Biblioteca Oesterheld / Nro. 25

05/09/2003 en 12:48 | Publicado en 07) Boletín barrial | Deja un comentario


BIBLIOTECA OESTERHELD
Boletín informativo Nro. 25 – Septiembre del 2003

saltos
DE PIEDRA EN PIEDRA

Allá vamos. ¿Viste esa sensación que te agarra cuando te está por tocar el turno? La espera, la vista en lo que hace el otro, la confianza en que también podemos, el corazón que va más fuerte. Ahora te toca a vos. Y te das cuenta de que no estás solo, los demás te alientan, estamos todos juntos, por eso vinimos hasta acá.

Perdimos mil veces la piedrita. Se nos cayó por ahí, o la tiramos demasiado fuerte. Hasta que alguna vez la embocamos. Pisamos raya, perdimos el equilibrio, volvimos a empezar.
A veces hay que dar algún saltito, nos enseñaron. Y, aunque fuimos despacio, vimos que nunca el camino es en línea recta. Siempre das vueltas, te mareás, te perdés, parece que no avanzás, creés que ya viste ese paisaje.
Nunca es lo mismo. Aunque volvamos a las mismas páginas, las mismas frases. Nuestra cabeza ya está haciendo otro recorrido, se va abriendo. Descartamos algunos papeles, vamos al encuentro de otros, olvidados, y hasta nos da por escribir a nosotros, una historia propia.
Si no nos gusta, dejemos ahí las rayas que hicimos, hagamos otra cosa o busquemos otro terreno. Pero decidimos empezar a jugar y estamos en el dos. ¿Y ahora?

dos años

SUEÑOS PARA DESPERTARSE
Aquellas ideas, esta realidad

Hace un poco más de cuatro años llegábamos al barrio. Después de reconstruir la casa empezamos a juntar libros para concretar nuestro primer proyecto. Vimos que había solidaridad y que, a pesar de que el clima parecía contrario, podían generarse trabajos colectivamente. Nos organizamos, como lo hicieron una cantidad de grupos en otros lugares.

La biblioteca pudo abrir sus puertas hace dos años. Con un montón de dificultades, que todavía no podemos superar. Nos gustaría que esté abierta todos los días, que haya nuevos materiales, que tengamos un lugar más cómodo y ordenado…
Sin embargo, algunos pasos fuimos dando en esto de difundir textos y promover la lectura. Vecinos, estudiantes, alumnos de la escuela nocturna y gente de los grupos que se reúnen en el Galpón se acercan regularmente. Y desde hace poco volvimos a retomar la idea de abrir una nueva biblioteca en el Galpón de Romero (520 y 166), donde los pibes ya empezaron a hacerse socios.
Gente que sigue donando libros, mensajes alentadores a través del correo electrónico, la buena respuesta que tuvo el concurso de cuentos y la edición de “Dar la palabra”, estudiantes que nos dan una mano (como un grupo de comunicación que ha salido por el barrio para que podamos mejorar nuestros lazos), son algunas señales del interés que despierta este proyecto.
En este breve balance, agradecemos a todos los que vienen colaborando, seguiremos teniendo en cuenta las propuestas que han quedado en el camino y redoblamos esfuerzos para encarar lo que viene.

NÚMEROS
Año a año

Cantidad de libros

Septiembre 2001: 1400
Septiembre 2002: 3170
Septiembre 2003: 4232
Lectores
Septiembre 2002: 167
Septiembre 2003: 246
Préstamos
Septiembre 2002: 454
Septiembre 2003: 878

SOBRE GUSTOS
Libros de mano en mano

1.El Eternauta, Héctor Germán Oesterheld

2.El amor, las mujeres y la vida, Mario Benedetti
3.Los 101 dálmatas
4.Contrapoder. Una introducción, Situaciones
5.Los arroyos cuando bajan, Raúl Zibechi
6.Obra completa – Ensayo, Ernesto Sabato
7.La mirada horizontal, Raúl Zibechi
8.Rugrats-Aventuras en pañales. Los Invasores del Espacio, Sarah Albee
9.La política está en otra parte, Hernán López Echagüe
10.Historia del origen de los partidos políticos en Argentina, Leonardo Paso
11.Operación masacre, Rodolfo Walsh
12.Cuentacosas 3-Matemática
13.El oeste
14.Blancanieves
15.Desenterrando poemas, Roque Dalton
16.El decamerón, Bocaccio
17.El Capital, Karl Marx
18.Rugrats-Aventuras en pañales. Trastos y más trastos, Molly Wigand
19.El medio pelo en la sociedad argentina, Arturo Jauretche
20.19 y 20. Apuntes para un nuevo protagonismo social, Situaciones

