va a ser la última clase. Los esperamos, buenas tardes. 

Bibliografía
La influencia del Che en la Argentina

1- Gabriel Rot. “Masetti, el “Comandante Segundo”, y los oríge­nes perdidos de la guerrilla en la Ar­gentina”. En El Rodaballo. Revista de política y cul­tura. Año 3, Nº 6-7, otoño-invierno 1997. “La izquierda argentina: historiografía y política”. (pp. 39-46).
2- Texto completo del reportaje que la re­vista argentina Che le efectuara en La Ha­bana a John William Cooke en setiem­bre de 1961. “Hoy somos un apéndice del im­peria­lismo”. En periódico Madres de Plaza de Mayo. Octubre de 1990. (pp. 17-18). (También en: Ernesto Goldar. John William Cooke y el peronismo revo­lucionario. Cap. 3: “La Patria Grande”; “El peronismo y la re­vo­lución cubana -en Crisis Nº5, setiembre de 1973-”; pp. 106-115). CEAL, Buenos Ai­res, 1985). Ver Módulo II.
3- John William Cooke. “La desapari­ción del Che Guevara”. (1965). En Re­vista Crisis, Nº 9. Bs. As., enero de 1974. (pp. 11-12).
4- Martín Caparrós – Eduardo Anguita. La voluntad. Una historia de la militancia revolu­cionaria en la Argen­tina. Tomo I: 1966-1973. Grupo Editorial Norma, Buenos Aires, 1997. – Cap. 8, “Muerte de John William Cooke” (pp. 220-222; in­cluye “Testamento” -21/08/1968- publicado en Crisis Nº 9, Bs. As., enero de 1974, pág. 9).
5- Juan Domingo Perón. “Carta del general Perón al movimiento peronista sobre la muerte del comandante Er­nesto Che Guevara”. Madrid, 24 de oc­tubre de 1967.
6- Carlos Eichelbaum. “Peronismo re­volu­cionario. “El Che era uno de los nues­tros””. En Política, cultura y socie­dad en los 70. Año 1, Nº 7, septiembre de 1997. “El guevarismo en la Argentina”. (pp. 16-22).
7- Eduardo Gurrucharri. “Gustavo Rearte. El peronismo y la Revolución Cubana en los años de fuego”. En Re­truco. Año 7, Nº 25, noviembre-diciembre 1995 (pp. 14-15).
8- Gustavo Rearte. “Violencia y tarea prin­cipal”. Octubre de 1970. En: Roberto Bas­chetti (compilador). Documentos (1970-1973). De la guerrilla pernista al gobierno po­pular. (pp. 93-95). Editorial De La Cam­pana. La Plata.
9- “Polémica: peronismo revolucionario vs. izquierda revolucionaria”: “Reportaje a las Fuerzas Armadas Revo­lucio­narias”. Diciem­bre, 1970. “Responde el Ejército Revo­lucionario del Pueblo”. Abril-mayo, 1971. “Una res­puesta al docu­mento del ERP”. Carlos Olmedo. 1971. En: Roberto Baschetti (compilador). Documentos (1970-1973). De la guerri­lla pernista al gobierno popular. (pp. 145-214). Editorial De La Campana. La Plata.
10- Luis Mattini. Hombres y mujeres del PRT-ERP. De Tucumán a La Ta­blada. Editorial De La Campana. La Plata. – Cap. 1: “El FRIP-Palabra Obrera”; “La democracia revolu­cionaria”, “Mario Roberto Santu­cho” (pp. 26-29). – Cap. 8: “La fuga del pe­nal de Raw­son”; “Santucho en Cuba” (pp. 158-160). – Cap. 16: “La idea del doble po­der”; “Premonitoria carta de Miguel Enrí­quez”, “El concepto del doble po­der” (pp. 300-313). – Cap. 20: “La soli­daridad y coordi­nación internacional” (pp. 368-382).
11- Daniel De Santis. “Influencia del Che en la Argentina”. Apuntes para la in­tervención en la Cátedra Che Guevara de la Universidad de La Plata. 8 de no­viembre de 1997.
12- Resoluciones del IV Congreso del PRT. “El único camino hacia el poder obrero y el socialismo”. Capítulo 1: “El marxismo y la cuestión del poder”. Par­tido Revolucionario de los Trabajado­res, enero de 1968.
13- Claudia Korol. “El Che y los ar­genti­nos”. 1997.
14- Palabras de Hebe de Bonafini. “Homenaje al Che”. 8 de octubre de 1988.
15- Entrevista a Manuel Gaggero. “Estábamos dispuestos a dar la vida”. En Revista La Maga, mayo de 1997.
16- Miguel Bonasso. “Revolución y contra­rrevolución”. En La interminable conquista 1492-1992. Ediciones Ayllu, 1992.
17- Roberto Argelio Frías Jiménez. “El pro­yecto social cubano. Fortalezas y debili­dades, oportunidades y amena­zas”. En Revista Crítica de nuestro tiempo, Nº 11, septiembre de 1995.
18- Gabriel Fernández. “Una expe­riencia organizativa de los trabajado­res”. En pe­riódico Madres de Plaza de Mayo.
19- Graciela Daleo – Miguel Mazzeo. “Prólogo de dos generacio­nes”. En: Gui­llermo Cieza. Destiempo. Una historia de los 70. (pp. 9-15). Edi­ciones de Retruco, Gon­net-La Plata, 1997.
* La Cátedra recomienda la lectura de:
– Volumen colectivo. Che, el argentino. Edi­ciones De mano en mano, Buenos Aires, 1997.
– Norberto Galasso. Cooke: de Perón al Che. Una biografía política. Homo Sa­piens Ediciones, Rosario, 1997.

Los cuadernillos de las desgrabaciones y de los textos que se indican en la bibliografía están disponibles para consulta en la Biblioteca Popular Héctor Germán Oesterheld.

Anexo


¿QUÉ DECIMOS?

Pensada como una de las formas de gene­rar un inter­cambio de opinio­nes en­tre quienes participamos de la Cá­te­dra, el 27/9 y el sábado pasado circuló una encuesta, de la que pode­mos extraer al­gunas conclusiones. A partir de una se­rie de preguntas abiertas, encontramos en las respuestas cuáles son algunos de los as­pectos que interesan o que requie­ren modifi­carse. Así, canalizando esas in­quie­tudes, en la medida en que sea po­sible hacerlo, podre­mos desarrollar y mejorar este espacio.
Opiniones y sugerencias
Algunos de los comenta­rios sobre la Cáte­dra indican la importancia de que sea un ám­bito abierto, así como re­saltan la amplitud, di­versidad, heterogeneidad política de los exposi­tores; también la tole­rancia y el óptimo nivel de los do­cen­tes. Se señala como positivo la con­tex­tualización de la figura de Gue­vara, su desmitificación, la humaniza­ción del Che.
La mayoría de las críticas y las cues­tiones a mejorar se refieren a los deba­tes. En mu­chos casos se opina que en el momento de las pre­guntas no hay parti­cipación y no ha habido debates pro­fun­dos (se contesta, pero no se dis­cuten ideas). Para darle más dina­mismo y ge­nerar modos de participación más di­recta se propone trabajar en grupos más reducidos, en comisio­nes, donde se puede debatir de igual a igual. Este es uno de los aspectos más preo­cu­pantes, ¿qué pasa cuando hay que hacer pre­gun­tas u opinar?
Otros declaran que hubo disparidad entre las clases, que no fueron parejas en cuanto al contenido; y repa­ran en la poca unidad teó­rico-temática de los ex­posito­res, es decir, la fragmentación que se observa entre temas, cuando son tra­ta­dos por dis­tintos do­centes. Una de las críticas es sobre “los pocos marxis­tas que hablaron sobre el Che”.
Entre algunas de las suge­rencias se indica la posibili­dad de agregar material au­diovi­sual; lec­tura y comenta­rio de citas de los textos por los pro­fesores; y promover al­guna otra activi­dad para no perder este espacio.
Otros temas
Respecto a los temas que podrían agregarse se sugiere: * La relación teoría-práctica lle­vada adelante por Cuba. * La situación actual y pers­pec­tivas de Cuba. * Profundi­zar sobre la Revolución Cu­bana. * El sandinismo y su re­la­ción con Cuba. * Visión de Fidel por el Che. * Similitudes ideo­lógicas entre el Che y Gramsci. * El Che en África. * El Che en Bolivia, sus últi­mos pasos. * Estudio sobre los res­tos del Che. * Inciden­cia del Che en el arte. * Bases filosó­fi­cas y culturales del pensa­miento del Che. * Teo­logía de la libera­ción. * Edu­cación para la liber­tad. * Im­posición del modelo econó­mico y con­trol social. * Lu­chas estudianti­les nacionales e in­ternacionales. * Estudio de otras revolucio­nes latino­ame­ri­canas contem­porá­neas; Chia­pas. * La cues­tión na­cio­nal. * Enfoques de los par­ti­dos de izquierda sobre el tema. * Qué se puede hacer hoy para con­tinuar el men­saje del Che; etc.
Nuestro espacio
La encuesta refleja uno de los aspectos ori­ginales de la Cátedra, que es la creación de un espacio que comparten es­tudiantes de las más diver­sas carreras, junto a quienes no tienen relación con la vida es­tudiantil o con la univer­si­dad. Entre los que contesta­ron la encuesta encontramos estu­diantes secundarios, de Pe­riodismo, Historia, Trabajo Social, Medicina, Sociología, Educación Física, Económi­cas, Fi­losofía, Veterinarias, Arqui­tectura, Informática, De­recho, Geofísica, Psicología, Ingenie­ría eléc­trica, Letras y Plástica. En total respondie­ron 64 per­sonas, y el prome­dio de edad es de 24 años.