recienvenido
En busca de lo social

La nación en el umbral. Cuaderno Nro. 3 de La Grieta, Julio 2003

“La respuesta a la pregunta por la nación no debería rastrearse al interior del Estado, sino más allá del Estado nacional”, señala La Grieta y remarca que “la cuestión nacional se invoca para desarrollar la cuestión social”.
“Alas azules”, “La nación subterránea”, “La nación es un libro que convoca”, “Cuadernos nacionales”, “Postales”, “La nación como una inquisición”, “La nación como insistencia”, “La nación como arrecife”, y “¡O descifras mi secreto o te devoro!”, son los títulos de los ensayos desde los cuales “vamos a lo nacional en busca de lo social, no de un Estado. En busca de legados, historias perimidas, literaturas proscriptas, héroes marginales”. Una herencia de la que “queremos hacernos cargo”.

Breves. En esta edición publicamos uno de los cuentos que participaron del concurso organizado por la Biblioteca / Saludamos la inauguración de la Biblioteca Popular Julio Cholo Escobar, en Lanús / Repudiamos el incendio de la biblioteca La Estrategia del Caracol, del barrio Altos de San Lorenzo / El próximo 16 recordamos los 27 años de la Noche de los Lápices, participando en la movilización que organizan los secundarios.

lecturas

Mario Viejo

Abruptamente se quebró la tarde. Mario Viejo escuchó ruidos lejanos. Apoyó la pala en el sauce y miró con orgullo, desde el fondo de la quinta, la casita blanqueada con cal, la puerta de madera reparada, luciendo como nueva, la vereda de ladrillos y el cantero repleto de malvones rojos. Caía el sol, se sentó sobre un tronco y con un palito pretendía quitar la tierra de sus uñas. Los ruidos se aproximaban. Agachó la cabeza, cerró los ojos, aspiró profundo el olor de la tierra húmeda y los ruidos extraños se le vinieron encima. No alcanzó a levantar la vista, todo fue muy rápido. Mientras se lo llevaban, por la fuerza, solo atinó a decir: “No me pisen los tomates”.
Desde la celda, todos los días y a la misma hora, escuchaba pasos; un murmullo creciente transformándose en palabras extrañas, un par de golpes en la puerta de hierro y el guiso pasando por una hendija, en un plato de lata. Mario aturdido se sentía viejo y solo.
Aquella tarde infeliz no le dejó espacio en el rostro, para más arrugas. Todo era gris. Gris ceniza la celda, la cara, el pelo, la ropa… aún así, sus ojos oscuros brillaban con intensidad.
El presente es gris, sin embargo Mario Viejo está dispuesto a vivir. Arrolla el colchón y se echa a andar por espacio minúsculo. Camina hacia la derecha tres pasos, gira, camina dos, gira, nuevamente tres. Luego hacia la izquierda, tres, dos, tres y completa otra vuelta.
Cada tanto, en lo alto de la pared mas húmeda, el ventiluz golpea entre los barrotes. Mario sonríe y murmura: “Aire, aire fresco”. Sin parar su caminata entorna los ojos, mira permanentemente el contorno de la mancha dibujada en la pared; juega con cientos de líneas en movimiento, las impulsa con fuerza hacia el centro, atraviesan la húmeda pared, dejando a su paso un orificio pequeño, como la cabeza de un alfiler.
De pronto se encuentra pisando el campo que lo vio crecer, con el olor de la alfalfa impregnado en la ropa, las vacas lecheras mugiendo al atardecer y el horizonte amplio, tan amplio como el de su niñez.
De tanto marchar entre recuerdos, de apretar el tiempo libre contra el pecho, rejuveneció. Estaba más ágil, el cuero estirado y tenía otro color en la cara. Los guardias observaron la mejoría y transmitieron la preocupación.
Por orden de la superioridad le prohibieron caminar en la celda. Mario esperaba la noche, silenciosamente arrollaba el colchón y entraba a su mundo caminando, siempre caminando.
Una noche los guardias se acercaron sigilosamente y lo sorprendieron vagando entre las cuatro paredes. Informaron la desobediencia del reo a las autoridades correspondientes, éstas consideraron necesario aplicarle un castigo ejemplar. A partir de entonces a Mario Viejo le ataron los pies, pero él reaccionó rápidamente. Comenzó a ejercitarse: sentado sobre el colchón jugaba con las líneas de la pared, cerraba los ojos y sin moverse le ordenaba a sus músculos iniciar la marcha.
Adelante va Falucho, mueve la cola, se detiene, olfatea, sigue un rastro y Mario al perro. Se internan en el monte bajo y espinoso. De pronto escuchan un leve gemido. Se acercan a un pozo poco profundo, en su interior encuentran a un cimarrón herido, sin fuerzas para pararse.
Diariamente le acercan agua y un poco de comida. Al sexto día llegan al pozo y lo encuentran vacío. Con mucha cautela Mario comienza a retroceder. Falucho, frente a la superioridad del contrincante, permanece tieso, no se mueve, no ladra; sólo ve al cimarrón amenazante con los pelos del lomo erizados y los colmillos afuera. El cimarrón comienza a caminar a su alrededor, gruñe con ferocidad dispuesto a atacar, pero repentinamente se detiene; por unos instantes clava su mirada en los ojos negros de Mario, pega media vuelta y se interna en el monte.
–Estamos a mano –susurra Mario.
Volvió a su cuerpo cansado, le dolían las piernas de tanto andar. La guardia comenzó la ronda, recorriendo de a dos, los largos pasillos. Al llegar a la celda 26 se detuvieron. A través de la hendija se filtraba el olor del monte. Atemorizados abrieron la puerta de hierro. Un sudor frío les bañó la cara, incrédulos observaron a Mario con sus pies atados y un puñado de abrojos en el cabello gris, restos de tierra y espinas en el piso de cemento y unas huellas difusas en la pared. El terror se apoderó de ellos, sólo atinaron a cerrar la puerta asegurando la tranca externa con doble candado.
La superioridad ordenó un castigo mayor. Tendría que permanecer atado a la cama. Pero el viejo obstinado pretendía vivir. Horizontal, sujetas las manos, sujetos los pies, se concentraba en las sombras de la pared y ensayaba nuevos recorridos.
Con mucho esfuerzo, Mario libre se despega, siente que flota, lentamente se aleja del cuerpo una y otra vez, como si fuera brisa, como si fuera viento. Mario ríe feliz.
Y así, libre fue al encuentro de sus veinte años, cuando viajó a Río Negro a levantar la cosecha de manzanas; cuando viajó más al sur para conocer el mar y las ballenas llegando a la costa en primavera; cuando se descubrió junto a aquella mujer morena, bella, despierta, india atenta al sufrimiento de su gente, al grito de la tierra y al llamado del amor.
Mientras tanto llegó la requisa, hubo muchos gritos y palos contra los barrotes y las puertas. Al entrar a la celda 26 hallaron diminutos restos de arena, algas, sal y una prenda de mujer.
A partir de entonces apostaron dos guardias a los pies del colchón para controlar sueño y vigilia, pero Mario Viejo se había marchado silenciosamente, flotando como el aire fresco. Regresó a su casita blanqueada con cal y rodeada de malvones.
En la celda 26 los guardianes están obligados a permanecer de pie, esperando el regreso del viejo. Una vez al día, el guiso pasa por la hendija, en dos platos de lata.