Hubo comentarios positi­vos sobre la biblio­grafía, al­gu­nos respecto a la inclusión de do­cumentos directos y no de interpretaciones de otros auto­res. Dada la cantidad de tex­tos, se plantea la posibili­dad de que sean más eco­nómicos. Analizaremos cómo podemos hacer para que los módulos puedan circular de ma­nera que todos puedan te­ner ac­ceso a los mis­mos.
La mayoría de los que res­pondieron califi­can a la Cáte­dra como buena y muy buena. También muchos se mostraron dispuestos a cola­borar de al­guna manera para que este ámbito de reflexión y de dis­cusiones pueda crecer.
Esta es una síntesis de lo expresado a través de la en­cuesta. Pero la posibilidad de opinar y de generar aportes es permanente. Ya se acerca el final de este cuatrimestre, y para con­tinuar el año que viene se hace necesario un balance sobre esta experien­cia. Es por eso que cualquier suge­rencia y colaboraciones van a ser bienvenidas. Que este lu­gar sea más parti­cipa­tivo de­pende de cada uno de noso­tros. La pregunta ahora sería ¿qué hacemos?.

En: Boletín “Cátedra Che”, Nro. 7 – 8/11/97

Lecturas / CHE, EL ARGENTINO

Los trabajos presentados en este libro poseen una parti­cularidad: el lector encontrará algunos aspectos de las múl­tiples y desconocidas relacio­nes que el Che nunca dejó de mantener -de fomentar- con la Argentina, con los argentinos y con lo argentino.
Es este un aspecto poco abarcado por las biografías y los comentarios más acaba­dos. El Che nunca dejó de te­ner expectativas sobre la revo­lución en este país, y jamás dejó de alimentar oportuni­dades. Quizás sea su relación con Jorge Massetti la más pa­radigmática en este sentido. Tal vez, el diálogo entre el Che y Cooke sea uno de los diálo­gos políticos más significativos de la revolución frustrada en nuestra patria y paradójica­mente, menos estudiados, in­cluso por la militancia popu­lar.
Quienes fueron convoca­dos por el colectivo de trabajo de El Mate para participar de este proyecto reúnen -entre otras condiciones- las de ser docentes de la Cátedra Libre Ernesto Che Guevara de la Universidad de Buenos Aires y además, la de ser destaca­dos militantes del movimiento popular argentino. Los auto­res son: Manuel Gaggero, Os­valdo Bayer, Eduardo Gurru­charri, Miguel Bonasso, Ho­racio González, Luis Mattini, Rubén Dri, Alberto Plá, Néstor Kohan, Roberto Baschetti, Diego Sztulwark y Gabriel Fernández.
Este libro es también una excusa para volcar ricas re­flexiones teóricas, ya sea como balance aún no aca­bado de las experiencias de lucha que se han desarrollado durante las décadas pasadas en el país, o bien como apor­tes generales a la reconstitu­ción de una tan necesaria te­oría revolucionaria apta para afrontar los desafíos actuales.
¿Qué proyección ofrece a los jóvenes argentinos la evo­cación de Ernesto Che Gue­vara? ¿Cuál es el sentido, hoy y aquí, del estudio de luchas y pensamientos generados en otras circunstancias? En este libro se recorren diferentes as­pectos de la historia de un re­volucionario singular, cuyas enseñanzas prácticas cobran cuerpo en el marco presente. El Che, hombre de su tiempo, trasciende los 60 y ofrece una variedad de desafíos que se instalan vigorosamente en esta nueva era de gestación. La agudización del pensa­miento crítico es el camino es­cogido por los autores para analizar un emblema que, por eso, revive más cercano y tiende su mano a través del tiempo para impulsar trans­formaciones destinadas a construir otro futuro.

Ediciones De mano en mano
En: Boletín “Cátedra Che”, Nro. 12 – 9/5/98

LA MISMA GENERACIÓN

Desde ya, Tosco, que como no soy precisa­mente lo que se llama un experto en panegíri­cos, para poner la cosa a foco prefiero pensar en la serie. En la serie en la que usted se inscribe. Para eludir así lo personalista y pasar a una dimensión social.
–¿Quiere decir: para ubi­carlo a Tosco en lo que podría llamarse “producción social de líde­res”?
De manera tal de ir coinci­diendo con lo que Tosco insi­nuaba cada vez que le habla­ban de las carencias argentinas o de las depresiones históri­cas en las que solían incurrir hasta sus amigos más próximos:
–Mire, Viñas, si en este país nació el Che, quiere decir que por debajo de ese emergente tienen que existir, por lo menos, otros cinco mil Che…
–Como con Fangio: ¿por debajo de ese “superhéroe” del automovilismo argentino, dos­cientos o trescientos corredores de primera línea?
–Ahá; producción social, Viñas.
–¿Como con Roberto Arlt y la novelística de los años 20?
–Ahá.
Y Tosco no decía eso –va de suyo– por un optimismo faci­longo o para darse manija con lo que tuviera más a mano. “Un optimismo trágico tenía Tosco, Viñas. Entérese”. In­cluso, mirando su ubicación en el proceso obrero argentino de los años 60 y 70, bien puede decirse que si Tosco es a la franja proletaria lo que Ernesto Guevara re­presentó para el ni­vel latinoamericano, Rodolfo Walsh se convierte en el em­blema correspon­diente al campo específicamente intelec­tual.
–¿Tosco, Walsh y el Che?
–Si digo otra vez “ahá” van a creer que le es­toy tomando el pelo…
–Yo hablaría, además, de Eva.
–¿Duarte?
–Sí: emergente respecto de las mujeres su­mergidas… Y aquí estamos en la comunión de los santos.
Lo que no quiere decir que las “especificidades” de uno y de otro andarivel se agotarán en lo específico. “Una densidad que va más allá: de eso se trata”. Dado que si algo definía a Tosco (y a Walsh y al Che) es que denunciaban, de hecho, todo intento de compartimenti­zación fragmentadora de la realidad global.
–No a la esquizofrenia, ve­nían a decirnos.
–No a la esquizofrenia que produce un trabajo alienado. Eso venían a decirnos.
–Se está poniendo enfático, Viñas.
La prueba, si cabe, es que esa fragmentación se parece al estilo “departamentalizado” de las universidades norteamerica­nas. Símbolo de una cultura a la que sólo le interesan los es­pecialistas…
–Y no las personas, Viñas.
Y si eso lo dijo alguna vez el Che, harto del imperialismo y tratando de no perder el tino frente a una “cultura del plás­tico”, yo me permito creer que pensaba, al mismo tiempo, en personas como Rodolfo o como Agustín.
–Al fin de cuenta, Viñas, to­dos eran de eso que suele lla­marse “la misma generación”.
–¿Qué me quiere decir con eso: que habían nacido los tres alrededor de 1930?
–No, no. Yo no hablo de nacimientos. Hablo de muertes sobre un mismo trazo.