Patricia Irene Chabat

para no perderse

Publicaciones

* El otro país. Revista de la Universidad Trashumante. Nro. 16 – Julio 2003

Proyectos: Arte trashumante, Formación de educación popular, Centro de formación de maestros campesinos, Coordinadora de Organizaciones Populares Autónomas (COPA), Comunicación / 1er. Seminario de Formación / Crónicas de Taller en Santa Fe / De Carambas, recórcholis y cáspitas / La represión a las organizaciones populares en el nuevo escenario político / Brukman, día de tejedoras / Zona literaria / Oír la noche. Correo: trashuma@yahoo.com.ar

* El acorazado de bolsillo. Nro. 4

¿Por qué el espacio under? / Poesía, tango, folclore / Poesía visual / Bio: Olga Orozco / El Eternauta. Correo: acorazadodebolsillo@yahoo.com.ar

* El Diagnóstico – Nro. 21 – Agosto 2003

Notas: Hábito alimentario e información / Producción pública de medicamentos ¿un triunfo de las multinacionales? / Cooperativa de Salud Medrano / La situación socio sanitaria en Irak / No al ALCA / La bronquiolitis no da tregua / La InterHospitalaria (CICOP) / El sistema de salud en estado de shock / Salud en el MTD Almirante Brown

BIBLIOTECA OESTERHELD
Boletín informativo Nro. 25 – Septiembre del 2003
Editado por la Biblioteca Popular Héctor Germán Oesterheld
Correo electrónico: bibliotecaoesterheld@hotmail.com

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