David Viñas
En: La Maga. 3/6/98. (fragmentos).
En: Boletín “Cátedra Che”, Nro. 16 – 6/6/98

John William Cooke / POLÍTICA DE PRINCIPIOS

* En la pared del despacho hay un cartel que dice Bienve­nidos a Cuba. Territorio Libre de América. El Movimiento 26 de Julio lo invita al Congreso Latinoamericano de Solidaridad con la Revolución, pero a poco de llegar lo detienen. Un diplo­mático extranjero lo acusa de terrorista. Siempre escribe en lugares in­sólitos, así que pide una má­quina. Se la facilitan. Eso lo tranquiliza. Se concentra y em­pieza a teclear. De pronto siente que alguien a sus espal­das le toca el hombro y pre­gunta con acento argentino: ¿Qué tal Cooke? ¿Está en cana? El bromista es el Che. La Ha­bana, abril de 1960.
* El 25 de mayo de 1962, la colonia argentina en Cuba organiza un asado conmemora­tivo… La Revolución Cubana es un factor de acercamiento entre sectores peronistas y de la iz­quierda y el Bebe habla por los compatriotas: Cuando los pue­blos pugnan por liberarse, ahondan en el escrutinio de su pasado… En el pasado busca­mos afirmación, antecedentes, claves. Pero sabiendo que los desafíos históricos son constan­tes y renovados, y que cada generación debe responder a los suyos. La historia no está escrita por anticipado y el mundo se nos ofrece como inacabado para que lo construya­mos en medio de la contingen­cia y el riesgo: está en nosotros que deje de ser un mundo de ignominia… Cooke acaba de reafirmar un rasgo central de su pensamiento: no es determi­nista.
En setiembre de 1960, un año y medio antes de aquel asado histórico, el Bebe escribe a Perón para informarle que: los malentendidos con respecto al peronismo se han ido disi­pando, y cada día progresamos más en ese sentido…
Aquí, con una gran sinceri­dad, han explicado el pro­blema. El propio Presidente de la República, doctor Dorticós, explicó en una conferencia por radio y televisión que cuando Fidel Castro fue a la Argentina el año pasado, fue recibido con total indiferencia en las barria­das humildes. Eso se debía, explicó, a que allí quisieron equiparar nuestra Revolu­ción con el golpe que de­rrocó al General Perón, y por eso los humildes nos hicieron el vacío y los oli­garcas nos aplaudieron.
No es poco, en verdad, lo que ha logrado Cooke. Tal vez porque los cubanos se fijan no sólo en lo que dice, sino en lo que hace. Y una de las cosas que hace el Bebe es organizar el entrenamiento militar de jó­venes peronistas y de otras pro­cedencias, los primeros grupos de militantes argentinos que viajan a Cuba a prepararse para la guerra de guerrillas…
* En abril de 1961 fracasa en Playa Girón la invasión te­ledirigida por la CIA y el go­bierno de Kennedy. Fidel Cas­tro aprieta el acelerador y pro­clama su adhesión al marxismo-leninismo. Cooke defiende la decisión en su correspondencia con Perón y en octubre de 1962 viaja a Europa para transmitirle la invitación del Primer Ministro cubano para visitar o directamente instalarse en la isla. Le escribe desde Pa­rís, porque el General ha de­bido argüir una excusa del tipo estoy cercado para evitar reci­birlo. El Bebe le toma la palabra y le endilga: El prisionero de la Puerta de Hierro. Esa es la ma­nera que se me ocurre para de­finir su situación actual.
* Sin la menor vacilación le decimos que tanto nosotros como la masa peronista consi­deramos que su lugar de resi­dencia debe ser Cuba.
Parte sustancial de una carta dirigida a Perón que Amado Olmos presenta a votación de un plenario de las 62 Orga­niza­ciones en enero de 1965, acla­rando que la idea ha sur­gido de una conversación con su amigo Cooke, redactor ma­terial del texto.
Durante el plenario, el de­bate de la propuesta se va dilu­yendo: La residencia de Perón en España es la tumba de la re­volución nacional, dice Olmos cuando advierte que su pro­puesta no será votada. Después la divulga.
Hay dirigentes obreros de los que me cuentan cosas de espanto. Son los mismos que actuaron en la huelga de 1959… Eran excelentes mucha­chos que con una línea partida­ria correcta no hubiesen su­cumbido a las tentaciones, ha reprochado Cooke a Perón. Pa­rece una letra de tango y aclara: ¿Por qué hay dirigentes sindica­les que negocian con los go­biernos para no perder el sindi­cato? Porque no hay una línea partidaria y órganos con autori­dad moral, entonces, hay que mantener el sindicato porque nadie nos tendrá en cuenta el gesto y, más bien, nos elimina­rán de cualquier posición polí­tica. Principio de validez per­manente que rebate a quienes declaran la pretensión de cam­biar la sociedad y dejan primar en la fuerza que construyen, los valores que dicen querer modi­ficar.
Aquí hay dos concepciones enfrentadas. Una es fruto de cierto pesimismo filosófico acerca del hombre, y en ella la ética de la política reside en sus fines y nunca en sus medios: La única verdad es la realidad, dirá Perón en la más estricta tradi­ción del Príncipe florentino.
Cooke le ofrece un ejemplo práctico donde la ética de los medios se corresponde con los fines para buscar un objetivo. Es una de las claves del pen­samiento del Che: Política de principios, la mejor política. Acertando o incluso equivocán­dose, va a revolucionar la con­cepción tradicional.
* Hay quienes lo ven al margen del peronismo. Es cierto que se sitúa casi por fuera de sus estructuras, evita involu­crarse en las disputas entre diri­gentes y se dedica más bien a una tarea formativa y de difu­sión. Piensa que esos dirigentes operan con los mismos valores del enemigo y son incapaces de conducir a las bases a la toma del poder, sin lo cual no hay sa­lida para las clases trabajadoras ni para el país. Postula otro camino, ir por otro lado para romper el equilibrio: el pero­nismo revolucionario es una vanguardia que busca reconci­liar la política del Movimiento con el verdadero papel que éste tiene en el enfrentamiento de las fuerzas sociales. Espera que Perón comprenda que el nacio­nalismo burgués está agotado; ahora revolución social y libe­ración nacional son dos aspec­tos de un mismo proceso indi­visible.
* Ya muchos saben que el Che está en Bolivia, pero pocos que afrontan dificultades, cuando en agosto de 1967, Cooke preside la delegación ar­gentina a la Confederación de la Organización Latinoameri­cana de Solidaridad en La Ha­bana… El Bebe tiene refuerzos: los cristianos revolucionarios representados por Juan García Elorrio y la Juventud Revolu­cionaria Peronista cuyo jefe es Gustavo Rearte. Él, Cooke y otros compatriotas vienen a es­tablecer un compromiso. Si el Che y sus fuerzas se encontra­ran en situación de traspasar la frontera boliviana hacia el sur, las organizaciones del Pero­nismo Revolucionario les darán su apoyo. Mientras tanto, la táctica de los grupos argentinos es cuestión de los grupos ar­gentinos…
A los revolucionarios no les debe turbar la presencia del Che Guevara, que encarna la conciencia moral de los hom­bres de América, y enfrenta consigo misma cada uno de no­sotros… América está dema­siado llena de varones pruden­tes, administradores prolijos del buen sentido y la verdad revo­lucionaria por igual… Y que están tan muertos como las ideas que exponen con la segu­ridad de los que jamás ven nada, repercute Cooke en su discurso a la Conferencia.
* Le detectan un cáncer de pulmón. Deja establecida la do­nación de sus órganos y pro­híbe como materialista conse­cuente todo intento de cere­monia religiosa. Muere el 19 de septiembre de 1968, el mismo día en que un contingente gue­rrillero de las Fuerzas Armadas Peronistas es sorprendido por la represión cuando se entrenaba en Taco Ralo, Tucumán. Buena parte de los militantes iniciales de las FAP han mantenido una estrecha relación con Cooke.

Eduardo Gurrucharri
En: Volumen colectivo. Che, el argentino. “Un viejo adversario” (fragmentos).
En: Boletín “Cátedra Che”, Nro. 19 – 27/6/98

 

 

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